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La noche del sábado, previo al Día del Padre, será inolvidable para los que asistieron al coliseo Voltaire Paladines Polo para disfrutar de un triple concierto que comenzó a las 20:30 y duró hasta la 01:30 de la madrugada. Los 3 “monstruos” que se presentaron no ahorraron esfuerzos, garganta ni tiempo para hacer gozar a los fans de la buena música que llenaron el amplio escenario.
Representando a Puerto Rico estuvo Gilberto Santa Rosa, Luis Enrique a Nicaragua y a Colombia con ritmo de vallenato Jean Carlos Centeno, quien cerró con broche de oro el megaevento.
Cada artista dio un espectáculo de hora y media, acompañados por sus respectivas bandas. A las 20:30 apareció “El caballero de la salsa”, quien lució sin bigotes (tomando un extraño parecido a un joven Gino Molinari) y más delgado. Santa Rosa no sólo cantó la mayoría de sus éxitos como: Conciencia, Perdóname (con la que hizo un remix con Lo grande que es perdonar), Mentira, Conteo regresivo, entre otras, sino que también interpretó Nuestro juramento, de Julio Jaramillo. El boricua se tuvo que secar el sudor con sus manos y aunque cantó como un ángel, la gente pedía a gritos que canté su éxito Sin voluntad que a juicio de todos fue el único que le faltó, lo que dejó “picados” a muchos.
Aproximadamente a las 22:30 llegó como un huracán Luis Enrique, y es que después de la tremenda actuación que dio Gilberto no se quiso quedar atrás. “Lucho” como algunos le gritaban se lució.
El intérprete de Yo no sé mañana estuvo acompañado, lo mismo que Santa Rosa, de un excelente grupo de bailarines que fueron un elegante complemento de sus presentaciones.
Luis Enrique, además de entonar sus temas más “pegados”, bailó de manera sensual, tocó la guitarra y la batería.
Y para finalizar la guerra de estrellas, donde el beneficiado fue el público, subió a la tarima Jean Carlos Centeno, quien atrapó con su voz a los corazones solitarios y despechados. Al vallenatero no sólo las mujeres le lanzaban piropos, sino que también los hombres le mostraron su cariño: “te quiero”, “eres lo máximo”, gritaban guayaquileños y “paisas” que se amanecieron en el coliseo con el artista colombiano.
Pocas veces Guayaquil ha vivido un concierto tan completo y donde los artistas no vayan solo por cumplir, sino que se entreguen a su público de la manera en que lo hicieron los tres “monstruos”.
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