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“Me dijeron que mi bebé sería un vegetal y que se iría pronto”

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30 ene 2019 / 00:01 H.

La primera vez que Nathaly Calle escuchó la palabra microcefalia tenía 10 semanas de embarazo. Toda la felicidad de su estado y de los preparativos para su boda, que sería una semana después, se eclipsaron por la angustia que desde ese momento le estremeció el corazón.

Su piel se había poblado de una especie de sarpullido, un rash, le dijo el médico que la atendía. Ella pesaba que era por los nervios del matrimonio, pero no, había una probabilidad de que le hubiera picado un mosquito, uno con Zika.

El especialista llamó al Instituto de Infectología para tomar muestra de la sangre de la futura mamá y confirmar si ese era el motivo de la alergia. Pero nunca le confirmaron nada. De hecho, durante toda la gestación creyó que su hija crecía con normalidad en su vientre.

La doctora le dijo que no se preocupara, pero era inútil, la guayaquileña, de 26 años, no dejó de pensar en aquella palabra durante todo el embarazo.

Había escuchado sobre el Zika, y que este virus aumentaba la probabilidad de que bebés de madres infectadas nacieran con microcefalia y daños cerebrales, pero jamás pensó que eso le ocurriría a ella.

“Ninguna persona jamás está preparada para que le digan que su bebé nacerá mal. A mí me dijeron que mi bebé sería un vegetal y que se iría pronto”, dice la joven y enseguida le canta a su niña, que el 22 de noviembre cumplió su primer año de vida.

Efectivamente, Martina nació con microcefalia, daño cerebral severo, lisencefalia, calcificaciones cerebrales, ventrículos dilatados, Síndrome de West... la lista de afecciones, por culpa de una sola picadura de mosquito, parecía interminable y a Nathaly y su esposo Mario Ayerve les destrozaba el alma.

Sin embargo, a pesar de que los especialistas que la atendieron tuvieron la sospecha de la existencia del virus, le confirmaron que su bebé tenía la cabecita pequeña solo una semana antes de dar a luz.

Nathaly asegura que, a pesar de que acudió al Instituto de Infectología, nunca le mostraron los exámenes que le realizaron cuando ella tenía apenas dos meses y medio de embarazo.

“Yo, por mis creencias, jamás hubiera pensado en no tener a mi bebé aunque supiese que nacería con microcefalia, pero al menos me hubiera preparado para recibirla. El golpe no hubiera sido tan duro”, se lamenta la chica y añade que tampoco hay suficiente información sobre la enfermedad y sus consecuencias.

Ella vive en Sauces, donde hay más mosquitos que moradores, exagera. A pesar de que ha pedido que realicen campañas de fumigación, esto no ha ocurrido.

Una vez que secó sus lágrimas y salió de una especie de luto en el que había caído tras el nacimiento de Martina, decidió no lamentarse más y buscar formas para mejorar la calidad de vida de la niña, que es la alegría de su hogar.

“Me dijeron que mi bebé sería un vegetal y que se iría pronto”

Del sistema de salud pública obtuvo poca orientación, se queja. A través del internet se contactó con más mujeres que, como ella, son madres de niños con microcefalia por Zika. Del grupo que han formado, aproximadamente 50 son de Guayaquil. “A nivel nacional hay más de 200”, calcula.

A pesar de eso, el Ministerio de Salud Pública (MSP) dijo a EXPRESO, que este año no se han registrado pacientes con el virus, que los ocho sospechosos que había en la ciudad fueron descartados.

La mamá de Martina insiste en que la información es limitada, a pesar de que de esta depende el futuro de estos bebés. Pone el ejemplo de su niña. A pesar de que le dijeron que viviría pocos meses, se alimentaría por sondas y que no podría moverse, Martina ha hecho todo lo contrario a sus diagnósticos.

Pero insiste, todo esto porque no hay un segundo del día en el que no realice terapia con ella en casa, además de llevarla a un centro especializado tres veces por semana.

La terapeuta de neuropsicomotricidad y rehabilitación infantil Beatrice Moccia masajea sus piernitas rígidas y la pequeña le devuelve el gesto con una sonrisa, que aparece en su rostro con más frecuencia cuando mira y escucha a su mamá.

Para la especialista italiana, que llegó al país hace 9 años, es de vital importancia la atención desde el mismo día del nacimiento. “Hay que intervenir lo más pronto, porque más cambios funcionales podemos realizar con el bebé. Los primeros dos años hay mucha plasticidad neuronal y esto puede significar un gran cambio”, explica.

Nathaly la escucha atenta y reconoce que le hubiese encantado tener a una doctora como ella para darle la noticia de que Martina tenía microcefalia. A ella, insiste, la atendieron en un hospital público en el que le dijeron que “el cerebro de su hija no servía”.

“No pueden decirle esto a los padres. Deben ser empáticos y humanitarios. No le pueden meter a la mamá en la cabeza que no se puede hacer nada más”, aconseja. Ella lo sabe bien porque Martina se lo enseña todos los días, derribando diagnósticos con cada sonrisa.

Las cambiantes estadísticas de Salud

Respecto a las estadísticas sobre las enfermedades invernales provocadas por el mosquito Aedes aegypti, causante del virus del dengue, Zika y Chikunguña; el Ministerio de Salud Pública (MSP) ha emitido una serie de cambios en la información oficial.

Solo el martes pasado, la coordinación zonal 8 de salud aseguró que en lo que va del año y en comparación al mismo periodo del año anterior, había 10 casos de dengue, ocho menos que el 2018; y ocho de zika y dos de chikunguña, males que en enero del año pasado no reportaron ningún caso.

El miércoles sin embargo, Salud informó que si bien los de dengue estaban confirmados, los de los otros dos virus estaban en proceso de reconfirmación y los catalogaron como sospechosos. Pero el viernes los resultados llegaron y fueron otros: Los pacientes con zika y chikunguña fueron descartados. Hasta la semana 2 de enero hay cero pacientes con ambos males.

Una situación confusa, a decir de expertos como Ernesto Carrasco, de la Federación Médica Ecuatoriana, que considera que en Guayaquil y Ecuador lastimosamente el diagnóstico epidemiológico que se realiza no es el correcto ni el completo.

“Falta que Salud tome en cuenta el subregistro de la enfermedad en las consultas privadas, no lo hacen. No podemos tener confianza plena en los datos que ofrece”.

Campaña solidaria

“Me dijeron que mi bebé sería un vegetal y que se iría pronto”

Por su condición Martina debe realizar tratamientos permanentes, además de tomar medicinas que, entre otras cosas, le evitan sufrir crisis epilépticas y espasmos. Estos procedimientos son costosos y sus padres realizan diversas actividades para recaudar fondos. Si desea ayudarla puede acceder a sus cuentas de redes sociales, en las que encontrará información sobre cómo hacerlo.

Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.extra.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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