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Columnas: No podíamos seguir con malabares financieros

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16 may 2018 / 00:00 H.

    Mal que nos pese, el mecano socioeconómico construido por el correísmo ha resultado ser un sistema malévolo, pero sólido e inteligente, perfeccionado a lo largo de una década, el cual es capaz de autorrepararse y generarse para adaptarse rápidamente a las reformas que exige la transición del autoritarismo a la democracia.

    Las refacciones parciales, como las que intenta hasta ahora el actual gobierno, apenas hacen mella en esta estructura económica, administrativa e institucional que funciona con algoritmos propios, inmunes estos a los paliativos y remiendos que se trata de implantar, aún a aquellos que tienen la vestidura de voluntad popular.

    La presión de varios sectores del país porque se tomen medidas y se dicten leyes y disposiciones inmediatas, sin un marco político, económico e institucional definido, puede conducir al país a un laberinto sin salida, construido con medidas precipitadas que den lugar a resultados equívocos: predecibles solo en teoría, inaplicables o insuficientes en la práctica.

    El gobierno no puede seguir con remiendos y reestrenos políticos, malabares financieros y maromas institucionales cuyos efectos son impredecibles. Las transformaciones que necesita el país son orgánicas y hasta conceptuales: Salir de tal socialismo del siglo XXI y volver al mundo real requiere valentía y coraje para impedir los pestilentes residuos de la tal “mesa servida” y los rescoldos del pasado para construir y aplicar, honestamente, un modelo posible de desarrollo, que mire más allá del corto plazo y que, desde su inicio, sin miramientos, ni compromisos, transforme profundamente las estructuras vitales del robot sociopolítico y económico heredado del correísmo el cual, es evidente, sigue funcionando, casi incólume, entre bastidores.

    Por Oswaldo Dávila Andrade

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