Bryan Hidalgo
Eran niños haciendo cosas de adultos. La música a fuerte volumen y las conversaciones mezcladas con carcajadas incomodaron a los moradores, quienes serían testigos de las farras matutinas de los adolescentes.
Los lugareños llamaron a la Policía para informar sobre los menores fiesteros. A los pocos instantes un grupo de agentes llegaron al sitio y constataron que doce colegiales celebraban con alcohol y drogas dentro de un departamento situado en la cooperativa Unidos por la Paz 2, en el sector el Fortín, km 26 de la vía Perimetral.
Al ver que los gendarmes golpeaban la puerta del cuarto en el que permanecían, los estudiantes entraron en pánico.
Por un momento los doce muchachos analizaron la posibilidad de escapar por el techo del inmueble. Sin embargo, notaron que estaban rodeados y no les quedó otra opción que permitir el ingreso de los uniformados, quienes iban acompañados por el intendente de Policía Julio Quiñónez.
Un pequeño equipo de sonido, dos cajas de vino y unos paquetes de marihuana “amenizaban” la rumba de los muchachos. En un costado de la calurosa habitación estaba una cama de dos plazas en las que los chicos permanecían recostados, al mismo tiempo que se cubrían sus rostros.
Temor a sus padres
Los vecinos se aglomeraron en las afueras del domicilio para ver lo que ocurrió. Adentro los chicos se encontraban llenos de miedo al saber que fueron descubiertos y que sus padres se enterarían de lo que hicieron.
Las seis chicas e igual número de muchachos, de entre 14 y 16 años, sabían que estaban metidos en un verdadero lío y rogaban a los uniformados para que los dejaran ir.
Aún llevaban sus uniformes y mochilas puestas. Todas las jóvenes pertenecían al colegio 28 de Mayo, en tanto que los chicos estudiaban en el Vicente Rocafuerte y Simón Bolívar.
La versión de los jóvenes era “que no se reunieron a libar, sino a jugar a la botella. Que el vino lo compró uno de los compañeros, pero que nadie quiso tomar y solo estaban escuchando música”.
El inmueble en donde estaban los estudiantes era alquilado por Pamela Guerrero, quien al ver que sería detenida por permitir que allí se reunieran los colegiales, intentó negar que era inquilina. Sin embargo, en el barrio todos aseguraban que ella vivía en el apartamento.
La propietaria de inmueble llegó a los pocos instantes para enterarse de lo que ocurría. La señora, quien es madre de uno de los muchachos, escuchó la explicación que le dio su hijo sobre lo que hacían en el sitio y se convenció de que no hacían nada malo.
En el barrio los habitantes comentaban que en la vivienda donde estaban los estudiantes siempre se reunían personas de mal vivir, aprovechando que la arrendataria no estaba pendiente del uso que le daban a sus departamentos.
Juego de la botella
Este es un conocido juego que realizan los jóvenes en fiestas y reuniones, en el cual se sientan sobre el piso alrededor de una botella acostada. Tras hacerla girar esperan que se detenga para ver quienes son los “penitentes”. Los que son apuntados por el recipiente (en sus dos extremos) tienen que besarse, sacarse la ropa o realizar otro tipo de penitencia.
A la Dinapen
Cerca del mediodía de ayer, los agentes de la Policía trasladaron al grupo de estudiantes hasta la Dinapen, en donde debían ser retirados por sus padres o tutores legales.
Mientras los adolescentes se embarcaban en la patrulla, los curiosos los aconsejaban con el objetivo de hacerles notar que estaban desperdiciando su vida con acciones como estas.
El intendente Julio Quiñónez manifestó que ninguno de los menores tenía síntomas de haber ingerido alcohol o droga, “sin embargo, el hecho de que se hallan reunido para hacerlo es inconcebible”.
Un equipo de Diario EXTRA se movilizó hasta el colegio 28 de Mayo para recoger las impresiones de los directivos. La vicerrectora Vicky Alcívar indicó que se enteró del hecho por la televisión y que no podía pronunciarse debido a que el plantel es una institución pública.
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