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¡Aparecidos de los Siete Patios!

Quito ·
15 jun 2019 / 15:19 H.

Los escuchan reír, los ven pasar; abrir y cerrar las puertas, pero no les tienen miedo. Están tan habituados a esas presencias que los niños de la Casa del los Siete Patios corretean por cada rincón de esa vivienda, situada en las calles Rocafuerte e Imbabura, en el corazón del Centro Histórico de Quito.

“Siempre veíamos una niña. Nos movía los juguetes. Al principio nos asustábamos, pero con los años nos acostumbramos a que estuviera aquí”, cuenta Andrea Ruales. Durante 25 años ha vivido en aquella casona patrimonial que junta 38 departamentos.

Los residentes coinciden en que el ambiente de esa estructura es algo pesado, pero la armónica convivencia entre todos mitiga las supuestas apariciones sobrenaturales. Por ejemplo, la de la figura blanca que se pasea por la casa número dos.

Henry Males, del colectivo turístico Quito te cuenta, dice que esa presencia va de un lado a otro, abriendo y cerrando portones. Sin embargo, no es la única. Cuentan que hace algunos años, un niño del lugar vio a un hombre que recorría el segundo piso. Varios días anduvo por allí, hasta que un olor terrible los alertó sobre la muerte de uno de los vecinos.

Lo hallaron dentro de su casa. Era el mismo señor que el chiquillo vio merodeando por los corredores.

La antigua casa

En el siglo XIX, la vivienda de siete patios fue el hogar de estudiantes de provincia y de algunos comerciantes de San Roque, barrio en el que se levanta. De ahí corre la leyenda del muchacho que se ahorcó dentro de una de las habitaciones. Algunos de los vecinos lo han visto, otros -simplemente- han escuchado sus pasos. En lo que todos coinciden es que cuando los espíritus rondan por allí, la temperatura desciende y el efluvio calentito sale de boca de los residentes mientras hablan.

Nelly de Ruales ha vivido sesenta años entre los amplios patios y maceteros de la construcción. Llegó cuando apenas tenía cuatro años en compañía de su madre y de un hermano mayor. Luego el padrastro los llevó al Oriente, pero Nelly extrañaba tanto el lugar que cuando tenía 17 años volvió con su esposo y sus dos primeros hijos. Algunos aún viven allí, incluso sus nietecitos juguetean entre los jardines de esa mansión encantada.

Males refiere que la casa fue construida con siete patios, ya que en antaño las familias eran numerosas y era en esos espacios abiertos en los que se hacían algunas actividades sociales, pero sobre todo de lavandería. Aun ahora, los cordeles -amarrados de columna a columna- están cubiertos con los uniformes de escuela y otras prendas de las familias que allí residen, porque pese a los años esa costumbre de lavado en comunidad no ha cambiado.

El director del colectivo turístico dice que hace cuarenta años unas 400 personas llegaron a vivir allí. En algunos departamentos había seis familias. Sin embargo, un día una cuadrilla municipal les informó que la casa se estaba cayendo y que debían ser reubicados a la calle Caldas. (AAM)

Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.extra.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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