Todos los casos de asesinatos de mujeres expuestos por EXTRA en los últimos dos años tienen similares características. Los agresores están entre 30 y 35 años, mientras que las víctimas oscilantes entre los 25 y 30, atacadas a puñaladas y armas de fuego.
Como causa común, en el 67% de los casos aparece la inseguridad, transformada en celos que desatan los hechos de violencia. Le siguen la negativa de reiniciar una relación marital.
Pero por qué ese romanticismo, esas caricias del inicio de una relación amorosa se convierten en desamor, desencanto, desilusión, gritos, insultos, golpes hasta causar la muerte.
Varios profesionales que de una u otra manera han estado involucrados en la problemática exponen sus puntos de vista.
Para la abogada Beatriz Bordes de Gebert, presidenta de la Fundación María Guare, ONG de apoyo a dos Comisarías de la Mujer en Guayaquil, el problema se debe a que la sociedad enseñó al hombre a actuar con violencia.
Bordes de Gebert, presidenta de la entidad que lleva dos décadas involucrada en la problemática social de agresiones familiares, sostiene que este tema es tan grave y que poco ha cambiado en los últimos años.
Retrocediendo en el tiempo, precisó que hace unos años existían este tipo de problemas, pero no se denunciaban, porque las mujeres no podían hacerlo y eran mal vistas si lo ejecutaban. Si lo hacían era por intermedio de una tercera persona, una abogada. “Eran objeto de burla, cháchara y se pensaba que porque ellas iban a denunciar ocasionaban la problemática dentro de la casa”.
Esto es un efecto cultural. “Son concepciones que se tienen y que pasan de generación en generación. Si una mujer vive en una casa donde hay sumisión de parte de su madre y hay imposición y violencia de parte del progenitor, eso es lo que espera ella cuando se casa. Y el hombre, aunque de niño y adolescente rechaza eso, cuando se convierte en adulto y forma su hogar vuelven al patrón en el que vivió”, refirió la principal de la Fundación María Guare.
Las agresiones dentro de casa son un problema a nivel latinoamericano. “Hay países que tienen muchos problemas como el nuestro”.
De entre esos registros se reflejan que en Ecuador, Guayaquil es la ciudad donde más se genera violencia en las familias.
Otras de las causas, según expone la abogada Bordes, es el crecimiento desmesurado de la urbe, ocasionando graves problemas como la carencia de vivienda, de servicios básicos. “La falta de todo hace que muchas veces se den situaciones graves de violencia”, pero aclaró que no necesariamente la violencia se da en todas las familias de los estratos populares. Si le sumamos otros factores tenemos un “problema social muy grave”.
“No es un asunto de dinero, no es la pobreza, no es nada de eso, porque hay familias muy pobres que son felices. Son concepciones, comportamientos que los hemos arrastrado con el tiempo”, precisó la profesional.
Las familias han mantenido la tónica del machismo de hacer lo que el hombre desea. “No hay una comunicación en familia. Si no hay diálogo, no se puede tener una buena familia. Esta sociedad tiene que cambiar. Todo lo queremos solucionar con violencia. Aquí no hay educación social. No hay la cortesía”, refirió.
Esta problemática debe ser para nuestros gobernantes un SOS, porque hay graves situaciones de convivencia.
Falta de productividad
Para el sociólogo Galo Cervantes Coronel, director de la Escuela de Sociología de la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad de Guayaquil, hay que clasificar la violencia. Pero a nivel familiar hay que sumar el hecho de la transmisión de ciertos programas en algunos medios que incitan a la violencia, enseñando ciertos simbolismos a los jóvenes.
Entonces, si hay dificultades en los hogares y estos derivan en preocupaciones que alteran el carácter de las personas, condiciona a que la gente actúe como percibe su entorno.
Otro factor es el grado de pobreza en que viven. Cervantes asegura “que el 75% de la población ecuatoriana es pobre; otra cantidad que vive una pobreza camuflada y un 18% llega hasta la indigencia”.
Hay mucha gente que no gana nada y otras tienen para medio vivir y deben residir en casas precarias. “Tenemos viviendas sumamente estrechas y sin lo más elemental”, manifestó el experto comunitario.
Si la gente es pobre, no tiene las condiciones de vida adecuadas, sin los ingresos que permitan cubrir sus elementales necesidades, especialmente “parar la olla” y de paso tienen otra influencia agresiva propensa a entrar al círculo de violencia.
A eso hay que agregar el consumo de alcohol y droga. “Hemos estado haciendo una observación y sospechamos que aproximadamente el 60% de los jóvenes de entre 12 a 18 años fuma, ingiriendo alcohol y otras sustancias”, indicó.
Lo más grave es que de esta problemática se aprovechan los que fomentan “el sicariato que escoge a menores de edad, porque los llaman descartables”.
Si un menor vive en pobreza, sus padres no le brindan lo esencial, no lo controlan y alguien le ofrece dinero fácil, éste terminará tomando un camino equivocado y actuando con un falso poder.
“No se trata de que haya más policías resguardando, sino de que la gente tenga cómo vivir y alimentarse. Creemos que las grandes ciudades del Ecuador deben impulsar una política de producción las 24 horas. Se debe aprovechar la creatividad del hombre ecuatoriano y hacer microempresas productivas”.
