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‘El Purgador, el policía que mató al menos a 69 mujeres

Rusia ·
I
10 ene 2017 / 10:35 H.

El policía Mijaíl Popkov, condenado en 2015 a cadena perpetua por el asesinato de 22 mujeres, reconoció ahora haber matado a otras 60 mujeres entre 1992 y 2007 en una pequeña ciudad de Siberia. La cifra le convertiría en el mayor asesino en serie de la historia moderna de Rusia.

Las autoridades rusas ya presentaron cargos contra Popkov por 47 de los 60 asesinatos confesados en prisión, tras hallar y exhumar los cadáveres de las víctimas, informó estos días un periódico de la región siberiana de Irkutsk. El pasado 27 de diciembre, un tribunal de Irkutsk prorrogó el arresto del maníaco -que ya cumple cadena perpetua, la pena máxima que se aplica en Rusia-, a la espera de que se celebre el nuevo juicio.

Los investigadores completaron diversos peritajes forenses y dieron por probada la culpabilidad del asesino, que se denominó a sí mismo como ‘El Purgador’, al afirmar que sólo mataba a “mujeres de vida disipada”. En el juicio celebrado en 2015 se demostró que este depredador -policía en activo hasta 1998- violó y mató al menos a 22 mujeres entre 1994 y 2000 en Angarsk, una localidad de poco más de 230.000 habitantes en la región siberiana de Irkutsk.

Durante aquel proceso, Popkov explicó que recorría de noche las calles de la ciudad en un coche -muchas veces el oficial de la policía-, ofrecía a mujeres que se encontraba por el camino llevarlas a casa y luego sólo “castigaba” a aquellas que aceptaban tomarse una copa con él. En octubre de 1998, según dijo entonces al tribunal, mató a dos amigas de 19 y 20 años a las que recogió cuando volvían a casa después de un concierto, en el que fue uno de los al menos cinco asesinatos dobles que perpetró durante sus cacerías.

Mientras conducía, “empecé a sentir asco hacia las chicas por su comportamiento despreocupado y quise castigarlas”, relató al detallar cómo apuñaló repetidas veces en la cabeza a una de las jóvenes, y cómo persiguió y mató a la otra, cuando intentaba huir. “Fue su culpa. Andaban borrachas por la calle en lugar de estar en casa con sus maridos e hijos”, llegó a decir Popkov acerca de sus víctimas.

Sin embargo, dos mujeres que lograron sobrevivir a sus ataques desmintieron esa versión. Presumió ante sus compañeros de celda “haber matado a más gente que Andréi Chikatilo”, considerado hasta ahora el mayor asesino en serie en la historia de Rusia y la Unión Soviética, con 53 homicidios demostrados por la Justicia.

Los cadáveres de casi todas las víctimas, con edades comprendidas entre los 17 y 38 años, fueron encontrados desfigurados y con señales de violación en cementerios, cunetas y zonas boscosas próximas a Angarsk, una ciudad industrial de Siberia Oriental. Aunque al menos nueve mujeres fueron asesinadas con un hacha, Popkov, que en la actualidad tiene 49 años, llegó a utilizar todo tipo de objetos para quitarles la vida a sus víctimas, incluidos cuchillos, destornilladores, punzones, garrotas, bates de béisbol y tacos de billar, entre otros.

Años antes de que las autoridades dieran con el asesino en 2012, medios de comunicación que investigaban los crímenes revelaron que la mayoría de las mujeres asesinadas eran de estatura mediana (1.55-1.70 mts.), corpulentas y estaban ebrias en el momento de su secuestro. Las semejanzas físicas de las víctimas y del ‘modus operandi’ del asesino hizo pensar a la policía que se enfrentaban a un maniaco, pero no fue hasta hace cuatro años cuando los investigadores lograron dar con el monstruo, al que finalmente se identificó gracias a unas pruebas de ADN.

Un perfil psicológico filtrado a la prensa rusa mucho antes de que se encontrara al asesino acertó en muchos aspectos: la policía buscaba a un hombre de entre 30 y 35 años (en la época de los asesinatos), residente en Angarsk, que se llevaba a sus víctimas en un vehículo oficial y que podía trabajar en un cementerio. Años después se supo que Popkov solía “salir de cacería” al volante de un todoterreno policial, al menos mientras no fue despedido de los órganos en 1998, y que en su tiempo libre se ganaba un extra como enterrador, oficio que ya ejerció de adolescente en el cementerio donde también trabajaba su padre.

Aunque su mujer, su hija y sus amigos le definían como “un hombre pacífico, tranquilo y amable, que no haría daño ni a una mosca”, la comisión médica que lo examinó cuando era policía en activo observó “aspectos psicopáticos” en su personalidad, pero inexplicablemente le encontró apto para servir en las fuerzas de seguridad. Al ‘Maníaco de Angarsk’, como le puso la prensa rusa, le gustaba cocinar, esquiar en compañía de su mujer y su hija y hacer bricolaje en casa, según los testimonios ofrecidos a la investigación por los amigos que frecuentaban la casa de los Popkov. A nadie le sorprendía, dada su fama de ‘manitas’, que llevara en todo momento en cada uno de sus cuatro coches una caja de herramientas repleta de instrumentos que en realidad usaba para cometer los asesinatos.

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