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¡Esta es la combi ‘tragafronteras’!

Quito ·
I
14 mar 2018 / 00:00 H.

La aventura las llamaba, pero durante mucho tiempo se resistieron a aceptarlo. Sin embargo, esa realidad cambió para dos argentinas, oriundas de Tucumán, quienes tomaron las riendas de sus vidas y se lanzaron a la aventura.

Anabel de Pedro tiene 35 años y nueve de ellos se la pasó cobrando en la boletería de una empresa de transporte. “Siempre haciendo lo mismo”, reflexiona sentada en la parte trasera de su Volkswagen combi.

Su afán era conocer el mundo, viajar antes de que el tiempo se tragara su juventud. Ese oportunidad vino de la mano de una tragedia. Un día, su hermano tuvo un accidente y De Pedro lo atendió en la casa de sus abuelos.

“Mi padre me dio como premio la combi”, rememora. Esa fue la ‘patadita’ de impulso que faltaba para aventurarse en la carretera. Ahí es donde entra Mabel Santillán, una arquitecta de 46 años, quien es amiga de Anabel hace tres.

Ella tenía un pequeño vagón para venta de comida en su natal Tucumán. “Se lo engancha en un auto como una volqueta”, relata la profesional. Vio que la miniván de su amiga podía servir y empezaron a rediseñarla.

Le pusieron un techo de fibra de vidrio y a uno de sus costados le abrieron una compuerta para que fuera una suerte de food truck. El chispazo imaginativo llegaría después, cuando tomaron el ejemplo de otros compatriotas de recorrer América manejando, en su caso hasta México.

Para diciembre del año pasado, el automóvil estaba listo. La insignia de la marca brillaba en la parte delantera y decidieron darle más vida pintando la carrocería de un rosado encendido.

Así nacería Miss Peppa. La bautizaron así por dos razones. La una por la famosa Peppa Pig y su color característico y la otra por las drogas. “Nosotras no las consumimos, que quede claro. Sino que es una referencia a las pepas (estupefacientes) que te llevan a un ‘viaje’”, aclara Mabel. Ella fue quien diseñó un logotipo en el que aparece la miniván.

El recorrido

Tomaron sus maletas y un sinnúmero de tereques que luego los transformarían en artesanías para solventar el viaje. El primer sitio al que llegaron fue a Mendoza, un traslado de cerca de 11 horas en vehículo.

Hicieron paradas en donde pudieron. “No tenemos un itinerario”, confiesan, porque la idea no es manejar sin razón alguna. Ella se amparan en lo que dice la gente, con ellos conversan y si les dan información de un sitio bonito para visitar, lo toman en cuenta y lo hacen.

Una vez que ‘turistearon’ salieron de su querida Argentina para Chile. Allí visitaron Viña del Mar, famosa por el gran festival musical. Subieron por la cordillera, en donde no cesaban de tomarse fotografías y disfrutando del paisaje. Hasta que por fin llegaron al Perú.

En todo ese trayecto han acampado u optado por dormir en hoteles. No vieron al auto como un lugar para descansar, aunque poco a poco lo fueron adecuando. Ambas saben manejar y se toman el volante cuando es necesario. El cansancio no les impide admirar todo lo que puedan visitar.

Es por eso que prefieren hacer los traslados durante el día, hasta para evitar cualquier contratiempo. “Lo único que se nos ha presentado son los problemas mecánicos”, confiesan las dos.

Arribaron a la frontera ecuatoriana, en donde tomaron la decisión de recorrer las playas, sitio preferido de las amigas. “Trajimos pequeñas piedras preciosas que valen 30 dólares. Con eso podemos costear los gastos”, comentan. El ingenio también les hizo realizar pequeños jabones impresos con el logotipo del vehículo.

Ahora piensan dar a conocer la comida de su país, como pastas, empanadas y estofados. La oferta a los clientes se la hace en aquel costado, que se abre y se adecua como mesita. La cocina no es ajena a sus habilidades.

Pilas con esto

Las amigas siempre cubren los 200 kilómetros en rutas. Cuando llegan a capitales, prefieren hacerlo los domingos, cuando hay menos congestión vehicular.

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