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¿Cuándo los celos se volvieron algo enfermizo?

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02 abr 2019 / 00:00 H.
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Es difícil que las personas no acepten que a veces pueden sentir celos de que alguien se acerque a su pareja.

Alguna vez capaz estuviste en la situación de que tu novio o novia se encontró con alguien que no conocías y se saludaron de manera muy ‘amorosa’ (según tú) y eso te generó un explosión de suposiciones en tu cabeza: ¿Dónde la conoció?, ¿Habrán ‘vacilado’?, ¿Por qué se abrazaron tanto tiempo al saludarse?...

Estas interrogantes podrían evidenciar que tus celos van más allá del sentimiento que tienes por tu pareja y cruzan la delgada línea entre lo normal y lo enfermizo.

Aunque te parezca normal ser celoso y creas que esto te hace ‘apasionado’ por tu pareja, no siempre funcionó así. Hubo un momento en la historia en que los celos dejaron de ser un sentimiento de pasión para convertirse en una patología.

El profesor de investigación de historia y filosofía de la ciencia, Javier Moscoso, citado por la BBC, explica cómo los celos pasaron con el tiempo, de un asunto pasional a algo enfermizo.

El experto, miembro del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (España), explica en su artículo publicado en la web académica The Conversation,este proceso.

Según Moscoso, a finales del siglo XIX, una época donde el estudio de las emociones generaba confusión en el campo de la medicina, el psiquiatra Moreau de Tours, indicaba que los celos eran una característica relacionada a todo tipo de amor que solo cuando parecía excesiva en grado o en intensidad se transformaba en patológica (enfermiza) y requería de tratamiento.

De Tours definió en una escala de cinco grados de intensidades la medición de los celos:

- Los débiles, que se expresaban por pequeños problemas intelectuales, así como por algunos inconvenientes para la pareja.

- Los fuertes, que daban lugar a peleas y escenas de violencia, incluyendo ideas, aunque solo ideas de homicidio.

- Los violentos, que conducían a pensamientos determinados de homicidio.

- Los excesivos, que acaban en el suicidio de la persona celosa; y, por último,

- Los indignados, que terminaban con el asesinato de la pareja y el suicidio del criminal.

Pese a esta escala, lo difícil era definir hasta que grado eran celos normales o ya pasaban a convertirse en una patología. Lo más común y sencillo en aquel entonces era empezar analizando los rasgos expresivos del celoso, hasta incluso llegar a sus aspectos fisiológicos (función del organismo).

Por ejemplo, en el siglo XIX, en un tratamiento para gente que sufría de exceso de ‘pasiones’, identificaron que el hígado de una persona celosa convertía mayor cantidad de sangre negra en bilis amarilla. Esto resultaba en que quienes lo sufrían, presentaban trastornos de digestión y disminución clara en su vitalidad.

Pero no terminaba ahí el asunto. Esa irritación intestinal llegaba incluso al cerebro, provocando pensamientos tristes y tumultuosos, en casos leves, mientras que en los más graves, al suicidio y la muerte.

Lo enfermizo llevaba a alucinaciones

Entre más enfermizos eran los celos, más probabilidades existían de que esa persona sufra de un carácter alucinatorio.

Esto quiere decir que el nivel intenso de sus celos no dependía de un hecho real (”mi marido o mi mujer me engaña”) como tal, sino que se asociaban a una comprensión errónea de la realidad, ya fuera por una deformación de las impresiones sensoriales o por su carácter delirante.

Esta pasión enfermiza hacía que las personas transformen sus sospechas o presunciones en ‘verdades’ y se conviertan en celosos tipo detective.

Los médicos de aquel entonces decían que este modelo de celoso, mantenía una vigilancia activa sobre sus parejas: rostros, cambios de humor; incluso algo más extremo: examinaban sus sábanas y ropa en busca de una ‘prueba’ que respalde sus suposiciones.

Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.extra.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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