Guayaquil, sáb 04/feb/12
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Desde los doce años tiene experiencias paranormales que desconciertan a cualquier ser humano

A “Sofía” los muertos le piden ayuda

El temor a que la situación se saliera de control la llevó a alejarse del tema y evitar su don.

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Foto: Angelo Chamba, Angela Amoroso

No veía a los espíritus, pero tenía contacto con ellos cuando dormía y dentro de sus sueños.

Cuando el contacto comenzó a ser frecuente “Sofía” se asustó y bloqueó su don.

Angela Amoroso


Entrada la madrugada, “Sofía” comenzó a soñar. Tenía más o menos unos dieciséis años cuando su conexión con el más allá se volvió algo real. Su casa es amplia y la temperatura en el sitio es baja, pero es su cuarto donde de manera especial se concentra el frío. Quien entra puede sentir la baja temperatura en sus cuatro paredes.
El sueño inició como cualquier otro, cosas que no tenían lógica y situaciones extrañas. De a poco, con el paso de la noche, la situación se convirtió en algo escalofriante. Alguien golpeó la puerta de su habitación, tres golpes fuertes y seguidos, luego la manija de la chapa giró suavemente.
“Sofía” estaba dormida, pero veía todo tan claro como si fuera real. Una silueta de una muchacha empezó a entrar en el cuarto, su paso no era lento como se podría imaginar,  estaba totalmente desesperada.
Tenía el cabello largo y castaño y era más delgada de lo normal, su piel se juntaba con sus huesos y las coyunturas de sus manos. Sus hombros y codos podían notarse con facilidad.
Como si se tratara de una emergencia el espíritu se acercó violentamente a la cama de “Sofía”. Entonces comenzó a moverla como pidiéndole que despertara. Lo que la aparición buscaba era ayuda. Así es como la joven recuerda al fantasma. Para entonces asegura que apenas el espíritu la sacudió, ella se levantó y fue a la carrera detrás de este. Cuando llegaban a su destino, era demasiado tarde, junto al alma veía como de una casa un señor salía cargando algo, era el cuerpo del fantasma que la acompañaba.
“Sofía” tuvo tres veces el mismo sueño en aquella noche. Pensaba que había despertado, pero no era así. En cada sueño, todo era exactamente igual, todo se repetía, excepto el final. Cada vez que ella llegaba al sitio lo hacía un poco antes que la vez anterior.
En el primero, un hombre sacaba el cuerpo, en el segundo se veía como el sujeto levantaba el cadáver y en el tercero simplemente varias  personas llorando alrededor del cuerpo.
El tiempo era el peor enemigo de los sueños de “Sofía”, nunca lograba ver al fantasma.  
Lo cierto es que en todas las ocasiones la joven que iba junto a ella siempre le decía resignada lo mismo: “es muy tarde, no hay nada por hacer”.
Al día siguiente, cuando “Sofía” despertó, su corazón latía tan rápido que lo único que quería era olvidar y fingir que solo se trataba de un sueño, así que decidió levantarse e ir al colegio. Subió al auto con su padre y mientras viajaba mirando por la ventana reconoció la casa que había visto mientras dormía.
“Le pedí a mi papá que parara el carro y me bajé”, comentó la chica. Caminó unos cuantos metros y cuando estuvo frente a la puerta del domicilio respiró profundo y tocó el timbre. Una mujer con el rostro triste y con signos de que había llorado durante un buen tiempo le abrió la puerta y le preguntó a quién buscaba.
“Sofía”, sin saber qué decir, describió a la joven de sus sueños. Ella no sabía su nombre, pero recordaba sus características a plenitud, por lo que preguntó por una muchacha delgada, de cabello largo y castaño.

 

La señora, sin reparos, le dijo que la muchacha por la que preguntaba había muerto unos días antes y sin decir nada más cerró la puerta. “Sofía” corrió hasta su carro perturbada por lo que había escuchado y se lo contó a su papá.

Gotas de sangre
El sueño de “Sofía” no es la única experiencia que tuvo con espíritus. Otra de las situaciones que le aterró recordar fue una tarde cuando acababa de bañarse.
Al salir de la ducha recogió la toalla y se cubrió el cuerpo, pero cuando abrió la puerta del baño vio en el piso unas gotas grandes de sangre que para ella eran diferentes, más grandes de lo normal, casi como pequeños charcos.
Esquivó la sangre y caminó hasta donde estaba su mamá y le preguntó si alguien se había lastimado.
Su mamá vio las gotas y al igual que su hija se quedó aterrada. En la casa no había nadie más que ellas y ninguna se había cortado ni nada por el estilo.
Las gotas llegaban hasta la entrada del clóset del cuarto de “Sofía” y luego desaparecían.

Niño enterrado

Los constantes contactos con lo paranormal comenzaron a asustar a “Sofía”. El último sueño que tuvo y con el cual decidió dejar de lado este tema y bloquear su don  fue cuando durante una semana empezó a soñar con un niño de no más de diez años.
Él, al igual que la chica del sueño, le pedía que lo ayudara a desenterrar su cuerpo. Según “Sofía”, el pequeño insistía en que sus restos estaban enterrados en un colegio del norte de Quito y ella debía sacarlos para que su muerte se esclarezca. “Toda la semana me dormía y luego aparecía en un cementerio hablando con este niño, era como que todo fuera normal”, dijo “Sofía”.
Como en su casa habían ocurrido cosas extrañas, como sonidos, objetos que se movían o la aparición de sombras, la familia de la joven decidió colocar imágenes de santos por todas partes y regar agua bendita.
Desde entonces, cada vez que ella siente alguna presencia extraña lo único que hace es rezar.

Contacto con el más allá
Para Cristian Barragán, experto en conducción de sueños y de entidades paranormales, los espíritus se acercan a personas que generalmente tienen energías bajas y son vulnerables a estos contactos.
Esto no significa que esta cualidad sea mala, sino que “es una característica que hay que aprender a canalizar”.
Existen personas que logran tener contacto con espíritus en los sueños y otras que lo hacen despiertos.
En el primer caso, es el subconsciente del hemisferio izquierdo el que logra captar estas energías. En el segundo, son los dos hemisferios del cerebro los que participan.
“Es importante que no se confundan a los sueños normales con sueños que involucran un don”, señaló.

 

“Es un don de Dios”

El sacerdote jesuita Luis Bayas explica que “Sofía” tiene un don brindado por Dios que debería ser aprovechado para ayudar a la sociedad. “Estas cualidades aparecieron en los humanos en los primeros años del cristianismo”, expuso el religioso.  
Desde entonces han aparecido muchas personas que en realidad tienen virtudes como estas denominadas “carismas”, dones que deben ser cultivados y desarrollados.
Bayas recomendó que quienes tengan este tipo de experiencias se encomienden a Dios. “Lo mejor es orar y pedir por el descanso de los espíritus”, dijo.
Para poder diferenciar las situaciones es necesario que los sueños sean comprobados. “Lo que esta chica hizo al ir a la casa y verificar si la muchacha existía o no fue lo mejor que pudo ocurrir”.

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