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¿Eres perfeccionista u obsesivo?

17 may 2018 / 00:01 H.

Normalmente, el que hace las tareas bien y con pulcritud es visto ante los demás como sobresaliente. Aparentemente, el perfeccionamiento nos ayuda a obtener mejores cosas. Pero, cuanto más sea la necesidad de conseguir algo, más expuestos estamos a la insatisfacción.

Según expertos, las personas que traspasan la línea de la perfección y excelencia, con el tiempo padecen trastornos de obsesión y compulsión. Manías, ansiedad y rituales caracterizan a una persona con este tipo de trastornos. Lo más curioso: quizás para el trastornado estos comportamientos sean normales, sin saber que existe un problema de personalidad.

La psicóloga Cecilia Chávez comenta que hay ciertos rasgos que poseen las personas perfeccionistas que hasta cierto punto son aceptadas en el entorno. Ella dice que ser meticuloso no es malo, incluso es positivo poder incentivar la excelencia en los demás.

Según la especialista, el problema radica en quienes buscan la perfección a toda costa. Por lo general, ellos buscan agradar, criticar, apuntar a lo grande y sienten que nada es suficiente. La situación puede tornarse peligrosa cuando estos rasgos se vuelven frecuentes y pocos controlables.

Jenny Sornoza, terapeuta, dice que existe un evolución considerable en los síntomas o comportamientos. “Llega un momento en el deja de ser un trastorno de personalidad y se convierte en identidad clínica”, asegura la experta. Agrega que una persona que padece de trastornos obsesivos siempre quiere mandar y controlar. Por ejemplo, en el caso de la limpieza, el trastornado obligará a que las personas a su alrededor constantemente limpien su lugar, sin importar que tanto desestabilice a su entorno.

Ella dice que primero se presenta la obsesión (pensamientos) y luego la compulsión (hechos). Viéndolo desde el aspecto psicológico asegura que algunas conductas pueden ser adoptadas desde el ambiente intrafamiliar. El trastornado mira las cosas con exageración, en el caso del desorden y esto provoca una desestabilización en su tranquilidad.

Chávez acota que hay un gran diferencia entre estos dos tipos de personas: el perfeccionista logra satisfacción, aspecto que no obtiene jamás un trastornado. “Alguien que tiene obsesión no tiene felicidad ni satisfacción”, dice la especialista. Pone come ejemplo a un estudiante que por querer cumplir con excelencia una tarea deba repetir y romper miles de hojas porque —en su cabeza— no logra “la cima de la perfección”. Pero, la realidad es que ese acto ya es parte de un trastorno de obsesión y compulsión.

Para Sornoza, se deben reconocer los criterios de normalidad y los anormales. Las conductas de trastornos obsesivos salen de la norma, pues impiden el desarrollo armonioso en el área en que se encuentre. Se trata de problemas patológicos que deben ser tratados.

Otro punto clave para identificar un perfeccionista es que suele presentar etapas de ansiedad que se superan con rapidez; en cambio, el obsesionado tienes episodios todo el tiempo y niega estar equivocado de su conducta. Además, la persona que tiene obsesiones adopta rituales para cada aspecto de su vida.

Por último, las expertas aseguran que está dentro de lo normal querer perfección en lo que se hace, porque rasgos de pulcritud los tiene todos. Pero es un problema cuando la frecuencia por el perfeccionamiento se vuelve obsesión y no hay sentimiento de satisfacción que atenúe ese comportamiento. La recomendación: realizarse un autoanálisis y asistir a terapias, porque el origen podría recaer en ejemplos antes vistos en la famila.

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