ACTUALIZADO A LAS
00:37

¿Podría la atracción sexual hacia un familiar estar en los genes?

I
09 feb 2018 / 00:00 H.

En 1998, los padres de Katie Pladl la entregaron en adopción recién nacida. Eran jóvenes —expone Diario El Clarín— y no tenían ingresos suficientes para mantenerla. Ella no conoció a su familia biológica hasta 2016 cuando —a sus 20 años— decidió emprender una búsqueda a través de redes sociales que derivó en un reencuentro familiar.

Steven Pladl vivía con su esposa y dos hijas en Richmond, Virginia (EE.UU.). Tras recuperar el contacto con Katie, el matrimonio la recibió en su hogar y dio inicio a una convivencia que, con el tiempo, empezó a incomodar a la madre: el amor del hombre, de 42 años, hacia su hija había dejado de ser netamente paterno-filial.

Al confirmarlo, la madre de Katie dejó a su padre inmediatamente. Ese divorcio la ‘convirtió’ en la ‘madrastra’ de sus hermanas, como Steven pedía que la llamaran. Producto de esa relación incestuosa nació un hijo-hermano. El pasado 27 de enero ambos fueron arrestados, tras las denuncias de la ahora exesposa.

Sin embargo, casos como el de Steven y Katie Pladel —que horrorizaron a ese país— no son poco habituales ni nuevos. Desarrollar una atracción de ese tipo con familiares cercanos podría parecer improbable y hasta repugnante pero, “¿qué ocurre cuando personas adoptadas, que jamás han convivido con su familia genética, desarrollan una fascinación excesiva hacia alguno de sus parientes de sangre cuando, por fin, lo conocen?”, publica S Moda en este artículo sobre una condición de “la que cada vez se habla más, a pesar de que los estudios científicos al respecto son casi inexistentes”.

Se trata de la atracción sexual genética (GSA, por sus siglas en inglés), un término que surgió a finales de los años 80, acuñado por Barbara Gonyo, quien lo vivió con su propio descendiente.

El origen del término

En la década de los 70, cambios en las leyes de adopción en países como EE. UU. y Reino Unido propiciaron el reencuentro entre padres e hijos, que por diversas circunstancias se habían separado tempranamente. Esta “relajación” legal —explica S Moda— hizo posible que quienes fueron adoptados pudieran acceder a sus historiales y posteriormente contactaran a sus familiares biológicos, lo que derivó en una serie de reuniones.

“Es precisamente en esas sesiones donde surgió el término GSA al constatarse que esta se daba en un porcentaje del 50 % de los casos, si bien la mayoría de las veces este amor ‘incestuoso’ se vive de forma secreta y con enormes sentimientos de culpa, vergüenza y miedo”.

Pero no todos son ‘casos Pladl’. La mujer que acuñó el término, hace más de 30 años, compartió sus experiencias en un libro titulado I’m his mother but he’s not my son (Soy su madre, pero él no es mi hijo), tras reencontrarse con el joven que a sus 16 años dio en adopción. Con 46 años, en 1979, Barbara Gonyo se reunió con su vástago, de 26, y los sentimientos que desarrolló no eran precisamente los de una madre.

En ese texto, Gonyo —quien fue líder de un grupo de apoyo a personas adoptadas, que se reencontraban con sus familiares de sangre— narra un complejo proceso en el que su relación pasó de ser condenada socialmente a ser una normal. Pero a diferencia de Steven y Katie, ella nunca mantuvo un vínculo sexual.

“Jamás aconsejo a nadie que tenga relaciones sexuales con familiares, porque cruzar esa línea puede traer más daño que consuelo. He conocido casos de personas que no han podido resistirse y lo han pagado muy caro en muchos sentidos y, además, la relación con este pariente cercano jamás ha durado mucho. Tampoco aconsejo que la gente huya del que le produce esa atracción, simplemente les animo a que se den tiempo para comprender y procesar lo que están sintiendo”, dijo a S Moda.

La atracción genética

Para el psicoterapeuta neoyorquino Joe Stoll —quien estudió el tema— la palabra ‘sexual’ no debería acompañar al término, pues en ciertas situaciones puede resultar “inexacta” y causar vergüenza y miedo, haciendo que la condición sea angustiante para las personas que la viven. Según el especialista la atracción se genera, especialmente, en madres que se reúnen con sus hijos y que esto “refleja el vínculo sensual entre una nueva madre y su bebé”, cita The Guardian.

Un tabú existente en “todas las sociedades”

Sin embargo, el psicólogo John Mayer —citado por la revista Women’s Health— asegura que el GSA “es una excusa que utilizan estas personas para romper las normas sociales”. Además, el especialista dice que “el incesto es el único tabú social que existe en todas las sociedades, y comprometerse habiendo incesto es uno de los estigmas sociales más fuertes que existen (y con razón)”, en referencia al caso de incesto entre Kim West y Ben Ford, madre e hijo, quienes mantuvieron una relación por años.

Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.extra.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

LEE TAMBIÉN