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‘Chamberos’: “¡Corre si quieres salvar el pellejo!”

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22 mar 2018 / 00:00 H.

Isla Trinitaria es, acaso, uno de los sectores populares del Puerto Principal donde las ‘papas queman’. Y es que en algunas áreas se encuentran grandes contenedores donde los conocidos chamberos “camellan” día y noche para intentar ganarse el poco sustento diario que les permita medio nadar en ese mar de carencias económicas.

Es viernes 16 de marzo. El reloj marca las cuatro de la tarde. Estoy en el sector del segundo puente de la Perimetral, sur de Guayaquil. Preparo la primera misión para Diario EXTRA. Tengo que darle camino a la sección “Así lo Viví”, que leerán en todo Ecuador.

Estoy consciente de que el objetivo me llevará a enfrentar riesgos de todo tipo. Ir a “pelear territorio” a un grupo de recicladores que pueden tener problemas con drogas es exponerse a un garrotazo, a una puñalada o a muchos huesos rotos. Todo hay que decirlo.

Las cartas están echadas. En un vehículo me cambio de ropa por la de un reciclador callejero. Los flashes de los cronistas gráficos del diario más popular del país están sobre mí.

Confieso a todo el equipo que me siento nervioso. Planificamos los ángulos y la forma cómo íbamos a cubrir la noticia, sin que los chamberos se dieran cuenta de que era un infiltrado.

Quienes conviven en los contenedores junto a los desperdicios han tenido una vida difícil. Algunos, incluso, con pasados delictivos. Hay quienes también sufren de trastornos mentales. Es por eso que debía ir con cautela, pues un falso movimiento o algo que los disguste podría incluso costarme la vida.

Ingresando en su mundo

Cuando estaba frente al contenedor escuché el susurro: “Pónganse pilas con ese drogo que se está acercando”, refiriéndose a mí. Tratando de no provocarlos, simulé buscar entre las fundas sucias algo que podría valer la pena.

El olor a podrido era fuerte, las moscas me dieron la ‘bienvenida’. Un segundo murmullo me advirtió que algo pasaría: “Déjalo, vamos a ver hasta dónde llega”. Para ellos era un intruso. Me miraban disimuladamente.

Una mujer, de unos 50 años, me dijo gritando: “¡Corre si quieres salvar tu pellejo!”. Sentí que el corazón me palpitaba fuerte, pero continuaba escarbando la basura. Decidí entonces tomar una funda y una llanta, avancé unos cuantos metros, me di cuenta que había llegado muy lejos.

Observé cómo uno de ellos estaba esperando que regrese por algo más, mientras se metía algo en la cintura. Sabía que las cosas habían llegado a su tope. Dejé botada la llanta y la funda y los observé del otro lado de la calle. A estas alturas la furia se había apoderado de ellos. Se sentían ardidos por el atrevimiento que tuve como chambero al entrar en su territorio.

Uno me advirtió que si me atrevía a acercarme a llevarme la llanta me arrancaría la cabeza y la usaría como pelota. Supe entonces que era el momento de correr o enfrentarlo para no demostrarle miedo.

Quise enseñarle que no estaba dispuesto a huir y esto los enfureció. Mi sexto sentido me alertó y empecé a correr mientras el sujeto trataba de alcanzarme. Esta escena se repitió algunas veces, estaba toreando a alguien que no estaba dispuesto a dejarme escapar.

No tuve otra opción que correr hacia el carro de EXTRA y antes de que me golpeara le confesé que era periodista. El asombro se apoderó entonces de quien me seguía. Allí empezaría otro relato. El de los hombres duros que tienen cicatrices en el alma, que los traslada hasta las lágrimas al hablar de por qué están ahí y su futuro incierto.

“Oye, eres sabido, avezado. Te estabas exponiendo a que te parta la cabeza”, me dijo cuando se percató de quién era.

Otros no podían creer: “El man mismo es, ¿no? Es Delgado, mírale los ojos. Dile que se quite la gorra, ese man nos ha venido a sorprender”. Otro dijo: “Oye Delgado, pórtate serio que aquí la gente está camellando. Has venido a alborotar el avispero, habla bien”.

Fue entonces que le pregunté por qué se portaban así. Entre otras cosas dijeron que el territorio se respeta y que al verme por primera vez, pensaron que se trataba de un reciclador con problemas mentales que podía atacarlos.

En ese grupo estaban personajes como el “Ratón”, un joven que presuntamente había secuestrado a una menor de edad y en el pasado fue buscado por la Policía. “Delgado, soy el ‘Ratón’, ese que dijiste que era uno de los más buscados por la Policía del Sur. No secuestré a la pelada, se fue conmigo, la amo y ella me ama, así que quédate frío”, me dijo.

Cada quien comenzó a contarme sus historias, entre ellas un boxeador conocido como “Negro Julio”, quien cambió el cuadrilátero por la chamba. Con sus guantes puestos, empezó a demostrar su habilidad, enfrentándose con el “Ratón”.

“Negro Julio” me propuso un encuentro boxístico en plena calle. Acepté gustoso, me coloqué los guantes, pero a la hora de la verdad me arrepentí y tiré la toalla. Fue una hora y media de experiencias. En el lugar, todo terminó de forma tranquila, con mensajes y pedidos de ayuda para cada uno de ellos.

Como periodista de televisión y cronista de EXTRA puedo decir que el susto que pasé fue secundario, lo más importante es haber palpado que no siempre los hombres duros y quienes pintan de malos lo son realmente. Pues así, como cada uno de nosotros, también tienen sentimientos. Es el mundo de la calle y sus historias que salen a la luz.

No se pierda este reportaje para televisión esta noche en “En Carne Propia”, por Canal Uno, a las 21:30.

Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.extra.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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