ACTUALIZADO A LAS
19:33
vacio
-- / --

¡Fue violada por su médico!

I
14 ene 2020 / 08:36 H.

Ahí estaba ella. Sobre el piso. Semidesnuda y cubierta de sangre. Esas imágenes de una noche de terror aparecían difusas en la memoria de Eva, pero no tenía duda, la habían violado.

Pasó en noviembre de 2018. Pero aún tiene pesadillas sobre lo sucedido. El verde del páramo, que hoy es su hogar, mitiga su pena, pero no alcanza... A Eva le “destrozaron la vida” y cuenta su historia a EXTRA.

La mujer, de 32 años, regresó en mayo –de aquel año– al país tras terminar una maestría en Argentina y se estableció en Ibarra (Imbabura) al encontrar una plaza de trabajo allí. Su hijo siempre la acompañaba.

Eva es asmática. El clima de la capital argentina había desatado los primeros síntomas respiratorios y en Ibarra sufrió dos crisis. Así conoció a un doctor, en el cubículo de un hospital de esa ciudad, quien atendió sus síntomas. Primero, Eva respondió:

¿Vive con alguien?

— Con mi hijo, de 11 años. Es más, debo estar fuera de aquí antes de las 12 porque a esa hora sale de la escuela.

¿Contacto de emergencia?

— No tengo a nadie más...

La atención del hombre le inspiró confianza. La segunda vez que lo vio por un ataque de asma, Eva le pidió un contacto por si se presentara otra crisis. El diálogo entre ambos fue limitado. Alguna duda sobre un medicamento o sobre la dosis.

Una noche de noviembre Eva sufrió una insuficiencia respiratoria, tan severa que llamó al especialista. “Pensé que llegaría en una ambulancia para llevarme al hospital, pero estaba solo”, dice.

Además del asma, Eva sufre un cuadro depresivo. Los síntomas están en sus niveles más altos. “Entré en un ataque de pánico... estaba en estado suicida. Ella (su novia) –desde Quito– me dijo que pidiera ayuda, por eso lo llamé”.

A la llegada del galeno, Eva lo recibió en la sala, envuelta en su pijama y con el rostro hinchado de tanto llorar. “Él dobló la dosis de los medicamentos... Me dijo que en cuanto hicieran efecto se iría, pero no fue así...”, relata. Aquel coctel de fármacos sumió a Eva en un sueño profundo...

Entonces, sucedió... Su hijo dormía en la habitación de al lado, ajeno por completo al calvario que en ese momento sufría su madre mientras un médico, que suponía era de confianza, estaba supuestamente agrediendo sexualmente.

Despertar de terror

Sentía que le faltaba el aire. Estaba bocabajo, con el rostro presionado contra una almohada. Giraba la cabeza para poder respirar. Y lo vio. Estaba encima suyo, con el pantalón abajo. “No había estado con hombres hace muchos años... No entendía lo que ocurría”, dice. En cuanto el sujeto notó que ella había despertado, se alejó. “Me dijo que no dijera nada, que le podría dañar la carrera”.

Tambaleante, Eva dio unos pasos hasta la habitación de su hijo. Allí se desplomó sobre el piso.

A las 09:00 del día siguiente, Eva despertó. Estaba semidesnuda y cubierta de sangre (estaba menstruando). Buscaba su teléfono celular y vio un mensaje del médico. “Linda, hice lo que me pediste, te dejé en tu cuarto y me fui para no despertarte”.

Eva estaba aturdida. No pudo haber imaginado todo. Y las marcas en su cuerpo confirmaron lo sucedido. Ella lo encaró.

Trabas legales

De nada sirvieron las disculpas del hombre, lo ocurrido no fue consensuado. Eva salió en busca de ayuda. “Encontré a un policía de Tránsito, me dijo que fuera a la Fiscalía, pero era domingo, no me atendieron... Solo me dijeron que no me bañara para –al día siguiente– hacer los exámenes”, agrega.

Y así fue, los peritos le hicieron los análisis, se quedaron con su ropa interior y confirmaron un desgarro en sus partes íntimas. Tomaron muestras de sangre para las pruebas toxicológicas (además de la medicina, Eva era consumidora de marihuana).

Es por eso que seis meses más tarde cuando le entregan los resultados, hubo dudas. Estaba limpia de cualquier sustancia. “Fueron alterados”, asegura.

▶Lee: Se suspendió la audiencia de juzgamiento por abuso sexual a un niño

El páramo

No puede olvidar lo ocurrido. Está cansada de las pericias legales que no la llevan a ninguna parte y de toparse, una y otra vez, en las salas de espera con su agresor. Un colectivo feminista le brinda soporte psicológico, pero Eva no puede más.

Eva dejó Ibarra y se mudó con sus padres a una parroquia rural de Quito. Los problemas continuaron. Su familia no entendía lo ocurrido... Eva terminó en casa de sus abuelos en un poblado, de no más de 200 personas, en el páramo.

Acompañada del paisaje andino, Eva siente algo de paz. Hasta que recuerda que un año después de la violación, el caso sigue en indagación previa. Dos intentos de suicidio, noches enteras de llanto y el único argumento del médico es que ella nunca dijo que no.

— “¿Cómo iba a hacerlo? Estaba completamente sedada”.

No ha podido volver a tener pareja, hasta subirse al autobús requiere de fuerza de voluntad, pero allí sigue Eva. No se detendrá... “La justicia debe llegar. A nadie más le debe ocurrir algo así...”.

EXTRA omitió el nombre de los protagonistas para proteger la identidad de la víctima. (AAM)

Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.extra.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

TAGS:

LEE TAMBIÉN