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Los recuerdos de las idas y venidas de Abdalá Bucaram

I
17 jun 2017 / 21:52 H.

Félix Salvatierra lo tiene contabilizado todo en las cuatro cuadras que vigila como guardia municipal: una cancha de volley, dos de indor, dos de básquet, una concha acústica y gimnasio al aire libre. Si fuese 1987, Félix no podría estar parado a mitad del parque lineal de la 29 y Oriente de Guayaquil. Volver a ese año, es regresar al inicio de los continuos retornos de un expresidente que en 2017 retorna por cuarta vez. El ciclo de autoexilios podría llegar a su fin.

La dirección de este lugar fue popular hace 30 años. La descripción de entonces no correspondía a un parque sino a canchas extensas de tierra conocidas como ‘La Pampa’ y que se convertirían el 1 de agosto de 1987, en una pista de aterrizaje. El que llegaba era Abdalá Bucaram Ortiz. Había sido alcalde, intendente de policía y sería en 1996 presidente de Ecuador.

Victoria Pastuzo no llegó a tiempo ese día y se perdió la llegada del helicóptero. “A mí me avisaron ya tarde, pero como vivía en la 27 y Galápagos, vine corriendo”. Avanzó a ponerse un cintillo mitad rojo, mitad amarillo y se paró a gritar lo que los demás coreaban: ¡Abdalá, Abdalá, Abdalá!

La mujer que ahora es dueña de una tienda frente al parque tiene los ojos cafés claros, las cejas ya canosas y cada cuanto se ríe porque alguien que pasa le grita ‘madrina’. “Con tanta cosa que se dijo de él, ahora ya soy correísta”. Luego se corrige y dice que es Leninista. Lo que en definitiva significa que es seguidora de Alianza PAIS.

Lo que Victoria llama ‘cosas’ a la práctica fueron juicios por peculado. Es decir, apropiación de dinero público que se debía administrar. La primera denuncia relacionada a este delito la recibió mientras era Alcalde de Guayaquil. Había sido elegido para gobernar de 1984 a 1988, pero sólo cubrió un año y 8 meses. Lo mismo sucedió en su presidencia: debía ser la última primera autoridad del siglo XIX, iniciando en 1996 hasta el 2000 y, solo lo logró por 6 meses.

Al otro lado del parque, en el callejón Parra y la 29, está Ivonne Carlier. Todas sus respuestas respecto a Bucaram son en negativo: no lo vi, no me interesa, aquí no llama la atención y finalmente, “nadie en esta casa es partidario de los tumultos”.

Cuando Ivonne tenía 34 años, las calles por donde ahora se estacionan un par de carros eran intransitables. Un video registró el tumulto del que ella habla. Personas esperando tras un cerco de estacas y alambre, personas corriendo hacia Abdalá Bucaram, personas abrazándolo, agitando banderas del Partido Roldosista Ecuatoriano (PRE) y poniéndolo sobre sus hombros. El escenario concentró lo que se sería el sello de Bucaram: ‘La Fuerza de los pobres’.

Treinta años más tarde se repite el personaje, el helicóptero, pero no la pista para desembarcar. La nueva cancha de tierra está en el Cisne 2, justo detrás de la imagen del Cristo del Consuelo de 15 metros de altura.

Susana Rondoy camina a prisa con su nieto por la av. 29 y todavía no sabe si irá al encuentro de Abdalá: “La mayor parte de la Febres Cordero lo quería al loco. Ahora ya no, porque todo tiene su época”. Repregunta la fecha de su llegada y al alejarse dice que sí, que seguro va porque finalmente por él consiguió las escrituras de su casa en el Batallón del Suburbio.

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