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Pasaron del dolor a ser inspiración

I
13 jul 2018 / 15:09 H.

Soportó durante un año el rechazo de su hijita, de dos añitos. La infante huía de su ‘papito’, por miedo. Ella no entendía porqué su progenitor, el que tanto la consentía, se veía extraño. El 15 de febrero de 1998, César Zambrano recibió una descarga eléctrica de 13.800 voltios, que le ocasionó la pérdida de su brazo y pierna derecha.

“Fue muy doloroso todo”, recuerda el hombre, de 42 años, con su mano sobre la barbilla. Para él el dolor físico era terrible, pero que su pequeña no lo quisiera cerca era insoportable. Su hijo de tres años, reaccionó distinto, a diferencia de su ‘ñaña’, él se sentía muy cómodo con su papá.

El accidente de César ocurrió en una torre eléctrica, en la vía Puerto Quito-Calacalí, cuando topó con su mano derecha, un cable de alta tensión y quedó colgado de la estructura a 18 metros del suelo.

Con la otra mano pudo liberarse del arnés que lo sostenía y se impulsó para llegar al suelo. “Me iban cortando de a poco (las extremidades), porque las quemaduras me iban pudriendo la carne... salí como vegetal, en una silla de ruedas sin poder hacer nada”, detalló.

Un año más tarde, luego de su proceso de recuperación, César ya contaba un prótesis de pierna y tuvo “Fue un milagro que me salvara, una segunda oportunidad... Dios debe tener una misión para mí”, expresó con una amplia sonrisa.

Él es parte del proyecto Rompiendo Barreras, conformado por 14 personas de todo el país y mentalizado por Diana Armijos, una concordense que vive en la capital.

Pasaron del dolor a ser inspiración

La iniciativa reúne a personas con amputaciones y prótesis para brindarles apoyo emocional y capacitación en artes. Ellos son el retrato de la superación, pues aunque vivieron distintas tragedias, que en algún momento amenazaron con arrebatarles la vida como la conocían, lograron superar sus limitaciones.

Su objetivo es mostrar ante la sociedad que son aguerridos y que sus prótesis no les impide brillar, además quieren motivar a personas como ellos a que no se escondan y no se sientan solos.

En distintos accidentes de tránsito a bordo de motocicletas, Paúl Guaraca, de 28 años, Mayra Porozo, de 30 y César Mocayo, de 23, también miembros de proyecto, perdieron una de sus extremidades inferiores. Prótesis les han permitido retomar sus actividades cotidianas y recuperar la vida que tenían.

Paúl es un estudiante universitario que trabaja en el ECU-911 de Santo Domingo. Tiene su prótesis desde hace once años. Explicó que tuvo que adaptarse a ella pues aunque no era igual que su pierna derecha, pero puede hacer todo lo que hacía antes, inclusive practicar ciclismo.

“Fue duro, al principio”, confesó, pero ahora se siente orgulloso de la vida que tiene y quiere que llegar a personas que hayan vivido mismo que él “para que no se sientan aislados... que no están solos y son bastantes”.

Recordar la alegría de sus hijas al verla caminar sin muletas, quebranta la voz e inunda de lágrimas los ojos a Mayra Porozo. “mamita, mamita ya puedes caminar” le dijeron las pequeñas de 3 y 13 añitos a su progenitora.

Hace tres semanas recibió la prótesis que reemplaza su pierna izquierda. Y aunque todavía no se acostumbra del todo y debe apoyarse en un bastón, se fue de rumba a los tres días de tenerla.

La risueña mujer, oriunda de La Concordia, confesó que siempre le encantó bailar. Pero que desde hace cuatro años, cuando sufrió el accidente, ella no se sentía cómoda con las muletas y prefería no salir. “Pasaba en la casa, solo salía al trabajo”, recordó.

En su momento ella creyó que su vida se había acabado, pero ahora está motivada a seguir y ayudar a personas que piensen como ella lo hacía.

El santodomingueño César Moncayo también tiene una prótesis de pierna izquierda, desde hace aproximadamente un año y medio. Confesó que nunca se afligió por su discapacidad y se lo agradece a sus padres por su constante respaldo. En la universidad, donde cursa el séptimo semestre de ingeniería mecánica, ha recibido el afecto y colaboración de compañeros y docentes.

Dice que nunca se esforzó en ocultar su prótesis por vergüenza, más bien suele doblar su pantalón hacia arriba para que sea visible, pues es parte de él. “Nunca he recibido un comentario negativo, hasta ahora. He recibido comentarios que me hacen sentir un ejemplo de superación y eso me hace feliz, con ganas de seguir adelante”, dijo entusiasmado.

La danza y el arte jamás fueron su fuerte, sin embargo para continuar sembrando motivación ha recibido talleres y preparación para participar en la Pasarela Inclusiva, con la temática Mil y Una Noches que se desarrollará éste sábado 14 de julio, a las 19:30, en el Centro Intercultural de La Concordia.

Johana Cando, coordinadora del proyecto explicó que habrán tres pasarelas con temáticas de: body paint, Medio Oriente e India. Para su efecto los participantes han tenido el asesoramiento de profesionales en modelaje y danza, aseguraron.

Desde hace cuatro meses la preparación ha sido intensa. Buscan que la sociedad deje de creer que las personas con amputaciones tienen el mismo valor que cualquier persona, “hay que romper paradigmas”, enfatizó Cando.

Esperan que el evento les permita conquistar a nuevos miembros, para que el proyecto sea cada vez más grande. Su aspiración es llevar las puestas en escena por todo el país para que las personas amputadas se sientan orgullosas y dejen de lado la vergüenza de mostrarse.

Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.extra.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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