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Batalla entre “camaleros” y policías metropolitanos en Guayaquil

“¡Se van... o los matamos!”

El enfrentamiento duró más de 5 horas y varias personas resultaron heridas. Todo el barrio Cuba se unió en la lucha. Piedras, palos y botellas volaban por todos lados.

  • Calificación:
<strong>También se quemaron llantas en señal de protesta contra el operativo de los metropolitanos.</strong> <strong>Los comerciantes del sector mencionaron que no permitirán que los saquen del sitio.</strong> <strong>Los metropolitanos también agarraron piedras.</strong> <strong>Los metropolitanos se retiraron del sitio a las 11:30.</strong> <strong>Los supuestos afectados corrían con palos por las calles.</strong> <strong>Los habitantes se armaron con lo que tenían al alcance.</strong> <strong>La gente del barrio Cuba se unió a los “camaleros” en las manifestaciones en contra de los policías metropolitanos.</strong> <strong>Uno de los afectados por la lluvia de piedras.</strong>

Stalin Carrión Martínez, Guayaquil


Piedras, palos, botellas de vidrio y todo lo que había alrededor sirvieron como armas para quienes se enfrentaron ayer en una batalla campal entre policías metropolitanos y faenadores de reses,
A esta lucha, que duró más de cinco horas, se unieron los habitantes del barrio Cuba, sur de Guayaquil, el cual se convirtió en su terreno de combate.
Las calles estaban llenas de los desechos que quedaban por la batalla. Las tiendas, bares y restaurantes del sector cerraron sus puertas. Las decenas de vehículos parqueados en el sitio fueron movilizados por sus propietarios cuando las piedras comenzaron a caer sobre los parabrisas.
Era dificultoso moverse de un callejón a otro. Fue necesario cubrirse detrás de los postes de alumbrado eléctrico y las paredes de los cerramientos para no ser golpeado.
El problema comenzó a las 06:00 cuando los metropolitanos pretendían cumplir una ordenanza municipal, en la cual se impide que trabajadores informales laboren afuera del matadero municipal, pero no aceptaron la disposición y empezaron las agresiones.
El enfrentamiento duró hasta las 11:30 cuando el intendente de Policía Julio César Quiñónez llegó al lugar de los hechos y logró un acuerdo con los  denominados “camaleros” y se retiraron los metropolitanos, aunque la Policía permaneció resguardando el sitio para evitar que se produzcan nuevos enfrentamientos.

“Tenemos más de 45 años aquí”

Cerca de 200 policías metropolitanos acordonaron las calles y callejones del barrio Cuba. Al principio los moradores observaban desde sus balcones y ventanas cómo se desarrollaban los hechos. Segundo Martínez, uno de los afectados por la ordenanza, expresó que “llevamos más de 45 años trabajando en este lugar, no es justo que de la noche a la mañana nos quieran sacar. No permitiremos eso”.
Luego, ambas partes se lanzaban piedras, palos y todo lo que tenían al alcance, hasta gas pimienta, que afectó a quienes estaban alrededor. Una niña de 9 años, con capacidad especial, resultó afectada por el fluido lacrimógeno que lanzó un metropolitano cerca de su vivienda.
Un agente de la Policía la sacó del lugar entre el alboroto que había, y la trasladó a la casa de una tía de la menor de edad, que vive a pocas cuadras del sitio. Esto hizo que los residentes protesten y se unan a la manifestación.
Los moradores lanzaban desde las terrazas botellas de vidrio a los metropolitanos.
La Policía observaba todo lo que ocurría, pero no intervenían, pues, según el capitán Hugo Amores, “estamos para mantener el orden público. Pero sí se ponen agresivos aumentaremos progresivamente el uso de la fuerza”, aunque solo trataron de mantener las distancias.
Uniformados jóvenes temían la lluvia de vidrios que había. Preferían observar desde algún lugar seguro para no hacerse daño.
Los metropolitanos corrían por todos lados con sus toletes y escudos protectores.


Algunos también cargaban dispositivos de descargas eléctricas para atacar. Uno de ellos intentó usar este aparato en contra de una adolescente que pasaba por el lugar, pero un agente del Grupo de Operaciones Motorizadas de la Policía (GOM) lo impidió.
Los metropolitanos quisieron agredir a los agentes pero estos los neutralizaron.
Pasaban las horas y los comerciantes y residentes no se cansaban de luchar. Cada vez tomaban más fuerzas y de varios locales del sector sacaban jabas llenas de botellas vacías que sirvieron para lanzar a los metropolitanos.
Ángela Caicedo, una señora de 63 años, fue herida por una piedra que se lanzó en la batalla. Ella estaba disgustada porque, según ella, “aquí solo hay gente trabajadora y honesta” y agregó que “estos malditos no tienen corazón y no recuerdan que fue una mujer quien los parió”.
Otra afectada fue Maritza Véliz, quien es invalida y tiene una prótesis en la pierna para caminar. Ella fue arrinconada por los metropolitanos después de que se insultaron por varios minutos. El gas de una bomba lacrimógena llegó hasta su rostro y estaba desesperada. “Estos individuos me dañaron mi negocio. Me rompieron las vitrinas a pesar de que yo no tengo nada que ver con el relajo”, manifestó la mujer.

“El camal no tiene nada que ver”
El disgusto empezó en los exteriores del matadero municipal. Por ello, el jefe administrativo, Raimundo Chedraui, explicó que “el camal no tiene nada que ver con este problema. Aquí, en el interior, todos trabajan con normalidad y eso es algo externo que lo resolverán los comerciantes y metropolitanos. Las ordenanzas son responsabilidad del Municipio”.
Diario EXTRA se comunicó con el jefe de la Policía Metropolitana, general Marco Cubero, quien respondió que “estoy en Quito realizando algunos asuntos judiciales”. En su oficina se informó que preparaban un informe que será entregado a Cubero el lunes próximo.

La consigna de los “camaleros”

“Camaleros unidos, jamás serán vencidos”, exclamaban los protestantes. A pesar del agotamiento no se rendían y corrían por las calles del barrio que los vio nacer para perseguir a los metropolitanos.
Parecía que las botellas eran infinitas y que las piedras aparecían por arte de magia, pues todas las calles estaban pavimentadas y todos tenían rocas en sus manos.
Los camaleros gritaban que “los metropolitanos se van o los matamos. No se metieron con la gente de la Bahía ni de los mercados. Somos camaleros y si se meten con nosotros pueden perder hasta la vida”.
Refuerzos de la Policía Nacional comenzaron a llegar a partir de las 09:50. Acordonaron varias calles para evitar que los enfrentamientos continúen, pero esto fue imposible.
A las 11:30 el intendente Julio César Quiñónez negoció con los comerciantes y acordó encontrarse con cinco representantes de los camaleros a las 11:00 del próximo lunes en el despacho de la Jefatura Política de Guayaquil para resolver el problema.
Los metropolitanos se retiraron, algunos negocios volvieron a abrir y funcionaron con normalidad, pero la gente no confiaba en la calma que había en el sector y se quedaron en grupos haciendo guardias en sus puestos de trabajo.

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