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El cambio se forja con boxeo

Ecuador ·
I
05 dic 2017 / 14:00 H.

Emilio y Leo se miran como si fueran a devorarse. Sus ojos están inyectados de furia, pero ambos son almas apacibles. Los puños de Emilio están enfundados en guantes rojos, los de Leo en unos negros. Están en posición de combate, una pierna delante de la otra. Encorvan sus cuerpos perfilados y se protegen la cara con los brazos flexionados. Ya se van a dar: “¡No te quedes metido! ¡El jab (golpe largo) por delante, los brazos por delante o te va a entrar el golpe!”, grita el entrenador Carlos Gordillo.

Emilio tiene 24 años, mide 1.56 y pesa 51,4 kilogramos. Leo, de 22, mide 1.62 y pesa 75.6 kg. Se mueven rápido sobre una colchoneta negra que quema los pies por los rayos del sol de mediodía que atraviesan el domo de un gimnasio del norte de Quito.

Uno lanza un gancho sobre la mandíbula de su oponente, mientras el otro contraataca el abdomen de su rival con un poderoso golpe, aprovechando la guardia abierta. La coreografía de puñetazos dura tres minutos, pero el sudor ya baña su frente, su sien.

Emilio y Leo entrenan box. Hasta hace unos años, ellos no eran ellos, sino ellas: mujeres. Ahora, este deporte se convirtió en una herramienta para cumplir su objetivo: masculinizar su cuerpo, transformarse en hombres.

Ambos, junto a cinco jóvenes más, integran la Fraternidad Transmasculina (FTM) Ecuador que nació en 2015. A inicios de este año, de la mano con la fundación Proyecto Transgénero, impulsaron un programa deportivo que empezó con ‘FTM Boxers’, que combina clases de boxeo con una serie fotográfica que se inauguró el pasado 27 de noviembre en el Consejo Nacional Electoral.

“Lo que no se ve, no existe. Fuimos al Ministerio del Deporte y, como no tenemos pares para competencia, somos relegados en todo sentido”, dice Bruce Pinos, miembro del colectivo. Acceder al gimnasio, a una práctica para intercambiar quiños, es su “medio de escape”. Es la posibilidad de definir sus cuerpos “cultural y físicamente” sin ser desplazados. “Tenemos frustraciones, este es un espacio donde estamos tranquilos y en confianza, afuera el mundo cambia. Aquí le damos un gancho a los problemas”, reconoce Bruce, de 33 años y quien empezó su proceso de transición hace dos.

Hormonas sin vigilancia médica

Desde hace nueve meses, cinco integrantes de FTM entrenan gratuitamente dos veces por semana. Gordillo explica que ellos buscan moldear pectorales, piernas, brazos, espalda. Y para lograrlo el esfuerzo físico es absoluto... Por ejemplo, actualmente, su rutina incluye levantamiento de barras con pesas de 60 kg por lado: 120 kilos en total. El doble del propio peso de algunos de ellos.

Elizabeth Vásquez, directora de Proyecto Transgénero, señala que el programa demuestra a la sociedad las necesidades de los hombres trans en su proceso de cambio: salud, deporte y cultura. Esto también sostiene la transición natural que complementa la sintética que se hace con hormonización.

Los transmasculinos se administran hormonas, muchos sin seguimiento médico, lo cual puede implicar complicaciones en su salud. “Ellos segregan estrógeno (hormonas femeninas), pero se inyectan testosterona (hormona masculina) que genera cambios de humor fuertes, como ira y depresión”, señala Gordillo.

“El box ha servido para sacarnos el aire, te quedas liviano, con ganas de irte a acostar”, reconoce Emilio. Él se asumió como trans a los 17, pero se hormoniza hace dos años. “Con la testo soy más hiperactivo de lo normal, hacer ejercicio fue la mejor opción”.

El barbudo estudiante de psicología cuenta con la supervisión de un endocrinólogo en su proceso, tiene chequeos médicos cada seis meses y se inyecta cada 15 días.

Dereck tiene 20 años y se automedica desde hace un año y medio. “No todos tenemos acceso a seguimiento médico, lo he hecho empíricamente, no me he hecho chequeos, no sé cómo estaré”, dice después de una jornada de más de una hora de entrenamiento.

