Cuando me dijeron que debía ir a Tababela porque una vaquita había parido mellizos, no lo podía creer.
Luego de una hora de viaje, llegamos a esta parroquia, ubicada al nororiente de Quito, y mientras buscábamos la casa de Jorge Sánchez, vimos a la vaca, y ahora sí me retracto de haber dicho una vaquita, pues se trataba de una vacota, con unas ubres tan grandes que parecen sacadas de un cuento de gigantes. El animal estaba cansado, ya que a duras penas alcanzaba a levantar su cabeza para mirar a quienes venían a visitarla.
Los hermosos hermanos
En un pequeño corral, bajo la sombra, estaban los dos terneros con apenas un día de nacidos. Son de color caramelo, de raza Gry, igual a su padre, un semental brasileño de quien se habían tomado los espermas para inseminar a “Marina”, nombre con la que don Jorge había bautizado a su vaca desde muy pequeña.
Al mirar a las crías, vimos claramente que eran idénticas. Lo único que distinguía a “Edú” de “Princesa” era una manchita, en forma de gota, ubicada en la cabeza.
Sesenta dólares costó la inseminación artificial, un método al que ahora acceden los ganaderos por la dificultad que existe de encontrar un buen macho para sus hembras y cada vez mejorar la raza.
Lo extraño de este caso, cuenta la veterinaria Gabriela Sánchez, “es que hayan nacido mellizos, pues el método se lo practica casi a diario en cientos de fincas y haciendas en el país y es la primera vez que salen dos crías y lo mejor: hembra y macho”.
Sánchez, quien además es hija de Jorge, dice que han existido casos de nacimientos de dos terneritos de un mismo vientre, “pero siempre uno de los dos nace deforme, enfermo o sin partes de su cuerpo, por lo que el hecho de que los mellizos estén muy bien, robustos y hasta dando sus primeros pasos, es un verdadero milagro”.
El parto
El parto había durado un poco más de una hora, toda la familia estuvo reunida ayudando a que la pobre vaca pariera, incluso los más pequeñitos de la casa miraban asombrados, pues la vaca tenía unas ubres tan gigantes que tranquilamente se la podría confundir con la panza de cualquier otro animal.
Según la familia, ellos nunca imaginaron que se trataba de dos crías dentro de ese enorme vientre, ni siquiera el veterinario que ayuda a controlar a los animales de la casa y que fue el encargado de la inseminación artificial lo sospechaba. Pero mientras ayudaban a “Marina” a sacar al que creían su único ternero vieron sorprendidos que ella tenía todavía el vientre abultado y que por allí asomaban dos pares de patas extras. Solo entonces se dieron cuenta del milagro que estaba sucediendo en el patio de su casa.
Sin leche
Gabriela contó además que hasta dos semanas antes del alumbramiento a “Marina” no le había brotado leche y sus ubres eran tan pequeñitas que parecía que ni siquiera estaba preñada.
Dice que en la casa esa era una preocupación, pues veían la enorme panza, pero nada de leche y pensaban cómo amamantaría la novel madre a su primera cría y no había respuestas para aquello.
Pero fue precisamente unos días después que “Marina” apareció en el potrero con unas ubres tan grandes que sí podrá alimentar a sus hijos, aunque no completamente.
Por eso los criarán como a un bebé humano dándoles leche de fórmula en biberones que aún no compraban, pero que serán de tamaño familiar para que los niños de la casa complementen su alimentación de leche materna con leche en polvo.
Amamantados
Y hablando del tema, la hora de comer había llegado. Don Jorge arreó a “Marina” hasta el corral donde estaban descansando sus terneros. Ese fue un capítulo aparte, pues cuando “Marina” alcanzó a ver a sus “chicos” dentro de las tablas comenzó a mugir y aunque parece increíble los veía con unos ojos de ternura.
Respondiendo al grito de la madre, las crías mugían suavecito, como si se tratase de un bebé cuando llora reclamando el pecho de su madre. “Marina” los lamía tiernamente, cerraba sus ojos como sintiendo cada caricia dada y recibida y respondía con mugidos a su llamado.
Los terneritos ansiosos comenzaron a succionar las ubres, y aunque se notaba que a “Marina” le dolía mucho, ella prefería aguantar para poder darles de comer.
En países como Argentina se han dado casos como este. Sin embargo, en Ecuador es la primera vez que un hecho así queda registrado.
Según la página web www.produccion-animal.com.ar, especializada en ganado vacuno, una vaca que haya tenido en su primer parto mellizos o gemelos tiene de tres a cuatro veces más la posibilidad de volver a tener partos múltiples que otras vacas.
En Tababela el suceso fue toda una novedad, por lo que vecinos y parientes de los Sánchez pasaban por su morada viendo a los recién nacidos y congratulándose con la suerte de don Jorge, un personaje muy conocido en el sector y que ahora, sin duda, tendrá mucha más popularidad por la bendición que recibió en su casa.
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