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| Francisco Fernández, cónsul estadounidense en Guayaquil. |
(4 de agosto del 2009)
EXTRA dialogó con el nuevo cónsul estadounidense en Guayaquil:
“¡Soy un inmigrante agradecido con Estados Unidos!”
NaciÓ en Cuba, pero viviÓ desde los tres aÑos en Nueva York. Francisco FernÁndez acepta que tambiÉn se dejÓ seducir por la Perla del PacÍfico.
Juan Manuel Yépez, Guayaquil
Nació predestinado para ser diplomático de carrera. Corría el año 1964 cuando el presidente de Estados Unidos, Lyndon B. Johnson, aprobó el bombardeo sistemático de Vietnam del Norte y el envío de tropas de combate a Vietnam del Sur, con lo que se fortaleció la presencia norteamericana en el sudeste asiático.
En ese contexto, Francisco Fernández había llegado al mundo en el seno de un hogar modesto en La Habana, Cuba, justo cuando la revolución castrista comenzaba a consolidarse totalmente un planeta polarizado por la guerra fría.
Su padre era dueño de un pequeño negocio de importación y exportación de artículos varios, lo que le permitía sacar adelante a su familia, integrada por él, su hermano mayor y su madre.
Sin embargo, la crisis económica comenzó a golpear duramente a los Fernández por lo que pensaron en emigrar hacia la tierra de las oportunidades para cumplir su sueño americano.
En 1966, el mismo presidente Johnson había firmado la Ley Pública 89-732, conocida como Ley de Ajuste del Status de los Refugiados Cubanos, que ofrecía un tratamiento preferencial para los inmigrantes de la isla en cuanto a la legalización de su status de residentes.
Este cuerpo legal establecía que cualquier ciudadano cubano o natural de Cuba que entre en los Estados Unidos “por cualquier vía o medio y en cualquier condición, después del 1 de enero de 1959, y que haya permanecido en EE.UU. por un período no menor de un año, puede recibir la condición de residente permanente si presenta una solicitud”.
“Salimos en el último grupo en 1967 sin nada. Yo tenía tres años así que no tengo recuerdos muy claros sobre cómo llegamos a Norteamérica”, dice Fernández en perfecto español, días después de posesionarse como nuevo cónsul general estadounidense en Guayaquil el 15 de julio pasado.
Él es parte de ese grupo de descendientes de latinos que ocupan cargos diplomáticos y estatales en el gobierno del presidente Barack Obama, el primer afroamericano en dirigir esa nación.
El diplomático nos recibió en su oficina del Consulado para conocer de cerca la vida y experiencias del hombre que comandará la política norteamericana en la urbe porteña.
La familia Fernández fue una de las pocas que no se estableció en Miami, sino en Nueva York. Vivió en el barrio de Queens y luego en New Jersey.
Su historia es como la de muchos latinos que lograron rehacer sus vidas fuera de su país de origen. Obtuvo el título de economista en la Universidad John Hopkins en Baltimore, Maryland, y realizó una maestría en Science, Technology and Public Policy (Ciencia, Tecnología y Política Pública) en la Universidad George Washington.
Pero la diplomacia corría por sus venas sin saberlo. “En mi casa había un ambiente latino pero, como todos los inmigrantes, tratábamos de integrarnos a una nueva cultura. Para nosotros fue muy importante esa mezcla y por eso me atrajo tanto ser diplomático”, asegura Fernández, quien agrega que “soy un inmigrante agradecido con los Estados Unidos por las oportunidades que nos dio a mí y a mi familia”.
Fue esta realidad lo que le permitió conectarse con otras sociedades sin dificultad. Aunque reconoce que la discriminación racial es un mal que ataca por todas partes, él no la sintió en carne propia “porque hemos trabajado mucho para superar estas barreras. En mi caso, no importó de dónde venía sino mi desempeño”.
