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Crisis restringe sexualidad en Venezuela

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14 feb 2020 / 21:27 H.

Sin plata para ir a un motel, John y Amanda deben arreglárselas para tener sexo en casa de sus padres. Además, la falta de dinero para anticonceptivos y el miedo a quedarse solos por la migración limitan la sexualidad de los jóvenes venezolanos.

John Álvarez, de 20 años, y Amanda Aquino, de 19, estudian derecho en la Universidad Central de Venezuela, donde es común ver parejas besándose y acariciándose en pasillos y jardines.

Pero ellos, más recatados, prefieren refugiarse en el cuarto de John, en el primer piso de su casa en un barrio popular de Caracas, mientras sus padres y su hermana menor duermen en la planta baja.

Cuando “en mi casa no hay nadie (...), es un poquito mejor”, confiesa junto a su novia.

Tener sexo sin familiares rondando es una suerte esquiva para ellos, que en dos años de noviazgo nunca han visitado un motel. Tendrían que pagar 10 dólares por seis horas de privacidad, que saldrían de sus esporádicas mesadas. Prefieren destinar ese dinero a comida.

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Independizarse es “irreal”, afirma el joven, en una economía devastada en la que la depreciación de la moneda ha provocado que 50 % de las transacciones comerciales se realicen en dólares, según la firma Ecoanalítica.

Sin embargo, el acceso al dólar se reserva a una minoría en la que a veces encaja Carlos Rodríguez, el típico soltero en busca de aventuras, pero condenado, a los 31 años, a vivir con sus papás en el cuarto de su infancia.

De pelo y barba cuidados, este diseñador gráfico llega a desembolsar 100 dólares en una cita, sumando cena, tragos, taxis y motel. “Si la llevo para un ‘matadero’, no gasto mucho”, explica, refiriéndose a hoteles “de mala muerte”, su última opción.

Pero solo se puede dar ese “lujo” en los “buenos meses”, cuando reúne unos 400 dólares diseñando a destajo. Si no, espacia sus escapadas hasta por dos meses.

“Como casados”

Crisis restringe sexualidad en Venezuela
Oriana García y Antonio de Muro se ‘adueñaron’ de la casa de los padres del joven cuando estos emigraron a España por la crisis.

Paradójicamente, la diáspora fue un respiro para Oriana García y Antonio de Muro. Ocuparon el apartamento donde creció el joven de 24 años, después de que su familia emigró a España.

“Vivimos como casados”, afirma risueña Oriana, de 21, en la habitación principal.

Anidaron, pero el problema son los anticonceptivos, durante años escasos y ahora demasiado costosos por la hiperinflación. Estudiante universitaria, Oriana compra tratamientos cubanos cada tres meses en el mercado negro por 4 dólares.

Farmacias ofrecen cajas de tres condones por 2 dólares y anticonceptivos importados de 5 a 8 dólares para un mes.

Montos que Franyercis Reyes no puede cubrir con un ingreso mínimo de 6,7 dólares mensuales. En octubre se colocó un implante, cuyo costo multiplicaba por siete su sueldo. “Es más efectivo hacer un solo gasto”, estima esta cajera de supermercado, de 18 años, en un centro de planificación familiar de Caracas, donde incluso menores hacen fila desde la madrugada para adquirir anticonceptivos económicos.

Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.extra.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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