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¡Una escuela acoge a niños que buscan el cambio de sexo desde la infancia!

Chile ·
I
15 may 2019 / 00:00 H.

Ángela Sabioncello, de 15 años, la tuvo difícil. Aunque había nacido hombre, siempre se sintió mujer y en la escuela sus compañeros no sabían si llamarla ‘ella’ o ‘Ángela’.

“A mis compañeros les costaba mucho no saber cómo llamarme. No lo hacían para molestar pero no se acostumbraban, al igual que a los profesores”, cuenta Ángela. Por eso se desescolarizó el año pasado “y me quedé en casa hasta que llegué” a la Escuela Amaranta, el primer colegio de transexuales en Chile. De hecho, ella fue una de las primeras alumnas del lugar.

En la hora del recreo en la Escuela Amaranta, hay 42 niños que juegan y hablan mientras en una sala contigua empieza una clase de gimnasia para adultos, promovida por la asociación de vecinos que ha cedido el espacio para este proyecto educativo.

Este colegio gratuito cuenta con dos aulas, tiene una docena de profesores voluntarios y se financia con aportes de la sociedad civil, como el de la junta de vecinos del barrio de Ñuñoa, al sur de Santiago, que les prestó un lugar que ya les queda pequeño y al que le falta un comedor y calefacción.

La Escuela Amaranta, que nació para dar cobijo a cinco niños transexuales, se ha convertido ahora en un colegio con más de cuarenta menores con edades entre seis y diecisiete años. El plantel lleva el nombre en honor a Amaranta Gómez, una política y activista transgénero mexicana.

“Tenemos un 80 % de niños transexuales. El otro 20 % primero fueron los hermanos de estos y luego nos llegaron menores que han sufrido ‘bullying’ o que tienen capacidades diferentes para aprender”, explica la directora del establecimiento, Evelyn Silva.

Profesores no saben manejar el cambio de género

Matteo Osorio, a sus diecisiete años, se encontró en una situación similar al hacer el tránsito de género en una escuela que solo admitía a “niñas”. “Me sentí muy poco seguro y respaldado. Estaba atrapado en lo que se considera femenino”, agregó Osorio.

En cuanto a la segregación de los niños transexuales en una escuela, la directora aseguró que no se está produciendo: “el horario es de lunes a jueves de 08.30 hasta las 15.30. El resto de días hacen vida en otros ambientes”.

Por su parte, la coordinadora de la Escuela Amaranta, Ximena Maturana, consideró que en los colegios “formales” todavía “no saben manejar” el cambio de género.

“Hay una circular de Educación que obliga a que los niños trans usen su nombre social, el uniforme y los baños que les corresponde. Pero no tienen derecho a ser visibles en el aula, hay directores que recomiendan que no lo digan públicamente y los niños deben cargar con ese peso”, agregó Maturana.

Las dos mujeres que lideran este proyecto hablan desde la experiencia porque ambas tienen una hija transgénero y quieren facilitar la transición a otros. “Nuestra escuela no está registrada en el Ministerio de Educación porque no encaja con su idea. Aquí enseñamos las materias tradicionales pero también incorporamos lo mejor de los sistemas alternativos para educarlos en sus emociones”, explicó Silva.

Sin celulares y con mucha dinámica

Por la mañana, todos los alumnos entregan los móviles al entrar y se dividen entre el aula de primaria y secundaria. También hacen dinámicas de grupos y se separan entre los que llevan más tiempo con su nueva identidad.

“Los menores que hacen el cambio de género sufren un pequeño retraso emocional, necesitan reencontrarse, jugar, expresarse y aquí les damos este espacio”, aseguró Silva.

Ángela y Matteo iniciaron su tránsito en plena adolescencia, aunque reconocieron que desde los cuatro y ocho años se sintieron niña y niño, respectivamente. “La mayoría se da cuenta entre los tres y cinco años. Pero los niños no saben que son trans, solo sienten que algo pasa sin ponerle nombre”, agregó Silva.

La visibilidad es la bandera de esta escuela, que invita a todos los padres a que permitan a sus hijos aparecer en imágenes. “Hemos puesto rostro a la infancia transexual. Permitimos a la gente que nos conozca y grabe. En Latinoamérica, Estados Unidos y todo el mundo han usado nuestras fotos”, aseguró Maturana. Esta escuela, que se ha convertido en un oasis de tolerancia, quiere visibilidad y apoyo, pero “sin dar pena”.

“El edificio en el que estamos ahora no es una escuela. Nuestra meta es encontrar uno para finales de año. Pero todavía no hemos hecho ninguna campaña porque no queremos victimizarnos y hacer un llamado para que ayuden a estos ‘pobres’ niños”, puntualizó la directora.

La Escuela Amaranta ha fijado un límite de cien alumnos para poder continuar con un enfoque personalizado: “la idea no es tener a todos los niños de Chile aquí, lo que queremos es que este modelo se replique”, concluyó.

Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.extra.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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