Guayaquil, jue 02/sep/10

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Editorial

Otro contrato con sobreprecio

El INEC resolvió no suscribir el contrato resuelto para la impresión del material que debía utilizar en el proceso para el censo poblacional de noviembre. Y lo ha hecho después de que gravísimas denuncias afirmaron que en ese contrato hay un sobreprecio de más de tres millones de dólares sobre seis y medio, valor total del contrato.

Un sobreprecio de este monto solo era posible con la complicidad de los funcionarios contratantes; y esa complicidad en un monto tan grande solo puede  determinarse mediante maniobras de corrupción que  habrían ablandado las exigencias del contrato y era posible su costo.

Con la decisión del INEC, al parecer, se producirá el famoso devuelve, devuelve, cuando el negociado, si de verdad lo hubo,  resulta fallido y quienes se habrían beneficiado indebidamente, si esto hubiera ocurrido, deben enfrentarse a la circunstancia de extraer de sus bolsillos el dinero mal habido. Claro que si los funcionarios no lo quisieran devolver, quien perdería será el contratista porque no podrá reclamarlo por ninguna vía. Pero, además, podría demandar al INEC el pago de los trabajos que ya efectuó, en la seguridad de que el contrato se firmaría, sin ningún contratiempo, luego de suscrito el contrato.

Leyes que protegen al delincuente

A la delincuencia nadie la detiene. Los hampones hacen su agosto en todos los meses del año. Antes eran las ciudades grandes, Guayaquil, Quito, Cuenca las que estaban asediadas por los delincuentes. Hoy, el crimen recorre todo el país. El delito ha adoptado manifestaciones tan graves que demuestran que la perversidad, la crueldad, el ensañamiento y la alevosía caracterizan los distintos tipos de delitos.

Aquel pensamiento de Hobbes “El hombre es el lobo del hombre” en pleno siglo XXI ha tomado carta de naturalización.

Hasta que no haya por parte del Estado, no de los gobiernos, una política criminológica- científica, la lucha contra el hampa será estéril. Esta lucha no se la va a ganar con contemplaciones para con el delincuente, mientras se dicten disposiciones legales que establezcan el llamado 2x1, por ejemplo; o medidas sustitutivas de la prisión preventiva para toda clase de delitos; mientras se disponga constitucionalmente que nadie puede estar privado de su libertad sin sentencia por más de un año, para que luego de que haya transcurrido ese año pueda salir en libertad.

En fin, cuando no se busque la rehabilitación del delincuente en forma efectiva, las leyes que se dictan son anacrónicas. Mientras se dé indulto a 1.400 “mulas”; mientras se dé amnistía a cualquier delincuente, la sociedad va a vivir en permanente inseguridad. Hay, por lo tanto, que tomar al toro por los cuernos y, sin atentar contra los derechos humanos, derogar aquellas disposiciones que favorecen únicamente al delincuente cuando -en cambio- no hay ninguna disposición que se oriente a defender a la víctima.
 
La sociedad ecuatoriana está aterrorizada porque se mira en los espejos de México y de Venezuela, entre otros países, y se asusta sabiendo que, así como van las cosas, dentro de corto plazo vamos a superar las estadísticas delincuenciales de esos dos países en donde, como aquí en el Ecuador, es el tráfico de drogas lo que desencadena la criminalidad y la violencia.

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