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Los genes y la influencia que tienen en tu forma de ser

11 sep 2018 / 00:00 H.
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“Lo que se hereda no se hurta”, dice el refrán en alusión a las características psicológicas, morales o físicas que una persona hereda de sus padres.

Con el paso del tiempo, algunos hijos terminan ‘copiando’ aquello que tal vez consideraban absurdo o exagerado en cuanto a la forma de ser de sus progenitores: el mal carácter, el temperamento, las aficiones y hasta los gustos.

Esto tiene una explicación. Y la genética ha logrado exponerla a través del estudio de los genes y los mecanismos que regulan la transmisión de los caracteres hereditarios.

Los genes (ADN) son las unidades de información que emplean los organismos para transferir un carácter a la descendencia. Cada persona tiene para cada carácter dos genes, uno que recibe de su padre y otro de su madre.

Y aunque ya tenemos claro que a través del ADN se transfieren ciertos rasgos físicos, por ejemplo, también influye en el comportamiento, actitudes y habilidades que un individuo pueda tener.

Eres ‘fosfórito’

Si eres de los que se ‘cabrean’ rápido, debes saber que esta reacción puede estar asociada a un componente genético. Miguel Pita, investigador y profesor de genética en la Universidad Autónoma de Madrid, en declaraciones a BBC Mundo, explica que “con respecto a la agresividad, se sabe que hay individuos que por las variantes que tienen en sus genes nacen con un comportamiento que podría ser más proclive a ser agresivos que otros”.

Esto no significa que serás más violento que otros, según Pita; pero quizá si tendrás un poco de más de dificultad para contener tu enojo. Sin embargo, el entorno en el que te desenvuelvas si podría convertirte en un persona más o menos agresiva.

Tu conducta sexual

Los genes también determinan el comportamiento sexual que posean tanto ellos como ellas. Pita señala que “al igual que otros animales, hombres y mujeres tenemos dentro una genética que nos hace generalmente buscar objetivos distintos para la reproducción que, al final, ven su reflejo en el comportamiento de pareja”.

El profesor indica que las hembras de otras especies animales “tienden a un comportamiento más cauto porque deben elegir mejor su pareja debido a que luego van a tener que sufrir el embarazo y la crianza”; en cambio, los machos aportan media célula, y esto les evidencia “un comportamiento menos comprometido”.

Aquí podemos poner de ejemplo las relaciones humanas: por lo general, las mujeres suelen ser las monógamas, mientras los hombres suelen ser los polígamos.

“Hay una pregunta permanente en el mundo biológico: ¿somos monógamos o polígamos? La respuesta podría ser que venimos de una especie que no era monógama, pero que está sufriendo una transición hacia la monogamia”, plantea el experto.

Eres más ‘dulcero’ o ‘salero’

¿Eres del tipo torta de chocolate o pastel de carne? Pues indiferentemente del equipo al que pertenezcas, tanto lo salado como lo dulce forman parte de nuestra vida y la preferencia por uno de ellos se determina por la genética.

¿Cómo? En el caso de lo dulce, la glucosa (azúcar) que contienen los alimentos es la fuente fundamental por medio de la cual nuestras células fabrican energía para mantener vivos todos los sistemas y que podamos movernos. De ese modo, nuestro cuerpo acoge de manera innegable e irrefutable lo dulce y lo transforma en esa ‘batería corporal’ artificial.

Mientras para los productos con sal la cuestión es similar: los necesitamos también para procesos de nuestro cuerpo que funcionan con ello. “La regulación de los niveles hídricos se basa en la sal, nuestro cerebro necesita sal para funcionar, nuestros riñones, corazón”, dice Pita.

El experto además señala que “el sabor está en nuestro cerebro, que nos engaña y nos dice que la sal está rica para que no nos olvidemos de ingerirla”.

Ver a ‘full’ color

¿Sabías que los objetos no tienen color? Lo que nuestra visión hace en realidad es reflejar las longitudes de onda de la luz, y es el cerebro humano el que los ‘convierte’ en colores. Esto se produce mediante unas proteínas llamadas oxinas, presentes en las células de nuestras retinas.

Pita señala que estas células se producen por tres genes que nos permiten ver en rojo, verde y azul, así como los colores y matices resultantes de la combinación de estos colores.

El profesor explica que los genes que permiten fabricar las proteínas que nos posibilitan ver en verde y rojo se encuentran en el cromosoma X, determinante del sexo en humanos, del cual las mujeres poseen dos copias y los hombres solo una.

Esa única copia, en el caso de los hombres, podría convertirlo en un daltónico debido a la ceguera para el color.

En el sexo femenino, en cambio, las variaciones genéticas pueden ser más amplias. Investigadores estiman que hasta un 12 % de las mujeres tienen cuatro tipos de colores distintos, e incluso ser pentacromáticas (cinco colores), lo que les permite “ver miles de matices más que los demás no podemos”, apunta Pita.

Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.extra.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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