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¿Qué tan lejos estamos de vivir en una ciudad amigable para los ciclistas?

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19 abr 2018 / 16:15 H.

¿Quieres saber cómo aumentar tus niveles de felicidad? Es sencillo: disminuye el tiempo que te toma ir al trabajo. No es broma. Numerosos estudios indican que las largas horas en el tráfico están vinculadas a altos niveles de ansiedad e infelicidad. Teniendo esto en cuenta, debería ser una prioridad de los gobiernos locales buscar maneras de aliviar el tránsito.

Las posibles formas de hacer esto incluyen ambiciosos proyectos para crear nuevas maneras de transporte público y campañas para reducir el uso de vehículos a motor, pero hay una alternativa más simple: las bicicletas. Este medio de transporte —que celebra mundialmente su día cada 19 de abril desde 1985— beneficia a la salud de su usuario y reduce la contaminación ambiental. Además, ayuda a combatir el congestionamiento vehicular.

En países tan lejanos como Holanda o tan cercanos como Colombia, la bicicleta es una forma viable de transporte. Incluso en Quito hay iniciativas como BiciQuito, que buscan promover el uso de este medio, pero no se puede decir lo mismo de Guayaquil.

Aunque en los últimos años se han creado diversas ciclovías en la ciudad, eventos recientes muestran que el gobierno local no tiene interés en potenciar esta forma de movilización. Según una publicación de diario Expreso, el Municipio de Guayaquil considera que el “clima” y las “condiciones de las calles” no permiten el funcionamiento de estas vías. Jorge Rodríguez, vocero municipal, dijo que “[existen] características técnicas que no dan para que en Guayaquil funcionen las ciclorrutas”.

Pero este solo es el obstáculo más reciente. Incluso cuando todas las ciclovías funcionaban, no estaban conectadas entre sí, lo que hacía imposible recorrer toda la ciudad a través de ellas. Algunos usuarios se han quejado de vías en mal estado, a veces sin pintura ni señalización eficiente. Otras consideran que no fueron planificadas de manera adecuada. Entre ellas está José Miguel Cabrera, que utiliza su bicicleta para movilizarse. “En el centro, muchas veces las ciclovías están entre la calle y los parqueos”, explica. “La que va por el Malecón, por ejemplo, está en el lado izquierdo de la calle, lo que es súper complejo porque ahí los carros van a mayor velocidad.

En ciudades como Londres, la construcción de ciclovías de buena calidad llevó a que una enorme cantidad de personas empiece a utilizar bicicletas. En algunas calles, los ciclistas representan el 70 % del tráfico en hora pico.

Guayaquil está lejos de eso. Es que, más allá de la calidad de las calles en las que transitan, los ciclistas en la urbe porteña tienen que preocuparse por el entorno. Son comunes las historias de personas a las que les han robado la bicicleta o que han tenido malas experiencias con conductores o peatones que no respetan las leyes de tránsito. Muchas veces se encontraban con carros parqueados en las ciclovías o a conductores que ponían en peligro a ciclistas por su manera de transportarse.

“La verdad es que la ciudad está bastante insegura”, cuenta Germán Arias, del grupo de ciclismo Monobikers. “Esto es un problema sobre la cultura de movimiento que tiene que ver hasta con las escuelas de tránsito y conducción. Cuando haces un curso para sacar licencia no te enseñan sobre compartir el carril o sobre el respeto que debes tener con los otros vehículos, motorizados o no motorizados”.

Miembros de colectivos como Masa Crítica y BiciUnión también han denunciado comportamientos similares. Según datos de Guayaquil en Bici, el 55 % de los ciclistas guayaquileños cree que la experiencia en la ciudad es insegura. “Somos parte de la ciudad”, dice Arias. “Somos gente que tributa impuestos, que también necesita espacio”.

Para comprobar estas experiencias, fuimos a las calles de Guayaquil a dar un paseo en bicicleta. El tráfico no es paralizante en Urdesa a horas de la mañana, pero definitivamente no es ligero tampoco. En bicicleta se puede notar mucho más cómo las imperfecciones en el asfalto pueden causar accidentes. Baches o superficies irregulares son muy comunes y obligan al ciclista a estar aún más alerta.

Y aunque es posible realizar este tipo de paseos sin problemas, las calles pequeñas y los autos son un riesgo constante. Muchas veces los autos pasaron peligrosamente cerca de la bicicleta a altas velocidades cuando lo más seguro habría sido ceder el paso aunque sea por unos segundos. Mientras algunos conductores trataban de hacer notar su presencia a través de señales o pitos, otros simplemente ignoraban a la bicicleta, fácilmente pudiendo causar un accidente.

Puedes ver un video de la experiencia a continuación.

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