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Después de un largo viaje en bus desde la Costa ecuatoriana, Cinthia Janeth Rivera Aldás, acompañada de su esposo y sus dos pequeños hijos, llegó a Quito para reencontrarse con su madre después de 30 años.
A las siete de la mañana, en un bus interprovincial que cubría la ruta Guayaquil-Quito, arribó Cinthia a la terminal ubicada en la avenida Juan León Mera y Robles, sector de La Mariscal, en el norte de Quito, con toda la ansiedad de ver por primera vez a la persona que le dio la vida.
Los primeros en bajarse del bus fueron su cónyuge Juan Mendieta con sus dos niños. Ella llegó tranquila y serena, esperaba ir a la casa donde vivía su madre Hipatia Aldás.
Rumbo al reencuentro
Pasadas las siete de la mañana, la joven familia Mendieta Rivera subió al vehículo de EXTRA para ir hasta la parroquia de Chillogallo, barrio Nuevos Horizontes, en el suroccidente de la ciudad, donde vive Hipatia Aldás, quien en compañía de sus dos hijas esperaba conocer a Cinthia.
Cálido recibimiento
Una mañana soleada de verano, pasadas las 08:00, Cinthia entró a la casa de su madre y esperó unos minutos sentada en un sillón de la sala. Hipatia salió con paso lento de una de las habitaciones para conocer a su primera hija procreada hace tres décadas, en un primer compromiso.
Cuando la señora Aldás se puso delante de ella, Cinthia se desató en llanto y dijo: “usted es mi madre”, luego abrazó a su pequeña hija Teresita, de cinco años, mientras que la madre, serena y tranquila, trataba de consolar al ser de sus entrañas: “No llores hija, no llores, gracias por venir a verme, tu papá sí conocía dónde vivía”, decía Hipatia e intentaba abrazar a Cinthia, al igual que sus hermanas maternas Diana y Salomé, quienes no ocultaron la alegría.
Un poco sentimental, Cinthia dijo que “el amor de madre nunca me faltó porque mi abuela me crió y siempre mi papá Wiliam estuvo a mi lado”.
Hipatia se fue de la casa, en el cantón Babahoyo, abandonando a la niña junto con su padre. Antes de marcharse dejó una carta en la que le pedía que cuando crezca y pregunte por ella le digan que había muerto.
Su abuelita paterna entonces asumió el rol de madre y la crió hasta hace pocos días en que decidió hablar con ella para pedirle que la busque.
El pedido lo hizo por cuanto la abuelita está enferma del corazón y teme que en cualquier momento su órgano le falle. Y para no dejarla sola le pidió que la buscara.
Una amiga de la familia se contactó con EXTRA y gracias a la publicación que se hizo sobre el caso, la mamá, desde Quito, llamó a la redacción y así se pudo coordinar el reencuentro entre ella y su hija.
En la vivienda de Hipatia, Cinthia, su esposo y sus dos niños disfrutaron de agradables momentos con sus seres queridos y ahora tratarán de recuperar los 30 años perdidos.
Finalmente la muchacha agradeció a EXTRA por haber logrado encontrarla.
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