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¡Un carro, su casa!

I
12 ago 2018 / 00:01 H.

Suroeste de Guayaquil. Calles Febres Cordero, entre Ismael Pérez Pazmiño y Guerrero Valenzuela. Son las doce de la noche del pasado miércoles. Hace frío y el viento sopla fuerte...

Tocamos la puerta derecha, semiabierta, del vetusto carro de color gris y placa GHT-842, abandonado en ese lugar.

Buscamos a la ocupante de este auto que, según los vecinos y conocedores, se ha convertido en su improvisado ‘hogar’.

En el único asiento que tiene el carro está dormida Janeth Margarita Maldonado Veintimilla, de 69 años.

Cuando le tocamos la ‘puerta de su casa’ preguntó, con voz suave y pausada: “¿Quién es, acaso usted es médico?”. El cuestionamiento nos partió el alma.

A simple vista percibimos que la abuelita requiere de atención urgente. Las condiciones en que vive son verdaderamente inhumanas.

Se levanta. Cuenta que el destartalado vehículo le ha servido como casa durante los dos últimos años.

De a poco ganamos su confianza para dialogar. Le dijimos que éramos de Diario EXTRA y buscábamos ayudarla. Nos dio luz verde para conversar un poco de su historia y de por qué está allí.

¡Nadie la ayuda!

A dos cuadras de donde Janeth pasa las noches viven sus parientes, pero asegura que nadie ve por ella. Durante el diálogo en su ‘hogar’, se percibe un olor nauseabundo que proviene de la insalubridad en la que habita. La señora no se mueve del asiento posterior del carro.

Con un abrigo rojo se tapa de la cintura hacia arriba y, con otro gris, sus delgadas piernas. Siente frío y le tiemblan sus extremidades. Unos zapatos de caucho color ratón le abrigan sus encallados pies por el largo trajinar de los años. Luce unas largas uñas que muestran a las claras que hace mucho tiempo no se las ha cortado.

Olvidada

De esa ‘reconfortante cama’ nadie la mueve. Desde allí respondió a nuestras inquietudes. Contó que sus padres están muertos y que sus cinco hermanos y sobrinos supuestamente la han abandonado.

De repente, con su mano derecha se tocó su platinada cabellera e hizo un gesto como de dolor. “Me duelen las piernas, las rodillas, la cabeza y hasta tengo hinchado el estómago. Creo que estoy embarazada”, bromeó. Lo cierto es que no quiere pasar una noche más entre esas cuatro latas.

A las 19:00 llega a su refugio y no sale hasta las 06:00 del día siguiente. Cuando vuelva a partir de su improvisada casa será para buscar ‘el pan nuestro de cada día’.

El hambre la pone muy mal. Vive de la caridad de la gente, que no solo le da alimentos o moneditas para que se compre algo, sino también ropa.

Ese incómodo espacio en el que habita también se ha convertido en su baño. Tiene dos pomas con agua para ducharse dentro del auto.

Luego de un largo rato de diálogo confesó que se siente débil, sola, sin cariño, sin amor de nadie y casi sin fuerzas para seguir viviendo.

Espera que las autoridades vayan por ella y la lleven a un lugar adecuado para que sea valorada y reciba atención médica urgente.

Anhela que un alma caritativa se ponga en su pellejo y le dé una mano postrera ahora en sus últimos tiempos de su vida.

Datos

Enferma

Contó que se siente desprotegida y espera por una ayuda de las autoridades de Salud o de la ciudadanía.

Caridad

Janeth Maldonado vive de la caridad de la gente y come en los restaurantes de la zona por donde deambula.

No más sufrimiento

Ella quiere estar en un hogar de acogida, no desea sufrir más en la vida.

Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.extra.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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