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Adiós a los chocolates en la Gymkhana erótica

Quito ·
E
17 feb 2017 / 12:25 H.

Estaba dispuesta a todo, pero sus mejillas se ruborizaron cuando de reojo miró los artículos eróticos depositados sobre una mesa. Rocío Collaguazo sujetó la mano de su esposo Nelson Loachamín y, con la confianza de 16 años de matrimonio, le dijo “estoy lista”.

Como ellos, otras cuatro parejas participaron en la primera Gymkhana erótica, que se realizó en La Mariscal, norte de Quito, la noche del 14 de febrero. Dos grupos de amigos también se sumaron al evento, que tenía como finalidad celebrar San Valentín con retos relacionados al sexo y el erotismo.

Todos recibieron sobres sellados. La primera pista conducía a los participantes a uno de los cinco puntos, en donde ejecutarían dinámicas como pintarse el cuerpo, desfilar con poca ropa, contestar preguntas, entre otras.

Rocío y Nelson dejaron atrás la rutina de flores y chocolates para compartir ese momento diferente de amor sin tapujos. Se conocieron en el colegio y luego del primer beso ya no pudieron separarse.

Después nació su primera hija para sellar aquella unión que, pese a “los altos y bajos”, promete prevalecer en el tiempo. Luego llegó la segunda nena.

El día del concurso, mientras caminaban por las calles de ‘La Zona’, contaron que sus ‘retoños’ se quedaron en casa. “Ya tienen la edad para cuidarse solas”, comentaron. De todos modos, ellos les advirtieron que llegarían tarde.

Con el papel en sus manos, ambos descifraron el sitio al que debían llegar. Era un bar, en el que el reto les obligó a dejar la vergüenza de lado. Rocío debía tomar un preservativo, colocado sobre una mesa, mientras su marido sostenía en sus manos un juguete sexual.

La chica se puso el condón en la boca y lo colocó en aquel ‘dildo’, que Nelson ubicó cerca de sus piernas. Eso les daba puntos para ganar 100 dólares, premio que sería entregado al final del concurso.

Los demás participantes tenían que emular ese y otros desafíos como era el de experimentar nuevas posiciones sexuales. Esa prueba se la hacía en otro bar que se prestó para apoyar la iniciativa.

Allí, Loachamín se arriesgó a quitarse la camisa.

Si se atrevía a sacarse más prendas, acumulaba más puntos. Collaguazo, en cambio, se subió a un columpio. Los dos fingieron que estaban en la intimidad y practicaron una escena digna de una película porno.

La velada continuó hasta pasadas las 22:00. Todos los concursantes recorrieron los lugares señalados en sus cartillas y llegaron a una discoteca donde se elegiría a los ganadores.

Los premios incluyeron juguetes para adultos y dinero, aunque el esfuerzo de Rocío y Nelson no fue recompensado.

Sin embargo, ellos no se amargaron. La noche la culminarían farreando, en uno de los bares en los que participaron.

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