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¡Dos jóvenes se salvaron de las llamas!

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14 ene 2019 / 00:01 H.

Aún temblaba. El siniestro había pasado hace 20 horas y Alinton Eduardo Charcopa Ramírez todavía estaba confundido. Feliz y triste a la vez. “Por la gracia de Dios estoy vivo”, repetía. “No pude hacer nada para salvar a mis compañeros”, lamentaba con ojos llorosos.

Alinton estaba en la losa del edificio donde funcionaba la clínica de rehabilitación que se incendió la tarde del viernes en el suburbio de Guayaquil. Hacía trabajos de soldadura cuando escuchó los gritos en el vecindario.

“Oye, incendio, incendio, decía la gente, pero nunca me imaginé que era en el mismo centro de rehabilitación donde yo estaba”, acota mientras soba sus delgados brazos, se frota los ojos y calma su respiración. Intenta no llorar.

“Bajé desesperado a ayudar a mis compañeros. La puerta estaba con candado, se perdieron las llaves; de la desesperación no pude ayudar, se me salían las lágrimas a la vez que mis compañeros se quemaban”.

El joven de 20 años es uno de los sobrevivientes del incendio que acabó con la vida de 18 varones, todos internos de este centro de rehabilitación, quienes se encontraban en la fase de desintoxicación, agrupados en una habitación a la que conocen como ‘la lagartera’.

Se trata de un cuarto donde van los recién llegados “a pasar el síndrome de abstinencia, lo que es el mono”, explica Alinton. “El síndrome de abstinencia es cuando ya dejas de consumir, te viene el dolor de huesos, escalofríos, te da diarrea, te quieres ir”, acota el joven, quien llevaba en el sitio casi tres meses.

En el baño de la lagartera, Aladino Alcívar, tío de uno de los fallecidos, encontró los cuerpos. La ducha aún estaba abierta. “Parece que quisieron resguardarse del humo abriendo la ducha, pero cuando pudimos entrar ya fue demasiado tarde”, explica.

Alcívar fue uno de los primeros en ingresar al sitio luego de romper una pared de la casa contigua. “Estaba colocando un techo donde un vecino y me percaté del humo. Fuimos, desesperados; con ayuda de un combo rompimos la pared, pero demoramos bastante. Llegamos solo para verificar que estaban todos asfixiados”. (KSG)

Testimonio

“Habíamos almorzado ‘tuco’”

“Aquí nos trataban bien. Nos daban buena comida. Habíamos almorzado tuco, a lo bien”, comenta Peter Ponce, uno de los sobrevivientes del incendio, quien estaba en la losa.

“El coordinador, al que le dicen Beso, no les quiso abrir la puerta. Cuando vio que el fuego era mayor quiso abrir pero no se pudo. El man se desapareció”, relata.

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