En 1986, ingresó al Servicio Exterior y desde entonces su país le ha encomendado varias tareas como ser Ministro Consejero y encargado de negocios en la Embajada de EE.UU. en Luanda, Angola, donde se radicó desde el 2006 al 2008. Además estuvo en México, Bolivia, Paraguay, Brasil -donde conoció a su esposa y madre de sus tres hijos- y Colombia.
Fernández también estuvo donde “las papas queman”. Antes de llegar a Ecuador, desarrolló su trabajo diplomático en Caracas, Venezuela, donde “estamos tratando de mantener fuertes lazos de cooperación”.
Lo que más recuerda de su llegada a la tierra gobernada por el coronel Hugo Chávez, es la impresión que le causó saber que el deporte oficial de los venezolanos no era el fútbol, como en la mayoría de los países latinoamericanos, sino el béisbol.
“Ver a todo el mundo con un bate en la mano me demostró la cercanía que hay entre los dos pueblos”, sostiene.
Por eso insiste en la necesidad de conocer primero el país donde uno va antes de juzgarlo “porque pueden haber desacuerdos entre naciones, pero siempre hay que mirar las conexiones para llegar a las personas”.
Aunque no evade el tema, Fernández prefiere ser cauto cuando se le pregunta sobre la confrontación política entre Estados Unidos y Venezuela y “diplomáticamente” contesta que “políticas van y políticas vienen. Los venezolanos nos recibieron bien. No soy ingenuo y sé que en muchos países hay diferencias, pero es necesario identificarlas para lograr acuerdos. Hay mucha gente en Venezuela con la que se puede hablar”, pero reconoce que con Chávez jamás tuvo la oportunidad.
OBJETIVOS
EN ECUADOR
Francisco Fernández llegó por primera vez a la Perla del Pacífico en octubre del 2004, como delegado de la Embajada de Estados Unidos en Colombia, para participar en la quinta ronda de negociaciones del Tratado de Libre Comercio.
“No sé si fue el clima o la amabilidad de la gente, pero me sentí fascinado aquí”, recuerda.
Dice estar feliz y orgulloso de representar a su país en el consulado más antiguo del continente, luego de que William Wheelwright, un marinero que se estableció en Guayaquil y que más tarde se convirtió en un exitoso comerciante, fuera nombrado primer cónsul en 1824.
“Somos más antiguos que el Club de La Unión, Barcelona y Emelec y parte de la historia de esta ciudad”, bromea.
Por eso, en los tres años que durará su gestión en el país, Fernández quiere continuar y expandir los programas en beneficio de los más necesitados en sectores suburbanos de Guayaquil.
“Quiero agradecer a EXTRA por cubrir esos esfuerzos. Sé que ustedes han hecho una magnífica cobertura al plan Mujeres de Lucha y gracias a ello otros grupos se unieron a ellas. Pero además fortaleceremos los proyectos en los cuales los vicecónsules adoptan una escuela; las pasantías con universidades, donde casi 50 estudiantes han realizado prácticas en el Consulado y de ellas dos se han quedado trabajando, en fin...”.
Aprovecha el encuentro para invitar a alumnos del décimo año de educación básica, que tengan hasta 18 años cumplidos en el 2009, a participar en la III Fase del programa de becas para aprendizaje de inglés “College Horizons”.
“La solicitud debe ser entregada personalmente por el estudiante en el Centro Ecuatoriano Norteamericano, ubicado en Luis Urdaneta y Córdova, el día 30 de septiembre del 2009”, anuncia.
Sus asesores miran el reloj y nos piden que apuremos el diálogo porque “se acaba el tiempo”.
Pero el cónsul no quiere despedirse sin dejar un último mensaje: “Tenemos un compromiso real con la región y vamos a continuar haciendo hincapié en los sectores sociales. Queremos explicar a las personas que nosotros somos más que gente que le dice si puede o no viajar a Disneylandia”.
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