Refleja una sonrisa angelical. Su sencillez y forma de llegar a la gente deja a más de uno asombrado. Con solo tocar a una persona, ella dice saber si padece o no de una enfermedad y con oraciones alivia el dolor del necesitado. “María José” es una joven de 17 años, de pocas palabras y actitud humilde. Todos hablan de ella en la provincia de Manabí, específicamente en el sector San Rafael y Manuel Molina, de la parroquia San Pablo de Portoviejo.
La muchacha, a quien sus familiares llaman cariñosamente “Fresita”, fue consagrada al Evangelio hace ocho días. Según Luis Rosales Bravo, pastor evangélico de la iglesia La Hermandad de la Libertad, en la península de Santa Elena, “desde entonces ha empezado a curar al enfermo y al tocar a las personas revela sus secretos y saca sus partes oscuras”, dejando asombrado al propio protagonista de su historia.
La casa de los abuelitos de esta niña es ahora un centro de oración. Muchos llegan en busca de una sanación para sus males y algunos salen contentos y aliviados. Otros llegan en sillas de ruedas y aseguran que se van caminando. Por las noches, una gran concentración de personas se ubica frente a su humilde vivienda. Son cientos de ciudadanos, entre niños, mujeres y ancianos, que llegan en busca de una oración y para conocer a la que han denominado la “Niña Milagrosa”.
Aquí no se cobra un solo centavo por la atención, solo se pide una oración al Todopoderoso por las almas que acuden a ella. “Solo las personas que vienen con fe salen curadas de este lugar. El que no tiene fe y viene por curiosidad no es tocado por las manos divinas del Señor”, dijo María José.
Las curaciones son totalmente gratuitas. Ella alivia las dolencias junto a diez Hermanos en Cristo, que con oraciones y Biblias en mano rezan, mientras la joven, con sus frágiles manos, recorre todo el cuerpo del afectado y aparentemente expulsa fuerzas negativas. Luego sale de la casa y simulando llevar algo entre sus manos, lo arroja hacia la calle.
Sorprendente llegada de Extra
EXTRA se enteró del fenómeno que ocurría en una de las parroquias más peligrosas de Portoviejo. Debido a que los contactos nos recomendaron no ir solos a la parroquia San Pablo, acudimos al destacamento policial de la provincia y solicitamos resguardo. Así conocimos de cerca los supuestos milagros y anécdotas de los vecinos.
Al llegar a casa de la pequeña sanadora y milagrosa, los asistentes nos dieron una cálida bienvenida: “Aleluya, llegaron los de EXTRA, lo estábamos esperando, sabíamos que ustedes a esta hora iban a venir a esta casa, Dios los trajo y Él nos avisó de su visita”, dijo el pastor Luis Rosales.
Mientras dialogábamos con los Hermanos en Cristo, Alfredo Cusme y Luis Rosales Bravo, esperamos un buen rato a que despertara la joven, ya que estaba muy cansada por los cientos de enfermos que habían llegado en busca de sanación. Sus familiares nos pusieron al tanto del caso y comentaron cómo había empezado la niña a encontrar sus dotes de “sanadora y enviada de Cristo”.
Al fin salió María José. Llevaba puesta una falda que le llegaba a las rodillas, blusa blanca mangas largas y un enorme lazo del mismo color que resaltaba en su hermosa cabellera. Después de una corta conversación, ella se levantó con la mirada fija en nuestro colaborador Carlos Julio Mero. Había algo en él que la inquietaba y pasó sus manos en casi todo su cuerpo. Luego lo invitó a sentarse y a orar, después le habló al oído y a medida que pasaba el tiempo las ansias de la muchacha de saber lo que le inquietaba eran más fuertes.
Dio varias vueltas a su alrededor hasta que se dio cuenta de que en las zapatillas de Carlos Julio, bajo las plantas de sus pies estaba dibujado un cráneo de color rojo con dos lanzas cruzadas en forma de colas diabólicas. Según la muchacha, esto significa la muerte y llama a la desgracia transmitiendo energías negativas.
Lo raro de todo esto fue que nuestro compañero, desde que compró las sandalias hace siete meses, no se había dado cuenta de la figura de sus zapatillas, las cuales fueron sacadas de inmediato y quemadas en casa de la supuesta sanadora. Carlos Julio regresó a Manta descalzo y muy preocupado ante las revelaciones que le hiciera la niña sanadora.
“Me tocó y me hizo cerrar los ojos, sentí algo extraño, me hizo llorar y derramé lágrimas. Todos fueron testigos de eso, me dio mucho miedo, pero a la vez me sentí como liberado y aliviado”, comentó Mero.
Cuando pensaba que todo había terminado y que nuestro trabajo había concluido con éxito, María José se acercó a mí y me dijo: “Tú tienes una dolencia, ¿Puedo tocarte?”. Al principio intenté negarme, pero al final lo acepté. Tenía una dolencia gástrica y ella empezó a tocarme. Me invitó a cerrar los ojos, mi cuerpo comenzó a sudar, mis ojos a llenarse de lágrimas y mis oídos escuchaban una suave melodía de música cristiana.
Alrededor, varias personas oraban por mí; unas gritaban en aquel estrecho lugar, otras lloraban mientras la muchacha tocaba mi abdomen una y otra vez. Sentí desmayar y mi cabeza empezó a dar vueltas como transportándome a otra dimensión.
Luego de ese episodio, que seguramente recordaré siempre, llegaron las recomendaciones de la supuesta enviada de Dios, quien dijo que “Ecuador es uno de los países que Dios ha escogido en estos últimos tiempos para su salvación y será uno de los más nombrados espiritualmente a nivel mundial”.
María José, estudiante del colegio Simón Bolívar de Portoviejo, está en sexto curso y es la mejor estudiante del plantel. Es la mayor de tres hermanos, su madre murió hace muchos años. Ellos fueron criados por su abuela materna.
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