El chico, delgado y de cabello negro, se suministra cada 16 días. Por una dosis de testosterona paga 4 dólares en la farmacia. La hormona, según la calidad, puede llegar a costar $ 50,00. “Mi papá está haciendo lo imposible para operarme. La mastectomía cuesta 2.500 dólares con un cirujano garantizado”.

Una población invisibilizada

Generalmente, los jóvenes transmasculinos no cuentan con una ruta clara sobre cómo hacer la metamorfosis del cuerpo de mujer a hombre. Vásquez describe que hay quienes se masculinizan durante unos meses, pero sin el seguimiento ni subvención del Estado.

Lo que existe es un Manual de atención en salud para personas lesbianas, gais, bisexuales, transgéneros e intersexuales (LGBTI), desarrollado por el Ministerio de Salud Pública (MSP) y vigente desde 2016, “cuyo cumplimiento es obligatorio y aplica para todo el sistema nacional de salud (público y privado)”.

En el documento se expone una serie de recomendaciones sobre atención a personas trans; y en el caso de los masculinos se sugiere básicamente evaluar y prevenir “el cáncer de cuello de útero y mamas”.

En el informe sobre la situación de Derechos Humanos de la población trans, elaborado por el Consejo para la Igualdad de Género (2017), se apunta que las dificultades de este colectivo para acceder a servicios de salud radica en la discriminación, exclusión y violencia sufrida en este ámbito, pues más del 60 % de la población ha vivido esas experiencias; además, “los centros de salud no brindan todos los servicios que se demandan”.

Bruce reclama por hormonización y operaciones como la mastectomía, pero dice que existe negativa porque esto es considerado un asunto estético. En efecto, en el caso de las transiciones corporales de mujer a hombre el Estado no subvenciona ni facilita las extirpaciones de los senos, terapias hormonales, histerectomías (extirpación de útero y ovarios) y la faloplastia (reconstrucción de pene).

“Al principio, el proceso da miedo, por los cambios que se ven”, comenta Leo, quien inició la transformación en febrero. “La adrenalina sube, el calor es insoportable en la noche, hay ira, y el box es un buen ejercicio para descargar, controlarse y como autodefensa”. Después del entrenamiento tiene los nudillos lastimados.

Como boxeadores aprenden a evitar que los golpes del rival causen daño, a mantener la guardia arriba, a protegerse. Sucede que para ellos, la vida suele ser un ‘ring’ de boxeo.

El experto

“La automedicación puede alterar el organismo”

¿Qué implica un proceso de transición de femenino a masculino?

Cuando una persona nació como mujer, pero se siente y percibe como un hombre debe iniciar la transición lo más pronto: en la niñez, para disminuir las afectaciones psicobiológicas. Mientras más temprano, más beneficioso. El proceso implica una transición social: corte de pelo, ropa masculina... Es importante el acompañamiento psicológico para facilitar el proceso. Después, en la adolescencia, mediante fármacos se inhibe la producción de estrógeno y se evita el desarrollo de mamas, maduración de ovarios, útero y menstruación. Luego, en función de hormonas masculinas, se masculinizará el cuerpo de la persona y aparecerá vello, engrosamiento de la voz y aumento de la masa muscular.

¿Cuáles son los perjuicios de auto-administrarse testosterona?

La administración requiere supervisión de un médico. Uno de los errores es la automedicación que puede generar alteraciones como menopausia adelantada, afectaciones en hígado o riñones. También hay cambios psíquicos: agresividad, dificultad en el manejo de emociones, aumento de la libido.

¿Cuáles son los beneficios de hacer deporte en un proceso de transición?

Es extremadamente recomendado. Además del moldeamiento corporal, genera un bienestar por la producción de endorfinas. En ese tipo de espacios se cuenta con acompañamiento de otras personas que viven situaciones similares y ello disminuye la necesidad de acompañamiento psicológico, se orientan unos a otros.

¿Cuánto puede costar una transición?

El proceso de hormonización no es costoso. Pero si se quiere una reasignación sexual, esta puede costar entre 20.000 y 50.000 dólares y no se practica en Ecuador.

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