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¡Jóvenes luchan por el sueño de ser militares o policías!

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13 may 2019 / 16:17 H.

‘Vamos, Lili, vamos Lili, corre’... Los gritos de apoyo de los muchachos no cesan. En medio de una carrera de 20 metros, seis chicas cargan, al nivel de sus cinturas, unas llantas. Lili no tiene tanta necesidad de sostenerla con sus manos, pues a esta joven de 1,70 metros y casi 120 kilos de peso (unas 264 libras) la llanta que lleva, mucho más grande y pesada que las del resto, le queda casi ajustada a su cadera.

Envuelta en un pantalón y blusa anchas, Lili toma la delantera, hasta que Gabriela Zambrano, mucho más pequeñita y ágil, ‘pica’ y se impone en el tramo final. La carrera termina y todas las chicas se retiran sus llantas y dan paso a nuevos competidores. Todas menos Lili. A ella el neumático se le queda atrapado entre sus caderas. Pero ella no se avergüenza: se arrodilla, levanta los brazos y por entre sus grandes ‘chichis’ logran liberarla de la rueda. Para eso requiere la ayuda de tres personas.

A base de puro esfuerzo, Liliana Castillo -Lili, para sus compañeros- ha bajado en 4 meses casi 30 kilos (antes pesaba unos 150 kilos). La impulsa su sueño de querer ser policía y sabe que para eso debe seguir trabajando hasta conseguir, más que un peso ideal, un estado físico adecuado para superar las pruebas que se imponen.

Su dedicación y el ver cómo le pone ganas a los ejercicios, son un aliciente para sus amigos y compañeros, un grupo de 40 muchachos que día a día se entrenan en el complejo de la Liga del Sur, en Guayaquil, todo con el fin de estar listos para acceder a un cupo a las Fuerzas Armadas (Ejército, Marina, Fuerza Aérea) o la Policía y a sus grupos de élite (GIR, GOE). Todo lo hacen en conjunto y la “pelea por lograr el mejor estado -dicen- es peleando”.

Algunos llegan desde otras provincias y pasan una especie de internado con el solo fin de entrenarse y capacitarse física, académica y psicológicamente para tratar de superar las pruebas que se les imponga cuando apliquen a cada área.

Allí también está Pedernales. Así llaman a Javier Muñoz Sánchez, de 18 años. Los recuerdos del terremoto de 2016 que desolaron a su ciudad, que dejaron a su familia en la calle y donde vio “morir a mucha gente, a muchos amigos”, lo impulsan a seguir adelante. Pedernales, más que su sobrenombre, es su marca de vida. Él lo tiene claro: “quiero ser policía, pero ingresar a uno de los grupos especiales, el GIR o el GOE”, dice con cierta sabrosura.

Gabriela, la menudita de 18 años que le ganó la carrera a Lili, en cambio quiere ingresar a la Escuela Superior Naval, para ser oficial; Eddy Mera, también de 18, llegó desde Esmeraldas a Guayaquil para entrenarse y poder ingresar a la Escuela de Grumetes; y Leidy Espinoza, una de las más nuevas en el grupo, vino desde el frío de Guano, en la provincia de Chimborazo, para prepararse e ingresar al Ejército.

El entrenamiento

“Para ser soldado se debe tener, los bigotes largos como Lucifer, ojos de lechuza, dientes de león y musculatura como de Sansón”. Es hora de entrenarse y el grito a todo pulmón de Steven Castillo dirige a los demás en la carrera por la pista. A sus 20 años y habiendo cumplido ya el servicio militar obligatorio, ahora va tras su sueño de regresar a los cuarteles. Él es uno de los más fuertes en el grupo y conoce la vida en las barracas.

Muy por la mañana, el sudor y el cansancio hacen presa ya de los chicos, concentrados en la cancha del complejo de la Liga del Sur, donde se ejercitan.

Un día a la semana van al puente de la calle 17, desde donde los chicos pierden el miedo a lanzarse de las alturas. Unos lo hacen sin recelo; otros, como Leidy, se suben a la baranda del puente, pero... pasan uno, dos, tres minutos. “¡Lánzate, vamos, vamos, el agua está fresquita!”, gritan quienes ya están en el estero Salado. Nada que ver. El temor se apodera de ella y se baja. Luego lo intentará.

Hay que esforzarse al máximo

La preparación es realmente difícil. Hay algunos como Santiago Machuca que lleva ya un año y dos meses entrenando y estudiando para, cuando se abra el proceso de selección para la Policía, estar listo. No lo ha podido hacer por dos cosas: no se ha sentido preparado y, además, recién está por cumplir los 18 años, edad a la que ya podría acceder con sus documentos.

Ellos también están conscientes de que quienes deseen ingresar a las Fuerzas Armadas o la Policía deben tener “el espíritu de servicio y estar listos a ciertos sacrificios con la familia”.

Eso ya lo saben algunos como Jhostyn Viscarra, de 17 años, quien dejó el campo de su natal Ventanas (Los Ríos), donde ayudaba a su familia cogiendo naranjas o cultivando cacao, todo porque quiere ser policía, “para ayudar a mis padres y devolverle todo lo que han hecho por mi”.

También lo sabe Lili, quien todos los días debe salir desde el Guasmo sur para entrenar. La impulsa la idea de tener algo seguro para poder sacar adelante a su madre, que se ayuda con una pequeña tienda, y a su padre que hace fletes.

En Lili, atrás quedaron sus sueños de estudiar enfermería, pues falló en las pruebas del Senescyt. Atrás también quedaron los cursos de belleza, cosmetología, salud y otros que hizo para poder ayudarse en algún trabajito. Su meta es vestir el uniforme policial. Y la comparte con todos sus compañeros, cada uno con un sueño distinto al que hoy le ponen el mismo ‘ñeque’.

No hay diferencias a la hora de entrenarse

El sargento Francisco David Fuentes, de 55 años, es el instructor de los jóvenes en la Liga del Sur. Su experiencia en la Infantería de Marina y en las Fuerzas Especiales lo llevó a crear la Escuela de Entrenamiento Físico Militar Dafuni, en la cual forma a los chicos en el área física, psicológica ya académica.

“Aquí no hay diferencia entre hombres y mujeres, todos hacen lo mismo. El mal llamado sexo débil demuestra que también están es fuerte”, señala, al explicar que ellas deben estar tan listas físicamente como ellos si quieren lograr sus sueños.

Andrés León, de 38 años, profesor de Educación Física y quien por sus conocimientos también se ha dedicado a instruir ‘como cachuelo’ a los hijos de sus amigos, agrega que “quienes quieren pasar las pruebas deben ‘sacarse el aire’ y estar preparados psicológicamente”. Él ahora tiene a 5 chicos a quienes saca a correr todos los días por el sector de la Perimetral.

Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.extra.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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