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Columnas: La teta del conflicto

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14 jul 2018 / 00:00 H.

    Los seres humanos al nacer somos los mamíferos más indefensos; no hubiéramos podido sobrevivir como especie sino fuera por esas mamas y su milagrosa leche materna.

    Culturas milenarias, como las griegas o las sumerias, destacaron la belleza y voluptuosidad de los senos femeninos, símbolos de la vida y la maternidad.

    No es sino con el oscurantismo medieval que trataron de ocultarlos y el renacimiento los volvió a resaltar.

    Pero curiosamente ahora, y luego de siglos, les han surgido nuevos enemigos.

    En el Perú de la violencia terrorista, las mujeres violentadas no podían amamantar porque, según sus creencias, tenían la teta asustada.

    También han surgido hipocresías de “moralistas sexuales” que han tratado de impedir la lactancia en los espacios públicos y, por último, hasta el capitalismo le ha declarado la guerra con sus transnacionales que producen lácteos.

    Estas trataron en una reunión mundial de la OMS de bloquear la propuesta del Ecuador prolactancia materna.

    Según The New York Times, “Ecuador se sometió a la presión” pero la propuesta sí se presentó igual, aunque adoptada por Rusia.

    La leche materna no solo es un óptimo alimento, sino que ayuda psicológicamente al bebé y a su inmunidad, etc. y ayuda a la economía del hogar, pues es una “farmacia - restaurante” gratuito, abierta las 24 horas y a disposición del bebé.

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