Guayaquil, lun 06/sep/10
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¡Conductor ebrio aplastó a 15 personas!

La mayoría eran manabas que se trasladaban a Paján a un matrimonio. También mató a vendedores, fruteros y gente que por desgracia pasaba por el lugar.

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Al fondo, arde el vehículo causante del accidente y en primer plano el patrullero que acudió a investigar lo ocurrido. La ira del pueblo es temible

Un menor de edad y una señora forman parte de las víctimas

La muerte les llegó de repente y despedazó sus cuerpos en una orgía sangrienta.

Carola Cáceres, Diego Coronel, Guayaquil

Es la más grande tragedia  en los últimos años en Guayaquil. Quince personas (hasta el cierre de esta edición varios heridos graves luchaban contra la muerte en los hospitales) fueron aplastadas por una camioneta, conducida presuntamente por el hermano de un vigilante de la Comisión de Tránsito del Guayas.

Eran aproximadamente las 06:15 de ayer cuando la muerte apareció en medio de la multitud de personas que esperaban realizar un viaje placentero hacia otros cantones de la provincia del Guayas y Manabí. Unos iban de regreso a su tierra manabita, otros -la mayoría- acudían a una fiesta donde sus familiares.

Entre ellos habían mujeres y niños que esperaban el arribo de los buses interprovinciales. También estaban vendedores ambulantes y de puestos de comida y frutas que se ubican a la largo de la vía Perimetral, a la altura del bloque 11 de Bastión Popular. Pero, como fantasma a la velocidad de un rayo, la que llegó primero fue una camioneta blanca doble cabina, que circulaba a gran velocidad y sin aparente dominio del conductor.

La Dimax, de placa GQN-509, trepó las aceras, se fue encima de todos y “los arrastró como si fueran perros a toditos”, narró el testigo José Sánchez, quien desde otro ángulo vio lo ocurrido y hoy debe estar agradeciéndole a Dios por no haber sido una más de las víctimas mortales del fatal accidente.

La camioneta, tras causar ese reguero de muerte se fue a estrellar con un poste de alumbrado eléctrico. Y el conductor, que hasta ese momento era un perfecto desconocido, salió despavorido del carro en un afán desesperado por huir.
Las pocas personas que observaron la tragedia se quedaron atónitas. No sabían cómo actuar ante tan espeluznante escena. Luego reaccionaron y trataron de atrapar al chofer, pero no lo lograron porque para ese entonces, una patrulla de la Comisión de Tránsito que había arribado al sitio, lo rescató de la muerte segura que se le avecinaba en manos del enfurecido populacho.

Y así como de rápida apareció la muerte, también los moradores de ese populoso sector llegaron al lugar. Todos estaban con los ánimos encendidos y querían desquitarse de cualquier manera.

En turba corrieron hacia la camioneta causante del accidente y trataron de rescatar algún documento que identifique al presunto responsable. Entre los papeles hallaron una credencial de la Comisión de Tránsito del Guayas de  Gino Hans Hessmer Vargas, con cargo de vigilante.

También había un documento del SOAT a nombre de Luis Alberto Hessmer Vargas, de 29 años, responsable del arrollamiento masivo.

 

Quemaron carros

Después que llegó una patrulla de la CTG a recoger los cadáveres, la turba iracunda se indignó más cuando vio que un uniformado, creyéndola muerta, enfundó a una señora que presentaba aún signos vitales.
Enardecidos se tomaron la justicia por mano propia. El populacho se volcó hacia la Dimax y entre todos, uniendo fuerza, lograron virarla para enseguida incendiarla.

Todos colaboraron en la venganza porque lo único que querían era “justicia”, pero a su manera. Y mientras ellos luchaban por acabar con el vehículo, las víctimas yacían dispersas por la congestionada vía.

Luego el populacho se aproximó a la otra patrulla y como no entendían razones, también descargaron su furia contra ella e hicieron lo mismo. El vehículo oficial, de placa GXG-636, quedó también convertido en chatarra humeante.

Otro automóvil que circulaba por esa carretera y que por curiosidad su conductor quiso detener la marcha, por poco corre la misma suerte. Gracias a la intervención policial no se logró el objetivo.

Finalmente algunos de los cuerpos fueron trasladados en diferentes vehículos al hospital Universitario, pues parecían tener señales de vida. A otros se los condujo directamente al anfiteatro de la Universidad de Guayaquil, dejando con ello atrás un escenario sangriento que difícilmente se borrará de las mentes de los guayaquileños que desde hace mucho tiempo no escuchaban ni veían una desgracia de esta magnitud, en esta urbe porteña.

Y mientras el efervescente estado de ánimo del encolerizado populacho trataba de apaciguarse, un mendigo vestido con una chaqueta de camuflaje policial, sin el más mínimo remordimiento o sensibilización de lo ocurrido, buscaba entre los hierros quemados, materiales reciclables para comercializarlos y llenar su hambriento estómago.

Dos minutos duró su estancia debajo de los fierros quemados y sin lograr su objetivo. Poco a poco el indigente tuvo que desaparecer sus deseos de conseguir “fortuna” alguna de los desperdicios arruinados.

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