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El cerebro también tiene género

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14 mar 2018 / 00:00 H.

El cerebro, ese órgano poderoso y tremendamente plástico que ordena el funcionamiento del cuerpo y cambia durante toda la vida para adaptarse y mejorar las circunstancias de cada uno, tiene también perspectiva de género y, aunque en hombres y mujeres sea exactamente igual, sus matices invisibles lo hacen bien diferente en cuestión de sexo.

En una entrevista con EFE, la catedrática de Medicina de la Universidad de Murcia María Trinidad Herrero, directora del Instituto Universitario de Investigación del Envejecimiento, resalta las importantes influencias que tienen las hormonas y los genes para las funciones del cerebro, pero sobre todo la mella que dejan en él los roles sociales y las relaciones interpersonales.

“Es un órgano muy plástico y cambia siempre para mejor conforme transcurren las circunstancias de cada uno”, sostiene Herrero, quien llama la atención sobre las consecuencias de darle un mecano a un niño y muñecas a una niña, por ejemplo, para la diferente manera en que aprenderán a afrontar la vida.

Esta investigadora cita otro caso, entre otros muchos. “La generación anterior creció con la prohibición a los varones de llorar en público y con el permiso a las mujeres de expresar libremente los sentimientos”, lo que se ha traducido, según ella, en una diferente respuesta cerebral ante emociones de debilidad o tristeza.

La parte positiva de la historia, aclara optimista, es que el ser humano es dueño de su cerebro y puede aliviar el peso de la genética, de la carga hormonal o de su contexto social y cultural con hábitos, estímulos o conocimientos que “formen el cerebro que uno quiera construir”.

Esta investigadora está convencida de que Rafael Nadal, por ejemplo, tiene unos condicionamientos físicos extraordinarios que le hacen valedor de todos los títulos que acumula, pero también —explica— se ejercita cada día y ha propiciado desde niño un desarrollo motor fuera de lo común.

El cerebro también tiene género

Y ahí está la clave, “en entrenar el cerebro como entrenamos cualquier otra parte del cuerpo” a través de estímulos sensoriales como la lectura o la música porque “no hay pastillas” que modifiquen las conductas con la precisión que lo hacemos nosotros mismos.

Trinidad Herrero comenta divertida que los adolescentes varones llenos de testosterona son, por definición, más impulsivos y amantes del peligro que sus compañeras de clase, profesoras o madres, mucho más cautas y miedosas, por su cerebro, y que aman distinto, sienten distinto o tienen un rango de valor distinto para las relaciones sexuales.

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