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Un nuevo técnico para la Selección
La federación Ecuatoriana de Fútbol anda buscando un nuevo técnico para la Selección Nacional. Su presidente, empeñado en la contratación del antiguo entrenador Hernán Darío Gómez, fracasó en su intento y ahora está decidido a contratar a un venezolano, entrenador de la selección de Honduras, a quien parece haber ofrecido un sueldo cercano a los cuarenta y cinco mil dólares mensuales, quince mil más de lo que éste gana en Honduras.
Entonces, habrá que preguntarse si ese entrenador es tan formidable que merece un salario extraordinario, cuando hay técnicos de brillantes trayectorias que podrían ser contratados por salarios bastante menores. Pero como la Federación Nacional cuenta con ingresos muy grandes, es posible que se haya metido en los dirigentes el morbo del indiscriminado despilfarro.
Después del último fracaso de la Selección que esta vez no pudo concurrir al Mundial de Sudáfrica, es necesario que los pasos que se den para volver al escenario mundialista sean los adecuados; y que los conducentes y sus dirigentes no se dejen tentar por hechos que no son los más apropiados para garantizar ese cometido.
La identidad de Guayaquil
Por Galo Cabanilla G.
La celebración de las recientes fiestas de Guayaquil que año tras año celebra esta urbe, durante el mes de julio, es un motivo especial de integración e identidad del puerto principal.
Como ciudad cosmopolita que es y en la cual viven personas de diferente origen nacional o extranjero, todo se funde a la hora de homenajear a la ciudad y disfrutar de un amplio abanico de programas festivos e inauguración de nuevas obras que mejoran las condiciones de vida de sus pobladores, fundamentalmente de las zonas más humildes.
El aporte de cada integrante de la población a las fiestas con su participación, creatividad y apoyo da un mayor realce a las mismas y lo integra, siendo a la vez un elemento activo y receptor de acontecimientos agradables que en su conjunto contribuyen a la elevación de la autoestima e identidad del guayaquileño.
A nuestro juicio, la competencia en ofrecer atractivos y festividades entre el Cabildo y el Gobierno al ciudadano de a pie, no le crea mayor problema de carácter ideológico ni lo traumatiza. A la hora de bailar con Gilberto Santarosa u otra orquesta popular, el hombre y mujer comunes no analizan la procedencia política de su contrato; simplemente bailan, se divierten y agradecen a la institución que los contrató, sin importar quién mismo fue.
Lo ideal sería que todas las actividades fueran organizadas en conjunto para que existiera racionalidad de esfuerzos y recursos. Pero, ¿quién ha dicho que la política es racional? Desgraciadamente, los conflictos políticos son lo más irracional que ha creado el hombre con su conducta.
Afortunadamente, por encima de lo conflictivo, las fiestas han sido un motivo de mucha complacencia ciudadana, de entusiasmo y de participación de la población mostrando lo mejor de Guayaquil.
Como ciudadano lo más apropiado que podemos decir es: gracias y un ¡Viva Guayaquil!
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