César Contreras, Quito
Viajamos más de 8 horas y cruzamos la montaña en medio de una densa neblina, de aquellas salidas de una tétrica canción de Black Sabbath. Detrás de nosotros venían varios buses desde Guayaquil atiborrados de roqueros afanosos que esperaban llegar a Quito para estar cerca del “Príncipe de las tinieblas”.
Desde tempranas horas del jueves, los exteriores del coliseo General Rumiñahui se llenaban de fanáticos del metal, no solo de la capital de la República y el puerto principal, sino de la fronteriza ciudad colombiana de Ipiales, Venezuela, Perú, Cuenca, Machala, Manta, y otros puntos del Ecuador. Un condumio tan diverso no solo de lugar de procedencia, sino de edad: los típicos muchachos melenudos de 18-25 años llenos de tatuajes y piercings, hasta roqueros maduros de 50 años con chaquetas de cuero de 300 dólares. Todos ellos criados al calor del rock clásico.
A las 20:20, la banda ecuatoriana Anima Inside fue el abreboca de la noche. Su sonido nítido y buen despliegue en escena hicieron calentar los motores de los metaleros presentes, quienes compararon a la agrupación quiteña con la banda finlandesa Nightwish, ya que inclusive sus temas fueron interpretados en inglés.
Leyenda viviente del rock
Pero la gente esperaba a su tenebroso ídolo. 21:30, aparecía en tarima John Michael Osbourne, mejor conocido como “Ozzy”, la leyenda viviente del rock; mejor dicho, el creador –junto a su banda Black Sabbath- del heavy metal; ese personaje transgresor a quienes muchos culpan de darle una imagen macabra y de excesos al metal.
Pero el jueves no hubo palomas decapitadas ni murciélagos sacrificados en el escenario. El “Madman” (el “Loco”) lucía eufóricamente sereno. Algunos de los presentes pensaban que el cantante de 62 años de edad se presentaría con un tanque de oxígeno, debido a los 2.850 metros de altura de la capital. Sin embargo, el “roquero mayor” brincoteó en la tarima y se pegó unos cuantos “piques” que dejaron sorprendidos a aproximadamente 12 mil roqueros que asistieron al evento.
Pero lo que más llamó la atención y encantó a sus seguidores es que Ozzy mantiene su voz intacta, pese a más de 35 años de sobredosis y excesos. De seguro que Osbourne es la “envidia sana” de un José José que quedó solo en caricias mustias.
Y es que escuchar a este inglés cantar temas clásicos de la época en Black Sabbath como Fairies wear boots (Las hadas usan botas), War Pigs (Cerdos de la guerra), Iron Man (Hombre de acero), y por supuesto su infaltable Paranoid (Paranoico), era como oír los discos originales lanzados en los años 70.
El “chulla quiteño”
Otro de los momentos solemnes de la noche fue el “riff” que se pegó el guitarrista Gus G. En medio de sus acordes metaleros, el virtuoso entonó el Chulla quiteño, dejando boquiabiertos a los fanáticos, ya que nadie esperó escuchar un tema nacional. Minutos antes, el “Príncipe de las tinieblas” se había metido en el bolsillo a todos los ecuatorianos, al colocarse la bandera Tricolor en su espalda.
Terminó el show a las 23:00 y al día siguiente nos esperaban otras 8 horas más de viaje con destino a Guayaquil. Pero la euforia aún nos mantenía empachados como para aguantar sabrosamente el largo periplo. Nosotros, así como la mayoría de los metaleros en el Rumiñahui, salimos preñados con lo que sin lugar a dudas es la esencia del metal. ¡Más clásico que Ozzy, solo el del Astillero!
Todos los derechos reservados © 2013 .
Prohibida su reproducción total o parcial, sin autorización escrita de su titular.