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Luis Antonio Ruiz cuenta su historia de lucha contra el cáncer

España ·
I
13 ago 2019 / 10:34 H.

Al presentador Luis Antonio Ruiz le han colocado varias dosis importantes de morfina para controlar su dolor. Los estragos de las quimioterapias como consecuencia de su cáncer en el sistema inmunitario, le han provocado llagas en su boca, hasta el punto de no puede ni tragar saliva.

A sus 44 años padece un permanente agotamiento. Asegura que las ‘quimios’ lo destruyen. Pese a eso sigue luchando la batalla más dura de su vida.

En la actualidad, su día a día son las consultas para el tratamiento del tumor (oncología) y las salas esterilizadas del Hospital General Universitario Morales Meseguer, de Murcia (sur de España).

Luis Antonio narra, en exclusiva, su historia para Diario EXTRA y trata de ganar esta prueba.

DE SU PUÑO Y LETRA...

Todo comenzó en diciembre de 2018...

“Los primeros síntomas aparecieron en diciembre. Me agotaba mucho y mareaba. Mientras dormía sentía dolor de cabeza, pero creía que era estrés.

No le presté mucha atención. Pero sabía que había algo. Pasaron los días y sentía inflación en el vientre hasta que me percaté que era una masa.

Acudí al médico que después de la primera revisión me mandó a hacer unas radiografías y tomografías. Entonces se reveló el tumor que estaba alojado en el intestino delgado.

Luego de una biopsia dirigida, el doctor me citó un jueves, a las 11:00, y después de mi insistencia por los resultados me dijo: tienes cáncer. Y es uno de los más agresivos”.

SU LUCHA

“En marzo viajé a España y al día siguiente de que me hospitalicé me pusieron dos quimioterapias para diluir el tumor a su máximo porcentaje.

Pero esas quimioterapias no eran del esquema para atacar mi tipo de cáncer. Me las pusieron porque era urgente detener el crecimiento de la tumoración que era agresiva hasta tener los resultados del tipo de cáncer que tenía.

Me hicieron la punción y esperaron los resultados del centro de análisis de Madrid para estar seguros. Los resultados arrojaron que se trataba de un Linfoma no Hodking tipo Burkit (una afección por la que se forman células malignas en el sistema linfático), el más agresivo de todos los existentes.

Este tipo de cáncer, según mi doctora, se cura o no se cura, no tiene un término intermedio. Por eso programaron seis bloques de quimioterapia. Ya estoy en el quinto.

Cada bloque consiste en recibir durante una semana, uno tras otro, potentes químicos. Aproximadamente cada bloque son cerca de 21 sueros de químico incluido el llamado Metrotexate (medicamento que se usa para tratar muchos tipos de cáncer y es posible que destruya células cancerosas), el cual es extremadamente fuerte y debo botarlo de mi organismo rápido porque si no me destruye los órganos por completo”.

EN EL HOSPITAL

“La colocación de mis ‘quimios’ son cada tres semanas. Después de la semana del bloque, me dejan hospitalizado una semana más para chequeo de reacciones y de ahí, si no hay complicaciones, me dan permiso para irme a mi “piso” (así le dicen acá a los departamentos), pero mis estancias en mi departamento han sido pocas.

Como la quimioterapia que me colocan es tan fuerte me bajan las defensas a cero. Y eso ha hecho que me den infecciones y fiebre, por eso he debido regresar al hospital algunas veces porque es peligroso para el paciente con cáncer desarrollar una infección con defensas bajas. He pasado más tiempo en el hospital que en el piso.

Pero en el hospital donde estoy, Morales Messeguer, manejan muy bien las crisis y así he podido evolucionar poco a poco.

Estuve en ascuas durante algún tiempo hasta que un lunes que me interné después de hacerme un pectac (un escaneo molecular de mi cuerpo) mi doctora, que es una científica de primera, muy pragmática y prudente -ella no te regala palabras de esperanzas si no hay y te dice las cosas como son- me dijo muy animada que los resultados habían sido espectaculares.

Había la certeza de que el 90% de la tumoración se había diluido y no había aparecido en otro lugar, lo que significaba que el tratamiento estaba dando resultados. Fue un gran alivio.

Muchos creen que eso significa estar mejor, pero no. Puede ser que el tumor baje y no haya comprometido órganos como gracias a Dios me ha sucedido”.

Datos

Es un comunicador guayaquileño, de 44 años y lleva 16 siendo parte de Teleamazonas.

Se enteró de su cáncer en diciembre del 2018 y viajó a España en marzo.

Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.extra.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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