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23:11

Torquemados y springfilianos

Ecuador ·
O
14 ene 2018 / 00:01 H.

    La intolerancia se torna cada vez más insoportable en el ambiente poscorreísta. ¿Es que no se dan cuenta de que así, sin el respeto por el otro, no se construye un país democrático? Ahora resulta que también se clausuran teatros solo por el hecho de que presentan obras que nos parecen impúdicas. Es que lo ocurrido la noche del jueves pasado en Samborondón, donde un grupo de ciudadanos protestó -con justo derecho además- afuera del Pop Up contra la obra de teatro ‘El santo prepucio’, provocando su cierre inmediato, me recuerda a la serie de Los Simpson, cuando los springfilianos se arman con antorchas y persiguen sin saber por qué al malo del capítulo para condenarlo a la hoguera, pero después descubren que se trata de un error y vuelven a sus casas decepcionados porque no hubo acción.

    No es posible que clausuremos y prohibamos todo lo que no nos gusta sencillamente porque sí, porque nos dio la gana. Ya pasó con los toros, casinos, programas de televisión y peleas de gallos. Pronto satanizarán otra actividad y también la eliminarán, en nombre de la moral y las buenas costumbres. No cuestiono el derecho que tiene todo ciudadano a expresar su rechazo por algo que no concuerda con su filosofía de vida, pero las cosas no se resuelven borrándolas del mapa.

    Si no le gusta, pues no vaya, así de sencillo, pero no intente prohibir algo que otros sí disfrutan. Por lo pronto, sería bueno que todos los torquemados vayan a ver la obra, para saber, por lo menos, si su injustificada intolerancia tuvo sentido.

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