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Columnas: El problema carcelario

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14 jun 2018 / 00:00 H.

    Uno de los problemas que no es resuelto por el Estado ecuatoriano es el de las cárceles y penitenciarías del país. Diariamente se conoce de hechos de sangre ocurridos en diversos centros de privación de la libertad, protagonizados por los internos debido a malos tratos de las autoridades que dirigen estos establecimientos, la lucha entre los presos que controlan “mercados” de consumo de drogas que se venden entre los privados de la libertad, el hacinamiento que existe en estos establecimientos que impide una vida racional para quienes los ocupan, la baja moral de los “guardianes” que, en muchas ocasiones, son más peligrosos que aquellos a quienes cuidan.

    No hay una selección seria y coherente para designar a los directores de estos establecimientos. No hay control de naturaleza alguna para impedir el ingreso de drogas al interior de las cárceles. En fin, hay una serie de causales de diversa índole que explican los delitos que se cometen en el interior de los llamados “centros de privación de la libertad”.

    Se cree, equivocadamente, como en muchos casos de nuestra realidad social, que la calentura está en las sábanas, por lo tanto se construyen cárceles que mientras más caras son, solucionan mejor el problema...

    Hay cerca de cuarenta mil presos en las cárceles. Son seres humanos protegidos por leyes y por organismos de índole internacional. Hay que recordar lo que dice la ciencia penal al respecto: “Aquí ingresa el hombre, afuera queda el delito...”(BLC)

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