Igual en los cantones
El consumo de alcohol se da a todo nivel. Fuera de la ciudad forma parte de la vida de la población.
En el cantón Samborondón, según lo explicó el fiscal René Astudillo, éste es el principal motivo que origina las agresiones denunciadas en la Fiscalía.
La mayoría de los casos son presentados los días lunes. “Acá los hombres trabajan de lunes a sábado y el domingo después que cobran se embriagan. Al volver a sus domicilios se producen las discordias”.
Lo peor es que la gran mayoría de mujeres no se deja y quiere reclamar respeto y por eso reciben amenazas.
“En casi todos los escritos, las denunciantes dejan sentado haber sido amenazadas de muerte por sus parejas”, señala el fiscal Astudillo.
Cuando afloran los celos
Para el doctor Fernando Delgado, director técnico del hospital psiquiátrico Lorenzo Ponce, el factor más importante que genera la violencia social e intrafamiliar es el abuso de sustancias psicóticas y el alcohol.
“Es muy cierto que nuestra sociedad en general, pero sobre todo los varones, tradicionalmente tienen una tendencia al consumo y abuso de sustancias psicóticas, sobre todo del alcohol, que es una droga lícita. No hay evento social en que no esté presente: nacimiento, bautizo, matrimonio, hasta en sepelios se bebe”, refirió Delgado.
Para el experto, el 5% de la población expuesta a la bebida tiene el potencial de desarrollar trastornos por su consumo. El alcohol es un factor multiplicador o potenciador de los comportamientos violentos.
Al ingresar al organismo, el alcohol produce primero euforia, exaltación afectiva y termina con un estado de estupor y provoca disminución del control de los impulsos, lo que favorece a los actos violentos. Pero estos también alborotan los celos e inseguridad de las personas.
Delgado sostiene que “es común que individuos que están bajo la influencia del alcohol recuerden alguna cosa que pasó con su congénere y se tornen violentos”.
Cuando las personas abusan del alcohol, éste puede ayudarlos a proyectar sus temores y más si han actuado inadecuadamente. Es decir, si un hombre recuerda haberse involucrado con alguna persona, mientras esté alcoholizado llega a pensar que su pareja actúa igual. Puede tener la impresión de que ella está haciendo algo parecido y ahí se alborotan los celos. Como sabe que llega tarde y tiene sus andadas, con el licor le aflora esa inseguridad y ahí quiere imponerse.
A esto hay que sumar que “desde el punto de vista cultural ha sido tradicional criar muy diferente al hombre y a la mujer. A las niñas se las orienta a la cocina, a limpiar las cosas, a atender al hombre. Al hombre se le da libertad y se lo incita a que tenga actitudes un poco liberales. Hasta se le aplaude que esté con una y con otra chica”, recalcó el médico.
Al respecto hay que considerar, según el doctor, que hay mujeres más estudiadas, provenientes de familias que las han criado para una superación profesional. Al unirse con un hombre criado con concepción tradicional esto también va a generar conflictos en la pareja.
Lo malo es que muchos hombres no aceptan ser alcohólicos y eso es otro problema. El doctor Delgado considera que “debería existir un mecanismo que conmine a los enfermos a recibir un tratamiento que ayude a resolver sus miedos”.
El hospital psiquiátrico tiene una unidad de asistencia a las personas con traumas y vicios.
Alcohol, el principal vehículo
“Es verdad que el asunto es cultural, pero como fenómeno social tiene muchos orígenes”, explicó el psiquiatra Roberto Echeverría, líder del área de Control y Demanda del Consejo Nacional de Control y Sustancias Estupefacientes y Psicotrópicas.
El machismo es uno de los orígenes de la violencia intrafamiliar. “Tenemos una sociedad violenta porque hay definitivamente un dominio ejercido desde una sociedad patriarcal. La sociedad nuestra se hizo basada en todas las necesidades del hombre y estas son necesidades de dominio”, precisó.
Pero cuando se vive esa violencia, tanto el joven como los adolescentes buscan el escape en las pandillas, en el alcohol, en las drogas que van de la mano con la violencia dentro y fuera de casa.
Echeverría reveló que “el consumo de alcohol es altísimo. Nuestra sociedad es muy consumidora de alcohol y ese es definitivamente un vehículo hacia la violencia familiar y social, los accidentes de tráfico y consumo de otras sustancias”.
Lo que preocupa al experto es que el alcohol es una bebida legal, que se consigue en cualquier tienda del barrio.
Todas las estadísticas que maneja el Consep “revelan que el consumo de alcohol es más precoz. En anteriores investigaciones, la edad de inicio al consumo estaba entre los 13 y 14 años. Ahora es desde los 12, según una investigación elaborada por esta entidad en 2008-2009 a nivel nacional.
Si seguimos así, el problema será mayor, porque hay una gran falta de control de los padres a sus hijos.
“Tenemos una nueva estructura familiar, ya no es como la de antes en que estaba el papá y la mamá. Tenemos una familia distinta”, aseveró.
Además del alcohol, el tráfico de sustancias ilegales de los barrios ha pasado a los colegios.
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