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Ellos juegan con muñecas para desafiar la heteronormatividad

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21 sep 2018 / 00:00 H.

Recuerdo una abrasadora sensación de vergüenza seguida por un bochornoso montículo de culpa creciendo en el aire durante los primeros minutos de la sesión con la psicóloga infantil. Cobraba veinticinco dólares por sesión, al sur de Guayaquil. Estaba ahí porque me gustaba jugar con muñecas. Y cuando eres niño, en orden de guardar tu masculinidad, hay normas que seguir. Aunque mueras por peinar a una Barbie.

A pesar no haber sido diagnosticado con algún trastorno o presentar problemas de conducta, en cuarto grado la maestra decidió que era oportuna mi visita al psicólogo porque ese era un problema que era mejor corregir de pequeño, cuando aún hay tiempo para “salvarse de la posibilidad de resultar gay” en un lugar, en que se cree, solo existe una orientación sexual y normas intrínsecas a ella: los heterosexuales y sus heteronomas.

Ellos juegan con muñecas para desafiar la heteronormatividad
Ricardo Portés. “Tenía 8 años y fue la primera vez que me emocionó sexualmente una mujer, pero también fue la primera vez que tuve que fingir sobresaltarme para poder encajar como hombre”.

José Miguel Campi, docente en Universidad Casa Grande que coordina Proyecto Zoom, un espacio de análisis de la representación de la comunidad LGBTQ+ en los medios de comunicación, ha dicho que “cuando se habla de heterónomas se habla de asumir en la sociedad la heterosexualidad de todas las personas”. Incluso antes de conocerlas.

Los comentarios, inofensivos solo en la superficie, como: “romperás los corazones de varias chicas”, fueron parte de la razón por la que sentía la urgencia de alejarme de mis amigas para no vestir, peinar y repeinar sus muñecas. Mi vida ya estaba definida: ser varonil, casarme y tener dos hijos, niño y niña.

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Leonardo Romero. “Me gustaba dibujar cuando era pequeño, pero aparentemente eso no era de machos”.

Además de plantear que solo existe una forma de vivir la sexualidad, la heteronorma refuerza el género binario. “Un sistema en el que solo los componentes masculino y femenino son las posibilidades por las cuales categorizamos al mundo y lo entendemos”, dice Campi.

Asimismo, excluye de todas las formas a la población LGBTQ+ de la educación sexual en las escuelas, le dice a grupos enteros que no existen, hace que las personas asuman que fue una decisión consciente “ser otra cosa” y justifica y refuerza ideologías y prácticas peligrosas.

Hasta 1997 era delito ser homosexual en Ecuador.

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Ricardo Andrade. “Esto se vuelve malo y complicado cuando pretenden imponerse frente al resto y critican lo que no cabe dentro de lo hetero”.

Recuerdo, también, sentir un hueco en el pecho que me impedía confesar mi error a una extraña. Sentía que había roto algo y la culpa era necesaria. Fue en la octava sesión que mamá notó que era un desperdicio de tiempo y dinero y decidió comprarme una: la Princesa Ariel del cuento de Disney, La Sirenita, para jugar en casa. “Quizá te guste jugar con muñecas porque vas a ser un buen padre”, dijo.

Quizá no todo se trate sobre si ser homosexual es una elección que hacemos. Quizá, se trate sobre la decisión hecha por los adultos de apoyar incondicionalmente a un niño, o no.

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Ricardo Delgado. “A los trece quería ingresar a una escuela de danza pero temía contárselo a mis amigos. En algún momento dudé de mi heterosexualidad por estas heteronomas”. (Jeffrey Véliz)

‘Boys and Dolls’ fue una respuesta autorreferencial a lo que viví. Plasmada en los chicos que quería ser, los heterosexuales, cuando ser distinto me significaba todo menos una relación de entendimiento y aceptación conmigo. Oh, menos Leo, él es de los míos.

Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.extra.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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