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Suicidio: romper el silencio puede salvar vidas

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23 ene 2018 / 00:00 H.

El suicidio en las sociedades occidentales sigue siendo un tabú. Se impone el silencio defensivo como estrategia o se cuenta la realidad de otra manera para no mencionar una palabra que se considera maldita, pero no lo es, y a decir de algunos expertos hablar del suicido con normalidad puede salvar vidas.

Así lo defiende el psiquiatra Alejandro Rocamora —citado por Efe Salud— para quien ”desgraciadamente” se habla poco de suicidio en nuestra sociedad, y es “bueno hablar” de esta situación a veces tan angustiosa para las personas. De hecho, afirma, así lo recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Según los datos de esta organización, más de 800.000 personas mueren cada año por suicidio, y es la segunda causa principal de muerte entre personas de 15 a 29 años de edad. Hay indicios de que, por cada adulto que se suicidó, posiblemente más de otros 20 lo intentaron. El 78% de todos los suicidios se produce en países de ingresos bajos y medianos.

La ingestión de plaguicidas, el ahorcamiento y las armas de fuego son algunos de los métodos más comunes de suicidio en todo el mundo. Pero la misma fuente sostiene que los suicidios se pueden prevenir si se adoptan algunas de las siguientes medidas: restricción del acceso a los medios de suicidio; información responsable por parte de los medios de comunicación; introducción de políticas orientadas a reducir el consumo nocivo de alcohol; identificación temprana, tratamiento y atención de personas con problemas de salud mental y abuso de sustancias, dolores crónicos y trastorno emocional agudo.

Añade la OMS que si bien el vínculo entre el suicidio y los trastornos mentales (en particular los trastornos relacionados con la depresión y el consumo de alcohol) está bien documentado en los países de altos ingresos, muchos suicidios se producen impulsivamente en momentos de crisis que menoscaban la capacidad para afrontar las tensiones de la vida, tales como los problemas financieros, las rupturas de relaciones o los dolores y enfermedades crónicas.

Además, las experiencias relacionadas con conflictos, desastres, violencia, abusos, pérdidas y sensación de aislamiento están estrechamente ligadas a conductas suicidas. Las tasas de suicidio, agrega, también son elevadas entre los grupos vulnerables objeto de discriminación, por ejemplo, los refugiados y migrantes; las comunidades indígenas; las personas lesbianas, homosexuales, bisexuales, transexuales, intersexuales; y los reclusos.

En su libro ‘Cuando nada tiene sentido’ (Desclée), Alejandro Rocamora aborda el tema de los suicidios entre las personas que no padecen ninguna pertubación psiquiátrica, y que representan entre el 10 y el 20 % de todos los suicidios. Rocamora es socio fundador de la Sociedad Española de Suicidología, sociedad científica creada hace dos años para poner un grano de arena en la superación “del desinterés histórico y generalizado en España por un drama personal y colectivo que, unido a un intenso oscurantismo mediático, social, político (e incluso profesional) al respecto, dificulta enormemente su adecuado abordaje y la disminución de su prevalencia”.

Sostiene el psiquiatra que “tras la guerra era tabú hablar de la tuberculosis, después fue el SIDA y también pasó lo mismo con el cáncer y yo pienso que hablar de los fenómenos no contagia”.

Desmontando mitos

Con este objetivo ha escrito el citado libro en el que nos habla de algunos de los mitos que la OMS sostiene rodean al suicidio:

Mito 1.- Quien se quiere matar no lo dice. Criterio científico: de cada diez personas que se suicidan, nueve de ellas dijeron claramente su propósito.

Mito 2.- Quien lo dice no lo hace. Criterio científico: todo el que se suicida expresó con palabras, gestos o amenazas que ocurriría.

Mito 3.- Quienes intentan el suicidio no desean morir: Criterio científico: aunque no todos desean morir, son personas a las cuales les han fracasado sus mecanismos de adaptación y no encuentran alternativas, excepto el atentar contra su vida.

Mito 4.- Las personas que hablan del suicido solo quieren llamar la atención. Criterio científico: todas las amenazas de daño a sí mismos se deben tomar en serio.

Mito 5.- El suicido es siempre impulsivo y ocurre sin advertencia. Criterio científico: muchos suicidas dan algún tipo de indicación verbal o conductual acerca de sus intenciones de hacerse daño.

Mito 6.- Cuando una persona da señales de mejoría o sobrevive a un intento de suicido está fuera de peligro. Criterio científico: en realidad uno de los momentos más peligrosos es inmediatamente después de la crisis.

Mito 7.- El suicidio es siempre hereditario. Criterio científico: no todos se pueden relacionar con la herencia, pero es un factor de riesgo importante, particularmente en familias en que la depresión es común.

Mito 8.- Las personas que se suicidan o lo intentan siempre tiene un trastorno mental. Criterio científico: esta relación varía en según que sitios y hay casos en los que no había ningún trastorno mental evidente.

Mito 9.- Al hablar sobre suicidio con una persona en este riesgo se le puede incitar a ello. Criterio científico: está comprobado que es todo lo contrario y reduce el peligro de cometerlo.

Mito 10.- El acercarse a una persona en crisis suicida sin preparación, y solo con el sentido común es perjudicial. Criterio científico: si el sentido común nos hace asumir una postura de paciente escucha, se habrá iniciado la prevención.

Suicidio: una puerta de entrada falsa

También recoge Rocamora en su libro la tesis de que el suicidio se puede considerar como una puerta de entrada a una situación de tranquilidad y sosiego, donde no exista ni la angustia ni el sufrimiento. No se pone el acento ni en la vivencia insoportable actual, ni en el deseo de cambio, sino en la búsqueda de un paraíso o felicidad plena.

Sería, dice, como un intento “de volver a esa vivencia gratificante y segura del útero materno. También aquí se da por supuesto, de forma errónea, que el problema es irresoluble y que la única posibilidad es la muerte. Es como querer acceder a un edificio por una ventana”.

“En realidad podemos afirmar, que el suicidio es una puerta falsa a una problemática personal, o como dice el doctor Edwin Shneidman el suicido es una solución eterna para lo que a menudo no es más que un problema temporal”.

En cuanto al hecho de que el suicido es la segunda causa de defunción entre las personas de 15 a 29 años, refiere que la gente joven tiene menos recursos a la hora de afrontar los sufrimientos o las situaciones conflictivas de la vida cotidiana.

Y aquí si cabe un papel de prevención por parte de toda la sociedad para armarlos de capacidades con las que afrontar esas adversidades emocionales, señala este psiquiatra que ha trabajado en un centro de salud mental de la Comunidad de Madrid y como profesor en la Universidad Pontificia.

También entre los ancianos hay un mayor repunte de suicidios, y es porque ”muchos de ellos a partir de los 70/80 años sienten que su vida no tiene sentido, se han acabado sus expectativas”.

Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.extra.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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