Guayaquil, lun 26/jul/10
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“El que viene a Milagro y no prueba la piña, es como el que se va a la Sierra y no come fritada”.

¡Qué rica piña tiene esta tierra!

El mercado Colón es el punto de encuentro donde decenas de comerciantes expenden el producto, que tiene gran acogida en todo el cantón y el país.

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Blanca Fajardo está convencida de que la piña que ella vende es la mejor del país. Con 32 años en este comercio, asegura que su producto “no se iguala a ninguno. Es dulce, tiene un aroma lindo y es apetitosa, más que todo la piña de Milagro es única en todo el Ecuador”, dijo.

En medio del típico olor que emana la fruta, alrededor de 20 comerciantes minoristas en el mercado Colón, ubicado en la avenida del mismo nombre, se esmeran por vender su producto.

Muchas personas, como el caso de Martín Granizo, llevan la piña verde a sus casas para curarse de las enfermedades.  “Me sirve para el colesterol, los triglicéridos, el azúcar en la sangre, y para mis riñones”, reveló.

A pesar de que la venta ha disminuido significativamente con el pasar de los años, hay ocasiones en que Blanca Fajardo logra vender hasta 100 piñas al día. En camiones, camionetas, triciclos, la gente llega proveniente de Roberto Astudillo, Naranjito y Bucay con grandes cargamentos de la fruta, mientras los comerciantes se apostan alrededor para, luego de separarlas por su porte, hacer negocio y llevarlas a sus puestos.

Al llegar al cantón, por la vía que lo une con Naranjito, se pueden divisar varios sembríos de esta planta, aunque en menor cantidad, ya que hasta hace apenas diez años, “la producción era mayor, actualmente hay ocasiones en que incluso el producto escasea”, añadió la comerciante.

Sin embargo, asegura que la piña de Milagro “es mejor que la de Santo Domingo y las de Quevedo, porque la de nosotros se pela y permanece fresca hasta cuatro horas, las otras como que se chupan”, expresó la mujer.
Al cruzar por las calles Seminario y García Moreno, centro del cantón, Ángel Mora está parado en la esquina con su triciclo y una vitrina de vidrio, en cuyo interior permanecen con varias fundas de hielo alrededor, decenas de rodajas de piña, actividad económica que ha realizado desde hace 12 años.

Pero no solo las vende en tajadas, también las ofrece en jugos y ensaladas de frutas. Su escaso valor económico (0.25 centavos de dólar) y la dulzura de su sabor en el paladar, deleita y hace que cualquier persona se detenga junto a él y “le hagan el gasto”.

En un solo día, Ángel aseguró que puede llegar a vender hasta 30 piñas, cada una en 1.50 dólares.

“He escuchado que es buena para el corazón y, hasta donde sé también es buena para la presión”, dijo el comerciante, que ya es muy conocido por la venta de piñas en dicho sector de la ciudad.

Es normal encontrar en varias partes del centro de Milagro, personas como Ángel con triciclos expendiendo el producto.

Mientras cortaba más rodajas y le agregaba azúcar al jugo, Ángel manifestó que “no hay nada mejor que comerse un pedazo de piña bien heladito”.
Con algo de humor,  el hombre indicó que “el que viene a Milagro y no prueba la piña, es como el que se va a la Sierra y no come fritada”.

Indicó que muchos comerciantes mayoristas de la Costa, Sierra, y hasta del Oriente, acuden al mercado para adquirir el producto y llevarlo a sus tierras.
En la parroquia Roberto Astudillo, perteneciente a Milagro, todos los años se realiza el concurso de la piña más grande, entre los piñacultores de la zona.
Para Marlon Ruiz, comerciante del mercado Colón, es lamentable que en Milagro no exista (así como para la caña) una empresa que explote la piña, que elabore conservas, enlatados, y que la promocione aún más fuera del país. Se conoce que, al menos en el Perú, la fruta es muy apetecida.

Y es que tanto se identifica Milagro con la fruta, que si camina por la intersección de las avenidas 17 de Septiembre y Chirijos existe un monumento a la piña, mientras que en el Parque Central, una réplica gigante da la bienvenida a todos quienes salen de la iglesia San Francisco de Asís, también ícono de este cantón.

Milagro, situada a 45 kilómetros de Guayaquil, cuenta con  al menos unos 200 mil habitantes, y siempre ha sido considerada una próspera zona agrícola, no solo por la producción y venta de la piña, sino también por la caña de azúcar, cacao y flores.

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