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El misterio de la tumba de Jesús

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17 may 2018 / 00:00 H.

¿Está Jesús enterrado en Cachemira? Eso nadie lo sabe. Los cristianos católicos defienden que el sepulcro real de Jesús se encuentra en Jerusalén, aunque hay quien piensa que no donde todos pensamos —o nos han dicho—, el Santo Sepulcro, sino en la conocida como ‘Tumba de Jardín’, más humilde y por las características del entorno, con un monte para crucificados incluido con forma de calavera —así aseguran las Escrituras que era el Calvario—, y quién sabe si hasta más probable.

Incluso hay una tumba en Japón, de la que hablaremos en una próxima entrega, en la que no solo se venera el cuerpo de Jesús, que recibe a más de treinta mil peregrinos al año —en un país sintoísta es un número muy elevado de peregrinos—, sino que además también está la de su hermano, al que llaman Isikuri.

Sea como fuere, si aceptamos el dogma de fe, Jesús no está ni en esta ni en ninguna otra porque a los tres días resucitó, así que unas y otras están vacías. Y sin embargo no se dice eso de la tumba de Srinagar, la capital de Cachemira. Y no se dice porque quien defiende que está allí lo hace convencido, y con las pruebas en la mano.

Para llegar al antiguo reino cachemir hay que ascender por una de las carreteras más vertiginosas de la Tierra, que atraviesa los montes Karakorum, hermanos pequeños —no muy pequeños— de la cercana cordillera de los Himalayas. Es tierra difícil y llena de asaltantes de caminos, talibanes, yihaidistas... Pero nadie dijo que alcanzar determinados lugares fuera fácil.

Tuvimos conocimiento de la historia que aquí se ha construido gracias al periodista e investigador Andreas Faber-Kaiser, autor del bestseller Jesús vivió y murió en Cachemira. Al comienzo del mismo, en aquel lejano año de 1976, se preguntaba: “¿Cómo explicar que Jesús esté sentado en el cielo y que al mismo tiempo yazca muerto en Cachemira?”.

Sí, ¿cómo demonios es posible? Porque lo que es indudable es que el trabajo de investigación que realizó, acudiendo en aquel tiempo a los lugares relatados en el trabajo, provocó tal conmoción mundial que fue traducido a lenguas tan insospechadas como el urdu, siendo un éxito de ventas incluso en la India.

El objetivo de Kaiser era intentar dilucidar qué ocurrió durante los 17 años de olvido que los evangelistas mantuvieron entorno a la vida de Jesús, cuya última referencia se produce en el Evangelio de Lucas, cuando apenas tiene 13 años, y no vuelve a aparecer hasta los 30.

En el prólogo del citado libro, el profesor Hassnain, director de los Departamentos Estatales de la Historia de Cachemira, afirmaba que en el año 1965, aislado por la nieve, se vio obligado a pasar el invierno en Leh, la capital de la fría región de Ladack, al norte de Pakistán.

Una vez allí descubrió en unos viejos archivos varios manuscritos en los que dos misioneros alemanes llamados Marx y Francke narraban los descubrimientos que realizaron durante su estancia en la población. También hacían referencia a un ruso de nombre Nikola Notovich.

La importancia de este personaje radicaba en que, según los autores de los textos, tradujo unos pergaminos desvelando un mensaje de especial trascendencia: en ellos se hacía referencia a las vivencias de Jesús en este remoto paraje.

Pero aquí los llamaban Santo Issa. Había un dato más: Issa era considerado un santo importante del panteón budista, pero no de los más elevados. El motivo era claro: los seguidores de Issa no admitían la autoridad del Lama y se denominaban a sí mismos, tal y como reflejaba el escrito, cristianos.

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