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Tras los pasos de los primeros quiteños

Quito ·
I
08 mar 2018 / 00:00 H.

La capital está llena de historia y, en medio de la modernidad, aún en sus calles y estructuras se pueden encontrar los vestigios de quienes antecedieron a los actuales habitantes de estas tierras.

Es el caso del parque Rumipamba, ubicado al norte de la ciudad, donde se pueden observar restos prehispánicos que datan del período del Desarrollo Regional e Integración, entre 500 años antes de Cristo, hasta 1.500 años después.

El guía de este parque arqueológico, Joselito Casas, afirma que los cambios más notorios están en el paisaje. En épocas pasadas las montañas que rodean Quito, sobre todo el volcán Pichincha, estaban cubiertas de nieve.

En ello coincide la encargada del Museo de Sitio La Florida, Liliana Ramos. La Cordillera de los Andes habría estado siempre cubierta de nieve lo que facilitaba la formación de fuentes hidrográficas.

Según varios estudios, existía una gran laguna que atravesaba el territorio desde lo que hoy es Cotocollao hasta El Ejido. “Las personas se asentaron en los alrededores de la laguna y es por eso que la ciudad tiene la forma alargada”, asevera Ramos.

Este gran charco se llamaba Iñaquito y era la fuente de pesca y materiales como la arcilla que permitió el desarrollo de estos grupos humanos. Con el tiempo se habría secado y la vorágine de la urbanización logró que desapareciera definitivamente.

“En los años 70 con la construcción del antiguo aeropuerto se rellenó lo que es hoy el parque Bicentenario”, relata. Más al sur entre los sectores de Solanda y Chillogallo también existió otra laguna que permitió la presencia de grandes haciendas que luego formaron estos populosos barrios.

Tras los pasos de los primeros quiteños
En Rumipamba se hallaron tumbas no muy profundas, donde los muertos eran enterrados con vasijas y comida.

Cómo vivían

Según las investigaciones realizadas a estos vestigios, los primeros pobladores de Quito vivieron en bohíos, unas chozas que se sustentaban en pilares de madera, paredes de bahareque (mezcla de lodo y arcilla) que se superponían en una estructura de carrizo, el techo estaba hecho de paja sobre algunos cruces de carrizo.

Los inmuebles estaban divididos en una zona de trabajo y la vivienda tenía forma ovalada. “El bahareque se dejaba secar y tomaba la forma de las paredes”, comenta Casas.

En ella se puede ver unos orificios cuadriculares en el piso que, según cuenta el guía, eran utilizados para el almacenamiento de pigmentos vegetales que se extraían de plantas endémicas.

En lo que refiere a la zona de trabajo, las excavaciones arqueológicas arrojaron indicios de que los primeros quiteños se dedicaban a la cría de animales, la curtiembre de pieles y a la agricultura.

El fogón era un elemento indispensable para estos pueblos que lo utilizaban para calentar sus hogares y, también, como un acercamiento a la divinidad. “En cada bohío vivían entre diez y quince personas”, dice Casas.

Aquí también se encontraron muros de piedras que van de oriente a occidente y de norte a sur de los que aún no se puede especificar la funcionalidad. “En cuanto a los hallazgos bajo tierra más al fondo suelen estar más antiguo”, recalca.

“Rumipamba fue directamente afectado por las erupciones (Pichincha y Pululahua) y los pobladores huyeron”, manifiesta. Los restos encontrados de este lugar datan de distintos años que no son continuos necesariamente por estas migraciones.

Pueblo comerciante

Dentro de las 40 hectáreas que comprende este parque está la recreación de los ‘culuncos’ o senderos de los comerciantes. “Rumipamba estaba en la ruta comercial de los primeros habitantes, estos eran los Yumbos, quienes se encargaban de ello”, cuenta Joselito Casas.

El estrecho camino de los ‘culuncos’ está cubierto por ramas de árboles, con subidas y bajadas que permitían a los ancestros circular hacia la Costa y la Amazonía por la parte noroccidental de lo que hoy es Quito.

Según el guía, estos grupos humanos estaban organizados por Cacicazgos. El líder o Cacique realizaba alianzas estratégicas con otras aldeas donde se intercambiaban productos como la obsidiana, lana, vasijas y, sobre todo, el conocimiento.

Es así que dentro de las excavaciones hallaron algunos instrumentos de culturas amazónicas como la Cozanga, cacicazgo cercano a Quito. “Las vasijas de esta zona son más básicas y rústicas. Las de los cozangas eran más delgadas y ya tenían diseños grabados o pintados”, expresa.

El aroma a rocío sobre las hojas, la tierra y los cantos de los pájaros como el ‘Pues - Pues’, invitan a quien pasa a quedarse un buen rato e imaginar los pasos de estos lejanos familiares.

Las caminatas podían tomar días enteros o semanas dependiendo de la distancia que debían recorrer los Yumbos pero al estar cubiertas por la vegetación eran sitios frescos, donde los caminantes podían descansar y protegerse de la lluvia o del sol.

Los puntos por donde salían los productos habrían sido Nono, Lloa, Cotocollao y más al sur por Guamaní. “Los caminos siempre eran por la cordillera, que estos habitantes conocían como la palma de su mano”, dice Liliana Ramos.

Tras los pasos de los primeros quiteños
Los ‘culuncos’ eran los senderos por donde los Yumbos llevaban productos para intercambiar.

Su relación con la muerte

Más al norte y ya en las faldas del volcán Pichincha está el Museo de Sitio de La Florida, donde se exhiben las excavaciones reales de las tumbas de estas sociedades preincaicas. “Aquí se encontraron tumbas de quince metros de profundidad que datan del período de Integración, según el Carbono 14”, comenta la encargada del lugar, Liliana Ramos.

Los antiguos quiteños eran enterrados sentados en tumbas colectivas como aguardando algo más después de la muerte. Los adornaban con ponchos hechos con cuentas de concha espondylus y los hacían que se miraran unos a otros.

“La cosmovisión de los primeros pobladores era cíclica, por lo que para ellos las cosas no terminaban con la muerte”, expresa Liliana. Además, creían que los muertos eran el vínculo entre las deidades y sus familiares vivos, convirtiéndose así en portadores de dones como la fertilidad, animales y sembríos.

La Florida fue un cementerio de estos pueblos ancestrales. Ramos no descarta que debajo de las casas que se erigieron durante la modernización de Quito hayan más vestigios que puedan aclarar un poco más el panorama de las raíces quiteñas.

Estaba destinado a ser una urbanización

Según Joselito Casas, guía del Parque Arqueológico de Rumipamba, hasta 1996 se desconocía sobre la importancia de esta zona para la historia quiteña. El parque era una hacienda que pertenecía a María Augusta Urrutia, que al no tener descendencia donó estos terrenos a los Jesuitas quiénes, décadas más tarde, los vendieron a un banco de la localidad. “Esto estaba destinado a ser una gran construcción de viviendas, pero como se encontraron estos indicios históricos fueron intervenidos por el Fonsal”, aseveró.

Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.extra.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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