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La tejedora de La Alborada que sueña con contactar a Mattel

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13 mar 2018 / 00:00 H.

Sentada en una banca de metal fuera de un supermercado, en medio del ruido del ajetreado día en La Alborada, Patricia Jara teje, impasible. Con sus manos quemadas por el sol, moviendo una agujeta, va dando forma a un gorro para niño. Junto a ella, posa una muñeca Barbie con un traje también de su creación.

Delgada, de pelo cano y con lentes, Patricia es conocida en la zona. Quienes circulan por ahí, saben que cuando se pregunta por la tejedora, se pregunta por ella. Atenta y casi siempre con una sonrisa, en esa misma banca diseña a diario blusas, shorts, bikinis, y todo tipo de prendas para humanos y muñecos. Su talento ha trascendido incluso a las redes sociales.

La calle es la vitrina para exponer sus diseños. Su lema de vida es que “los artesanos y artistas son libres” y dice enérgica que no teme a los municipales. Cuenta que en varias ocasiones la han echado de los parques de la ciudad, y sin miedo los ha enfrentado, asegurándoles que no hace daño a nadie, que —al contrario— promueve la cultura.

Oriunda de Riobamba, soltera y sin hijos, Patricia se define como sencilla y humilde. Siempre dispuesta a contar su historia, la ‘peregrina’ —como muchos la conocen— cuenta que vive en Guayaquil desde muy pequeña, cuando sus padres, un joyero y una tejedora, llegaron a la ciudad en búsqueda de mejores oportunidades de trabajo.

Fue justamente su madre quien le enseñó el oficio de tejedora, cuando tenía apenas 6 años de edad. Ya entonces creaba con sus propias manos las prendas para vestir a sus muñecas; mientras su madre hacía, en cambio, ropa para ella y sus hermanos.

Hoy, más de 50 años después, recuerda esta etapa con alegría y habla de uno de sus más grandes sueños: contactar a Mattel, la empresa creadora de la famosa Barbie. De hecho, empezó a escribir una carta a la compañía, aunque ahora se encuentra en pausa pues su prioridad es atender los pedidos de sus clientes.

Los precios de sus prendas dependen de lo complejo de la elaboración, y van desde los $2 hasta los $5. “Seguiré con esto de largo hasta que Dios me provea de una mejor situación económica”, menciona, mientras continua tejiendo el gorro rojo con el que hará feliz a un niño de tres años.

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