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Con visitas vigilan a mujeres que han sufrido agresiones

Ecuador ·
I
10 feb 2019 / 00:01 H.

En los apenas cuatro meses que Carmen, venezolana de nacimiento, de 46 años, lleva en Ecuador, ya tiene un mal recuerdo. Un hombre con quien tuvo una relación sentimental le roció ácido en la cara. Y podría necesitar un trasplante de córnea en el ojo izquierdo. Eso se sabrá luego de un examen médico.

Estilista de profesión, Carmen la noche anterior había ido a cepillarle el cabello a una amiga y clienta en el sector del Paraíso de la Flor. Su entonces ex, con quien se conoció en Venezuela y vivió en su primer mes y medio en Ecuador en esa misma zona, llegó al sitio. Él les ofreció unos ‘traguitos’, pero no se los aceptaron. Luego regresó con una botella transparente.

“Él estaba sentado afuera y me miraba, pero no le presté atención. Luego, mientras las vecinas conversaban, se acercó y yo solo sentí un líquido en mi cara”, contó Carmen, quien tuvo que estar varios días internada en un hospital.

Una patrulla policial se acerca dos veces por semana al actual sitio de residencia de la ‘chama’. Los uniformados hablan con ella, le preguntan si está bien y le hacen firmar una hoja con el registro de la visita. Esta estrategia se aplica como una manera de evitar un posible femicidio a las mujeres que han sido maltratadas.

Otro grupo de policías acude el mismo número de veces a la casa de Clara, de 37 años, en una de las cooperativas de Monte Sinaí, al noroeste de Guayaquil.

A casi un año de la separación de su exconviviente, ella todavía necesita tomar un respiro profundo para hablar de lo que vivió con el padre de sus tres hijos. Tras una relación de 15 años deberían primar muchos buenos momentos, pero no. De esos años en su memoria quedaron los gritos y golpes.

“El que se atreve a estar tocando a mi mujer yo lo mato”, recuerda Clara que su exmarido gritó en una fiesta en el vecindario, pasado de copas. Ella trató de calmarlo, pero fue peor. “Me dijo: ‘Tú no me digas nada’. Y con la mano me tiró contra la pared y en el piso me pateaba”, relató Clara.

Ambos casos identificados pertenecen al distrito policial Nueva Prosperina. William Ron, el jefe de esa zona, explicó que además de las visitas, a las mujeres se les instala un aplicativo de botón de seguridad en sus celulares para que puedan alertar situaciones de agresión en sus domicilios. En ese distrito, otras seis damas se benefician del programa.

La visión que tiene Carmen con su ojo izquierdo es borrosa. Espera que no sea necesario un trasplante. El sujeto que le lanzó el ácido está libre. Ella espera que puedan atraparlo. Mientras tanto, hay que agradecer por la vida, dice. Y porque ninguna de sus hijas, de 25 y 12 años, sufra algo similar.

Clara en cambio le descontará a la vida los 15 años tormentosos que tuvo. Ahora se dedica a sus hijos y a ella. Porque con la misma valentía que dejó el pasado, se permitirá ser feliz, reflexiona.

Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.extra.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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