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¡Guayaquil tiene 5 muertos considerados milagrosos!

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22 abr 2019 / 13:49 H.

José Daniel Pulla Sagbay murió el 16 de octubre de 1981. Dicen que es milagroso, se lo conoce como el conscripto, pues tenía 18 años y cumplía el servicio militar en la compañía de Selva número 7, en Zumba (Zamora Chinchipe), cuando se ahogó.

Se asegura que es cumplidor con los pedidos de trabajo (legítimos o indebidos, al parecer da igual) y por algún favor de amor. Su sepulcro está en medio de un escenario sembrado de cruces y tumbas destartaladas donde el lujo máximo es una vereda de concreto que se adentra cerro arriba entre la tierra pelada del sector de El Calvario, en la parte alta del Cementerio General de Guayaquil.

Susana M., de 23 años, como prefirió que se la identifique, está plantada precisamente frente a la tumba de José Daniel. Ella se atrevió a confesar por qué a eso de las 07:35 ya está ahí. Saca de su cartera tres velas. “Una por mi madre, que está muy malita. Dos por mi pareja. Pido que esta noche no lo alcance la ley”.

Esta es una de las cinco tumbas que cada lunes recibe visitas. Susana es la primera de decenas de personas que aquel día, hasta más allá de las 18:00, subieron a El Calvario. Provienen de distintas partes. No importa si son ricos o pobres, si es gente sana o muy mala. Todos cumplen el ritual de rezarles a los muertos.

La sepultura de José Daniel es la última parada de este peregrinaje hacia los muertos que nadie sabe cómo ni cuándo nació. Algunos guardias del cementerio cuentan que el cráneo rodaba de un lado a otro hasta que alguien lo recogió y lo colocó en aquella esquina donde luego se construyó el altar en cuyo interior, se supone, permanece bajo una gran cantidad de papel doblado, con nombres de personas y pedidos de favores.

Itinerario de visita a los ‘muertos milagrosos’

Los seguidores de los muertos hacen varias paradas en este itinerario en pos de algún milagro o para pagar favores. La primera es en la tumba número 1012, ubicada a un costado de uno de los pasajes laterales al ingreso de la puerta 3. Ahí reposan los restos de Dolores Vera de Del Río, quien murió el 24 de abril de 1890.

“Hay gente que toma baños delante de esta bóveda. Se la conoce como curandera y quien fue la viuda del curandero que está en otro lado”, comenta Héctor Piza, mientras fuma unos cigarros que antes ha lanzado sobre el piso, como parte de un ritual de protección y lectura de la suerte.

Tal como sucede con las otras tumbas, las personas que se plantan ahí, encienden unas velas y dan tres palmadas a la lápida. “Es para que sepa que estamos aquí”, agrega Piza, quien, al igual que el resto, cree que más de un siglo después hay alguien del otro lado que está atento a lo que sucede en los alrededores de su sepultura.

Luego de aquel ritual, el peregrinaje continúa en la parte alta, en el cerro. Allá, el primer punto es la cripta de las Ánimas del Purgatorio. De ahí, a unos 50 metros, se encuentra la del Jefe, como le dicen algunos. Se trata de Antonio Valverde, el mayor de todos.

No solo que recibe la mayor cantidad de visitas, sino que además cada 17 de octubre se festeja la fecha en la que pasó al otro lado. “Esto se convierte en una feria de pueblo”, asegura Mario B., quien prefiere que lo llamen Rey Midas. “Así me conocen mis clientes”. Es un espiritista, pero también un activista cultural, aclara.

Al espíritu de Valverde se le encomienda cualquier tipo de trabajo, desde cosas buenas hasta las más malas. A Valverde se lo conoce como El Brujo. Murió en 1912. En algún lado de su sepulcro se observa una placa dedicada por sus hijos Juan, Abel y Dositea.

La última visita

Cumplido el ritual en las tres tumbas ubicadas en el sector de El Calvario, se desciende para asistir a donde reposa el cuerpo de Manuel A. Del Río, fallecido el 13 de enero de 1929, a los 63 años. Fue el esposo de Dolores Vera. Las referencias de los seguidores es que ambos (los Del Río Vera) fueron brujos.

Solo Dios sabe por qué los lunes. Rosario Lomas Muñoz, profesora, dice que ese es el día dedicado a las almas en pena. “Los cementerios son como las iglesias; y los muertos, santos espíritus que nos cuidan”, dice la maestra.

“Llega gente peligrosa, desde sicarios hasta narcos, pero acá no te pasa nada”, cuenta María Jurado, quien llegó con su nuera desde el suburbio.

El club de los futbolistas

Entre El Brujo mayor y el altar a las Ánimas del Purgatorio hay una tumba que también recibe visitantes cada lunes. La de Guillermo Xavier Delgado Iturralde, quien murió el 12 de diciembre de 1999. Tenía entonces 21 años. “Él no hace milagros”, dice Julio Apolinario, quien anda por los 60 años y es uno de los miembros del Fogata FC, equipo en el que el joven Guillermo era uno de sus jugadores estrella.

“El máximo milagro que hace esta almita es que nos reúne alrededor de su tumba a la mayoría de sus excompañeros. Acá conversamos, hablamos de fútbol y hasta celebramos cumpleaños”, dice Orly Granda Alvarado, otro de los casi 20 panas que reían y conversaban un lunes reciente.

Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.extra.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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