Guayaquil, jue 09/feb/12
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En los alrededores de la ciudadela el peligro es evidente

¡Pillos, mendigos y “brujos” rondan la Universidad Central!

Autoridades y estudiantes del establecimiento educativo reclaman por protección.

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Foto: Garel Benalcázar

Policía, guardias de seguridad de la universidad, entre otras autoridades, han retirado a los mendigos, pero siempre regresan.

Al menos diez personas frecuentan las jardineras de la plaza Indoamérica. Las han convertido en su lugar de descanso.

Édgar Samaniego, rector de la Universidad Central, sostiene que se trabaja por reducir los índices de delincuencia en el sector.

Con el nuevo diseño de la pileta se ha disminuido notablemente la presencia de personas que liban.

Vanessa Silva


La renovada plaza Indoamérica tiene como visitantes diarios a estudiantes, docentes, empleados administrativos, vecinos que habitan en casas aledañas y también a un grupo de indigentes que ha  convertido el lugar en su “habitación”.
Llegan por la tarde, cuando el sol está a punto de ocultarse, y se van al día siguiente pasadas las diez de la mañana. Se ubican siempre en el mismo sitio: a un costado de la facultad de Odontología, por donde se sube a la facultad de Comunicación Social, cerca a la calle Bolivia.
Son alrededor de diez personas, incluso se ve a niños. La mayoría del tiempo se los ve tomando licor o ingiriendo otras sustancias. La gente que se ve obligada a circular por ahí en muchos casos prefiere cruzar a la otra vereda para no toparse con ellos, por miedo a que les puedan hacer algo.
Hace unos meses se cambió por completo la imagen de la plaza y emblemática pileta. Sin embargo, la presencia de mendigos no desaparece. Casi a diario la Policía los retira, pero al cabo de unas horas regresan como si nada. Es un juego del gato y el ratón.
Maritza Guayasamín estudia en la universidad y comenta que esas personas rondan la zona desde hace bastante tiempo. “Antes estaban en una de las puertas de ingreso a la facultad de Odontología, pero hace un par de años pusieron un cerramiento con rejas ahí para que no vayan, así que ahora están en las jardineras del frente”.
El rector del centro académico, Édgar Samaniego, explica que la jurisdicción de la universidad no incluye a la plaza y que “eso es responsabilidad del Municipio”. No obstante, ha ordenado al cuerpo de seguridad del establecimiento que den constantes rondas para vigilar el comportamiento de los “ocupantes” y que no agredan o asalten a los estudiantes.
“He pedido a la Policía Metropolitana y al Ministerio de Inclusión Económica y Social que solucionen el problema. Este tipo de gente es trasladada a centros de atención, pero no duran mucho tiempo ahí y nuevamente regresan”, señala Samaniego.

INSEGURIDAD POR TODAS PARTES
Por las noches son pocos los que se atreven a pasar por la plaza. Quienes lo hacen van en grupos y a paso acelerado. Y es que la inseguridad aqueja a la zona.
Samaniego indica que se ha determinado que los asaltos y robos se producen con más frecuencia en dos horarios: por la noche, cuando los estudiantes salen de clases, y en la mañana, entre las 06:00 y 07:00.
La semana pasada, a “Margarita” por poco la asaltan a dos cuadras de la facultad de Administración, de no ser porque sus compañeros se dieron cuenta y gritaron para espantar al ladrón, se hubiera quedado sin celular.
Eran cerca de las 18:45. Esperaba el bus para ir a su casa, al sur de la ciudad, y de pronto un sujeto de aspecto poco agradable, alto, flaco, piel trigueña, se le acercó y le dijo: “acolita con diez centavitos”. Ella se aterró, tenía el celular en la mano y trató de esconderlo, pero el hombre la descubrió y se lo pidió amenazándola con sacar un cuchillo si no lo hacía.
Nerviosa hasta más no poder, “Margarita” se vio acorralada y cuando iba a entregar el teléfono, las voces de dos personas truncaron el robo: “¡Policía... ladrón... ladrón...!” y el delincuente salió a la carrera sin el botín.
Los jóvenes que la salvaron eran dos compañeros de clase que se encontraban a varios metros de distancia y al ver lo que ocurría reaccionaron de inmediato. La chica se puso a llorar del susto.
Hace quince días, la noche del viernes 22 de enero, un joven perdió la vida tras ser apuñalado por otro afuera de un centro de diversión nocturna. El hecho ocurrió en la calle Bolivia y Universitaria, a pocos metros de la Central.

 

Tiendas convertidas en cantinas

Otro de los males que “rondan” los predios universitarios son los bares, discotecas y hasta tiendas de abarrotes que comercializan bebidas alcohólicas. Poco antes de que empiece la obra en la plaza, la parte de la pileta era una “cantina pública”, jóvenes de la universidad y otros centros educativos se ponían a ingerir licor desde la tarde.
Con la transformación del sitio esto se ha reducido notablemente. Sin embargo, el problema está lejos de desaparecer.
“En la calle Bolivia hay tiendas donde hemos visto que se vende y consume alcohol, pero justo cuando la Policía llega casualmente las botellas desaparecen y en su lugar hay cachitos, papas fritas, cualquier cosa menos trago”, sostiene Édgar Samaniego.
“Miguel”, quien prefiere mantenerse en el anonimato, estudia Comunicación Social. Confiesa que todo empieza desde la tarde del miércoles y se pone más fuerte el viernes. Admite ser uno de los clientes frecuentes.
Entiende que está prohibido vender bebidas alcohólicas a menos de 200 metros de los centros académicos y que no se puede consumir en la vía pública, pero aún así lo hace.
Los operativos “sorpresa” que se emprenden para controlar a los locales del sector no sorprenden a nadie. La Policía despliega enormes contingentes, se requisan a las personas, se clausuran establecimientos, pero al cabo de unos días todo vuelve a la normalidad.

 

“HAY MICRO TRÁFICO DENTRO DE LA U”

Cosas malas también ocurren dentro de la universidad. Así lo afirma el rector, quien manifiesta que los guardias encontraron estudiantes y gente ajena a la institución vendiendo droga o licor.
“Hay quienes aprovechan que la Policía no puede entrar a la universidad para poder comercializar sustancias ilegales”, sostiene Samaniego.
Para controlar esta situación, el cuerpo de vigilancia está conformado por más de sesenta personas que rondan los predios universitarios en motos y un vehículo. En caso de hallar actos irregulares, si se trata de un estudiante, las autoridades proceden a abrir un sumario académico y empezar investigaciones, si es una persona que no pertenece al establecimiento se lo entrega a la Policía.

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