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La vejez huele a soledad en el mundo trans

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18 sep 2017 / 11:43 H.

Ismael Yagual es el nombre con el que nació y se enfrenta al mundo, pero en la intimidad y dentro de su alma es Claudia. El guayaquileño tiene 67 años, y a pesar de que vive el inicio de su ancianidad con apariencia masculina, se considera y es feliz cuando luce como mujer.

Llegar a esa edad lo convierte en un superviviente. La vida de un transexual se acorta por la discriminación, que desencadena en ataques homofóbicos, dificultad para acceder a la educación, salud y un trabajo formal y estable. Por ello, de acuerdo a Tanisha Feikers, líder del movimiento Plan Diversidad, muchas se ven en la necesidad de trabajar en las calles.

Ismael, por ejemplo, jamás intentó modificar su apariencia externa con cirugías estéticas porque prefirió evitarle sufrimientos a su madre Ursulina. Sabía que esto también lo haría recibir maltratos verbales. Según Feikers, a pesar de que no hay muchos transexuales o transgéneros que pasen la adultez mayor, cree que esta etapa los aterroriza porque creen que se van a quedar solos.

Con eso coincide Kristel, una transexual femenina guayaquileña que tiene 56 años. “Yo soy realista, a la gente mayor le es más difícil conseguir pareja. Pocos son los trans que terminan su vida acompañados. Lo que a uno le queda es la familia, los que te podrán pasar un vaso de agua cuando ya no puedas moverte”, reflexiona.

El Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC) preguntó a 2.805 personas si había sufrido rechazo familiar a causa de su elección y el 70,9 por ciento dijo que sí.

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