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“Vi a Messi, mis nietos me tendrán que creer”

Rusia ·
D
13 jul 2018 / 12:00 H.

Vivir el Mundial es una experiencia única, inolvidable para los muchos aficionados que colapsaron Rusia durante este último mes. Sentirlo y palparlo desde dentro debe serlo mucho más. Lo puede contar Darío Alejandro Arroyo Tello, el único ecuatoriano que saltó a la cancha en la primera semifinal entre Francia y Bélgica, el pasado martes en el Kretovski Stadium de San Petersburgo. Unos momentos que ahora recuerda con mucha emoción imaginando cuando dentro de unos años se lo pueda relatar a sus hijos o nietos.

Este quiteño, de 45 años, ha pasado unas semanas de mucho disfrute como voluntario en el departamento de linguística de la FIFA, pese a que la oportunidad llegó por una decepción. “Me imaginaba un Mundial con Ecuador, sobre todo porque la primera parte de las eliminatorias iban segundos”, cuenta a Diario EXTRA. Entonces se le ocurrió buscar la manera de entrar al equipo de linguística del organismo internacional, soñando con “ayudar a la TRI como traductor o de alguna forma”.

Él habla perfectamente ruso, inglés y español, ya que llegó a San Petersburgo, la que ya es su ciudad, en 1995 para estudiar su carrera y hoy, entre otras cosas, es guía turístico. Desde entonces, salvo dos años en los que regresó a Ecuador, ha vivido en el norte del país soviético. “Ecuador fue cayendo y fue una gran decepción para mí. Me dolió mucho, por ellos me había animado a hacer las pruebas”, en las que finalmente le aceptaron. Pensó: ‘Me gusta ayudar a la gente a conocer la ciudad, qué mejor que hacerlo también en una fiesta como el Mundial, aunque no esté mi país’. Y no se equivocó.

Dos años después, ha vivido una Copa Confederaciones y un Mundial que le han dejado grandes experiencias y recuerdos que guardará para siempre. “Mis nietos me tendrán que creer, porque no tengo fotos, ya que la FIFA nos hace firmar un contrato de confidencialidad y exclusividad”, manifiesta un tanto apenado, aunque motivado por el aprendizaje que deja a sus hijos, la razón de que cada día luche por su trabajo: “Si esto les sirve para ver que los idiomas sirven, que hay que estudiar y trabajar para tener grandes experiencias, ya estaré muy satisfecho”.

En este mes ha conocido a Giani Infantino, presidente de FIFA; Maradona y a Messi, dos de los futbolistas más buscados del mundo y, por supuesto, de la cita mundialista. Al segundo lo tuvo “a dos metros”, aunque se le escapó por poco. “Me pareció un poco altivo, debía parar en zona mixta y yo traducir sus respuestas, pero todos los argentinos (futbolistas) pasaron con la nariz alta. Un personaje público debería ser más cercano y humilde, pero solo se paró con un amigo periodista argentino y allí fue cuando lo tuve tan cerca”, relata a este diario.

Otra gran vivencia, sin duda, fue la de formar parte de la ceremonia de inauguración de la primera semifinal. Segundos antes de que los jugadores salten a la cancha en el centro del campo se despliega una bandera gigante de cada país participante. En ese caso, Francia y Bélgica. Portando esta última estaba Darío, emocionado y un tanto nervioso porque “estás en el centro, el estadio está lleno y sabes que todas las miradas están puestas en uno y todo debe salir perfecto”.

Superada la presión, disfrutó muchísimo de esos minutos como protagonista de la fiesta del fútbol mundial. “No importa que no te paguen ni un centavo, solo recibir un gracias o una sonrisa son un premio enorme y una anécdota para contar”, insiste, soñando con relatar estas historias dentro de unos años a todos sus familiares. Ese agradecimiento no es solo por el lado futbolístico. Celebra también “conocer tanta gente, voluntarios de todo el mundo” a los que les llevó a conocer la discoteca latina de la ciudad para bailar salsa, merengue y cumbia. Antes de las despedidas, volverá a sentir el cosquilleo mañana con el duelo por el tercer y cuarto puesto, su última cita en el Mundial de Rusia 2018.

Una vida en San Petersburgo, hace ya más de dos décadas

Darío es un experto de Rusia. Un país que describe como abierto y con ciudadanos muy amables, por lo que insiste en desmontar el mito que “venden en la televisión”. Él vive feliz en el norte de este enorme país al que llegó gracias a una beca hace más de 20 años. Aquel momento que cambió su vida nunca lo olvidará.

“Estaba estudiando la preparatoria para entrar a primer año en Ecuador y un buen día regresé a mi casa. Mi papá me dijo: ‘¿Sabes qué, tengo una buena noticia y una mala’. La buena era que había sido seleccionado para viajar a Rusia becado, la mala que era en solo una semana”.

Aunque regresó entre 2002 y 2004 a casa, los recuerdos rusos le martillaban la cabeza y lo empujaban a volver. Se lanzó al vacío. Ayudado por un amigo colombiano fue creciendo. Pasó de camarero a importar flores de Ecuador, hasta llegar a una empresa de importación de café colombiano donde hoy trabaja como gerente de producción, al mismo tiempo que enseña su ciudad como guía.

Divorciado hace seis meses de la madre de sus dos hijos, disfruta de Rusia al tiempo que extraña a su familia y la comida ecuatoriana. En sus planes no está regresar por el momento, sino seguir disfrutando tan apasionadamente su vida en el este europeo.

Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.extra.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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